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Se agota el tiempo

Israelíes y palestinos tienen que sentarse cuanto antes a negociar, con honradez por ambas partes, un acuerdo de paz

Servicios médicos israelíes actúan en el lugar de un atentado en Jerusalén.
Servicios médicos israelíes actúan en el lugar de un atentado en Jerusalén. Getty Images

La violenta jornada de ayer, con tres israelíes muertos y una veintena de heridos en atentados perpetrados por palestinos (dos de los cuales murieron por disparos de la policía), debería convertirse —en lugar de ser un paso más en una preocupante escalada— en un punto de inflexión a partir del cual los responsables políticos israelíes y palestinos comprendan que la situación es insostenible. El llamado statu quo —la ocupación israelí de Cisjordania y el no reconocimiento del derecho de Israel a un Estado seguro— no puede prolongarse por más tiempo.

Israelíes y palestinos tienen que sentarse cuanto antes a negociar, con honradez por ambas partes, un acuerdo de paz. Los gobernantes deben dejar de jugar al cortoplacismo táctico no solo respecto al otro, sino también en términos de sus respectivas políticas interiores. Los ciudadanos israelíes tiroteados, atropellados y apuñalados ayer no deberían convertirse en otra cifra más que añadir a la larga lista de muertos y heridos que ha ocasionado este conflicto desde hace casi 50 años en una interminable cadena de acción-reacción en la que todo se reduce a un quién empezó primero y lo máximo que se logra es una tregua a la espera del próximo estallido.

La discusión de si asistimos a episodios puntuales fruto de la imitación o a una Intifada de los cuchillos es irrelevante frente al derecho de los israelíes a vivir en paz sin ataques a centros comerciales y paradas de autobús y frente a la urgencia de encontrar una solución justa y permanente al conflicto. La región se halla literalmente incendiada por la guerra con un grado de violencia e inestabilidad nunca vistos en décadas. Y con la aparición de un actor —el Estado Islámico— para quien un nuevo enfrentamiento abierto entre israelíes y palestinos sería una buenísima noticia. El presidente palestino, Mahmud Abbas, debe entender que declarar por enterrados los acuerdos de Oslo no le exime de controlar a los suyos y sentarse a negociar con Israel. El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, tiene que ser consciente de su responsabilidad en la ausencia de un horizonte negociador y de que es imposible prolongar esta situación sin seguir causando un gravísimo perjuicio a los palestinos y a la propia sociedad israelí. El tiempo se agota. Y ambos deben actuar.

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