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"Sabemos qué es la enfermedad; tenemos que averiguar qué es la salud"

El cardiólogo Valentín Fuster, uno de médicos españoles de más prestigio internacional, tiene un plan mundial para mejorar la salud en todo el planeta

"Sabemos qué es la enfermedad; tenemos que averiguar qué es la salud"

“Ahora ya tenemos bastante claro qué es la enfermedad, por lo que es primordial empezar a preocuparnos por entender lo que es la salud”. Son apenas las seis de la mañana en Nueva York, y el Dr. Valentín Fuster, actual jefe del servicio de cardiología del Hospital Monte Sinaí de la localidad estadounidense, no tarda más de dos tonos en coger el teléfono y, prácticamente sin dejar tempo a que terminen las presentaciones lanza ya este concepto. “Usted me va a dejar que le explique”, advierte con tono paciente este hombre de 72 años aficionado al ciclismo y actual presidente del Centro Nacional De Investigaciones Cardiovasculares.

Fuster define la salud como un coche que, a la hora funcionar, necesita carburante. Este carburante él ha decidido que sea la educación, y por eso se ha embarcado un una serie de proyectos por distintos puntos del planeta

Con más de 400 artículos publicados y varios libros junto a eminencias de diversos campos como Luis Rojas (Corazón y mente: claves del bienestar físico y mental), Ferran Adrià (La cocina de la salud) o José Luis Sampedro (La ciencia y la vida), este catalán es, probablemente, uno de los mayores expertos mundiales en enfermedades cardiovasculares, su tratamiento y, sobre todo, su prevención. Por poner todo en perspectiva: estamos hablando de la principal causa de mortalidad en le mundo occidental.

Fuster define la salud como un coche que, a la hora funcionar, necesita carburante. Este carburante él ha decidido que sea la educación, y por eso se ha embarcado un una serie de proyectos por distintos puntos del planeta. Desde Colombia hasta Cardona, la localidad catalana de 5.000 habitantes de la que es originaria su esposa, pasando por Kenya o la Isla de Grenada. En cada territorio, Fuster ha detectado una peculiaridad en los trastornos de su población y ha aplicado un método particular para concienciar a niños, mayores y familias. La idea es que, una vez terminados todos los procesos, se pueda tener una metodología con la que prevenir las enfermedades cardiovasculares en cada grupo de población y aplicables a cada rincón del planeta. Es tan ambicioso como, estando él al frente, plausible. De hecho, cada vez que termina Fuster de relatar el proceso de trabajo de cada estudio, confirma que los resultados ya han sido publicados en alguna revista científica de referencia mundial y que han sido “espectaculares”. No nos atrevimos a preguntarle qué entiende él por espectacular.

En Colombia, Fuster ha trabajado a partir de la idea de que de los tres a cinco años es el momento en nuestra vida en el que más aprendemos y, con un determinismo que asusta, es muy probable que, después de aquel periodo poco en nosotros vaya a cambiar. Así, ha trabajado con mil críos colombianos y les ha sometido a 70 horas de didáctica al respecto de variables que van desde la nutrición hasta el control de las emociones. “Con esto último trabajamos la resistencia a las tentaciones, sobre todo, a tabaco. La conciencia hoy de esto niños es brutal”, informa el doctor, quien ha realizado un estudio similar con 2.000 niños españoles, cuyos resultados pueden leerse en The Journal Of The American College of Cardiologists. “Con los españoles nos hemos centrado en la obesidad. En el caso europeo, el proyecto se trabaja a 20 años vista”, advierte.

"Sabemos qué es la enfermedad; tenemos que averiguar qué es la salud"

La segunda parte de este mastodóntico trabajo de campo global se ha realizado con adultos. “Los mayores no cambiamos, ese ha sido el punto de partida. Una vez sabido esto, ¿qué nos queda por hacer?”, pregunta con cierta tensión dramática el doctor. “Hasta ahora se ha tratado de atacar a este grupo, pero siempre sin éxito. Nos tocaba aplicar el pensamiento lateral”, advierte. El trabajo en este segmento de la población se ha llevado a cabo en Kenya y la Isla de Grenada. Los factores que determinan el riesgo del adulto a padecer una enfermedad cardiovascular son la obesidad, la hipertensión, el colesterol, la diabetes, el sedentarismo y el tabaquismo. Llegados a los 50, cuando el riesgo ya empieza a ser algo a tener muy en cuenta, es normal que, al menos dos de estas variables, estén presentes en la vida del adulto.

Fuster trabaja sobre la idea de que de los tres a cinco años es el momento en nuestra vida en el que más aprendemos y es muy probable que, después de aquel periodo poco en nosotros vaya a cambiar

“Fuimos a Kenya, porque ahí existe solo un factor de riesgo: la hipertensión”, informa Fuster. Esto sucede en el país africano porque, al no haber prácticamente frigoríficos, la comida se conserva en sal, y ya sabemos lo que le hace la sala la tensión. Lo que ha hecho Fuster ha sido acudir a pueblos de Kenya y repartir medidores de tensión arterial entre la población, con el fin de que los vecinos se la tomen los unos a los otros con cierta regularidad. El doctor visita aquellas tierras cada tres meses. “Cada vez que voy oigo a más gente hablando de la tensión arterial. La idea es esa: que estos temas se conviertan en tema, que estén en la cabeza de la gente”.

Trabaja con mil niños colombianos y les somete a 70 horas de didáctica al respecto de variables que van de la nutrición al control de las tentaciones como el tabaco

En Granada, y también en Cardona, Fuster ha aplicado métodos extraídos de la metodología de Alcohólicos Anónimos. Ha reunido grupos de 10 personas con diferencias patologías –todas dentro del ámbito antes descrito como riesgoso en lo cardiovascular– y ha hecho que los obesos ayudaran a los fumadores, que los hipertensos colaboraran con los sedentarios. En el caso español, la idea se ha trasplantado a siete comunidades y los resultados (espectaculares, claro) serán publicados en noviembre en una revista científica estadounidense. “Va a ser uno de los estudios más relevantes jamás publicados”, celebra.

El cardiologo Fuster dando una charla.
El cardiologo Fuster dando una charla.

El próximo objetivo de Fuster es la familia. Este estudio lo va a desarrollar en Harlem (Nueva York). Ahí aplicará una metodología sustraída de los estudios hasta ahora realizados sobre niños y adultos. Serán mil familias y los resultados, como en todos los casos, serán publicados en revistas especializadas, no entregados a ningún estamento oficial. Fuster cree en que lo primordial en el terreno de la divulgación científica es mostrar los resultados en revistas técnicas editadas por centros de prestigio. “Entonces, los gobiernos lo ven y se interesan. Es la mejor forma. Mira, en las 24 horas siguientes a la publicación del último estudio he recibido 50 emails interesándose por los resultados, muchos de ellos provenientes de organismos que quieren participar en el proyecto”.

La idea es esa: que estos temas se conviertan en tema, que estén en la cabeza de la gente

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