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Reparaciones y explicaciones

El caso Volkswagen muestra que Europa necesita un nuevo estándar de control de emisiones y un sistema disuasorio de sanciones

El fraude de los motores trucados en algunos modelos de Volkswagen (VW) para disfrazar las emisiones contaminantes también se ha extendido a otras marcas del grupo, como Audi, Seat o Skoda. La presión investigadora ha establecido además sospechas sobre otras marcas de automóviles, cuyos modelos estarían rebasando los límites autorizados de emisiones. El impacto público del escándalo Volkswagen se manifiesta hoy en la insuficiente información que ha facilitado el grupo a sus clientes, en el temor por el recorte de las inversiones de VW (Wolfsburg ya ha anunciado que las previstas en España no se verán afectadas) y en la lentitud de la justicia para determinar las responsabilidades personales y corporativas en el fraude.

El grupo alemán se ha permitido un respiro al anunciar que ya existe un procedimiento para normalizar los motores de 1.6 y 2.0 litros afectados por la manipulación. Se trata, según VW, de una reparación sencilla que apenas requerirá de una hora de trabajo. Está bien que así sea, pero conviene recordar que incluso una reparación de una hora supone molestias para los propietarios de los vehículos, irritados además por la terapia de silencio aplicado por la compañía alemana que han soportado desde septiembre.

VW tiene todavía muchas cosas que explicar: desde una proyección de sus cuentas en función del impacto del fraude en sus ingresos hasta las disposiciones corporativas que se han adoptado para evitar la manipulación de las pruebas de sus vehículos. Casi tantas como los Gobiernos europeos, empezando por el de Alemania, que no se enteraron del engaño y que están reaccionando prácticamente a ciegas; o las autoridades europeas, en la misma situación de ignorancia práctica. Europa necesita un nuevo estándar de control de emisiones y capacidad para aplicar sanciones disuasorias en caso de incumplimiento.

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