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Diferenciación

Israel, mediante su política de asentamientos, utiliza en su exclusivo provecho los recursos de los territorios ocupados

En año 2000, Israel y la UE firmaron un acuerdo de asociación. En él, ambas partes manifestaron su compromiso con el derecho internacional, la democracia y los derechos humanos. Gracias a este acuerdo, Israel se beneficia del acceso a fondos y programas europeos y sus productos gozan de acceso preferencial al mercado europeo. Sin embargo, dado que la UE no reconoce la soberanía israelí sobre los territorios ocupados en 1967, Bruselas tiene la obligación de diferenciar entre Israel y dichos territorios y asegurarse de que las personas y empresas radicadas en ellos no se benefician de fondos ni programas europeos ni sus productos acceden al mercado europeo en condiciones privilegiadas. El Gobierno israelí, preocupado por la proliferación de campañas internacionales que, ante el bloqueo del proceso de paz, llaman al boicot, desinversión o sanciones contra Israel, califica esta política de diferenciación como antisemita y se queja del supuesto sesgo pro palestino de la UE.

Pero diferenciar no es lo mismo que boicotear: es hacer cumplir la legalidad internacional, que no sólo obliga a una potencia ocupante a proteger a la población que habita el territorio ocupado sino que le prohíbe extraer beneficios económicos de dicha ocupación sin revertirlos a la población. Nada de esto ocurre en los territorios ocupados. Como han documentado los activistas de Rompiendo el silencio, una iniciativa impulsada por soldados israelíes que han servido en dichos territorios, el día a día de la ocupación está presidido por una política que busca, mediante la intimidación y la humillación, suprimir los deseos de resistencia contra la ocupación (acaba de publicarse la versión española que agrupa esos impactantes testimonios, El libro negro de la ocupación, El Viejo Topo). Y económicamente, es un hecho que Israel, mediante su política de asentamientos, utiliza en su exclusivo provecho los recursos de los territorios. Aunque la diferenciación no vaya a tener un gran impacto económico, pues sólo el 1% de lo que la UE importa de Israel se origina en los asentamientos, es un imprescindible primer paso para hacer ver al Gobierno y a la sociedad israelí que la ocupación no es gratis, y por tanto, que no se puede mantener indefinidamente sin coste alguno. @jitorreblanca

 

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