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Mickey Rourke confiesa que su perro le salvó del suicidio

El actor ha explicado que, cuando estaba a punto de apretar el gatillo, apareció su mascota

El actor junto a su mascota en Beverly Hills
El actor junto a su mascota en Beverly Hills este verano.

Hace unos años, cuando nadie se acordaba del protagonista de Nueve semanas y media, cuando Mickey Rourke estaba hundido y su esposa lo había dejado, el actor decidió acabar con su vida, según ha relatado en el documental Eating happiness. "Cuando estaba buscando en qué sitio de mi cabeza colocar el cañón, apareció mi perro Beau Jack y gimió. Entonces le miré a los ojos, él me miró y entendí que me estaba diciendo: '¿Quién cuidará de mí?' Y entonces me di cuenta de que no merecía la pena morir", cuenta Rourke, de 63 años. 

El documental en el que ha revelado el duro episodio, que Rourke sitúa a principios de la década pasada, se ha estrenado el pasado lunes en Estados Unidos y versa sobre la industria de la carne de perro en Asia y el cruel y brutal tráfico de los canes antes de ser sacrificados. Mickey Rourke tiene ahora otras seis mascotas y en el discurso que dio al recibir el Globo de Oro a Mejor Actor por su papel en El luchador —película con la que regresó a la gran pantalla— se refirió a sus 'amigos' con unas tiernas palabras: "A veces, cuando un hombre está solo, todo lo que tiene es a su perro. Significa mucho para mí. Mis perros son todo lo que vale la pena en la vida. Ellos estaban allí cuando no había nadie más". Ahora su frase ha cobrado sentido tras el relato de su episodio.

En el año 2000, Beau Jack falleció de un ataque al corazón y el intérprete ha asegurado que hizo todo lo posible por salvarlo, "incluso le realicé el boca a boca durante 45 minutos, pero no sirvió". Rourke se ha convertido también en un gran partidario y embajador de la organización PETA

Rourke pasó de ser un mito de los ochenta —y casi un sex symbol tras su papel con Kim Basinger— a lucir una imagen irreconocible y desgarbada. Su fama de chico rebelde le superó y su luz comenzó a apagarse ante su negativa a someterse a las reglas de Hollywood. El actor se divorció de su primera mujer, Debra Feuer, en 1981 y se casó con su compañera de reparto en Orquídea Salvaje, Carré Otis, en 1992, cuya tumultuosa relación —Rourke fue detenido por la policía acusado de violencia machista— acabó en 1998. 

Aunque los noventa comenzaron bien para él, no acabaron de la misma manera. Rourke se encerró en una espiral de alcohol tras su último divorcio y malvivió en un apartamento de Los Ángeles. Incluso tuvo que vender su colección de motos para sobrevivir. Las peleas de boxeo destrozaron entonces su rostro, por lo que tuvo que someterse a diversas operaciones estéticas que no salieron bien y lo dejaron totalmente deformado. El pasado año anunció su vuelta al ring, bajo las órdenes del veterano Marvin Somodio. “El boxeo siempre ha sido una parte muy seria de mi vida. Me ha enseñado respeto y determinación, paciencia y concentración. Siempre he soñado con una pelea en Rusia” afirmó el actor en declaraciones recogidas por el diario Daily Mail.

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