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Vinçon pone fin a su calendario

El icónico comercio de productos de diseño de Barcelona cierra este martes sus puertas tras 74 años

Varios clientes en la tienda Vinçon en su último día abierta. Ver fotogalería
Varios clientes en la tienda Vinçon en su último día abierta.

Vinçon no volverá a pasar página al icónico calendario que encargó en 1975. A la emblemática tienda del Paseo de Gracia de Barcelona le han sobrado seis hojas del almanaque de 2015, que para muchos fieles se quedará fijado en el mes de junio.

Era 1961 cuando Hugo Vinçon puso en marcha una tienda de menaje de cocina, que a partir de los años setenta vivió una revolución acorde al ambiente cosmopolita que empezaba a respirar la capital catalana: se llenó de productos de diseño llegados de todo el mundo. Este martes es su último día y mucha gente se pasea por sus pasillos para despedirse de uno de los pocos establecimientos que había resistido como símbolo distintivo del boulevard barcelonés, a contracorriente de los grandes grupos de moda que han ido colonizando uno a uno los locales comerciales que no ocupaban restaurantes.

“Era un signo distintivo de una época y rompía con este cariz tan impersonal que ha tomado el paseo de Gracia”, explica Maria Surribas a la salida de la tienda, bajo esas letras tan características de neón rojo que, como el calendario, diseñó América Sánchez. En una mano llevaba un par de bolsas de papel diseñadas por Vinçon en diferentes temporadas. Los empleados las han repartido desde hace días sin parar. Muchas salen, sin extender, vacías. Estas son parte de la historia del comercio y ahora una metáfora de sus últimos ochos años: mientras la afluencia de público resistía (ayudada por el turismo) pocos compraban. Prestigioso pero poco rentable. La crisis y la competencia de Internet acabaron siendo un obstáculo insuperable.

Hace justo un mes que los propietarios de la tienda anunciaron su cierre. Tras ocho años de caídas continuas de las ventas (y de pérdidas) y tras haber intentado mantener el negocio con una estructura más pequeña o en otro lugar, su decisión fue contundente. “Es como si se muere alguien pero lo tienes que trasladar muchos meses”, afirma Sergi Amat, uno de los tres miembros de la última generación Amat que ha estado al frente de la institución. “Estos últimos meses han sido muy duros”, asume con la única necesidad de tomarse unos meses de descanso y de duelo para decidir cuál será su futuro. Quizás una reinvención del Vinçon que fue.

Bolsas antiguas de Vinçon han ocupado los estantes vacíos de la tienda de objetos de diseño del Paseo de Gracia de Barcelona
Bolsas antiguas de Vinçon han ocupado los estantes vacíos de la tienda de objetos de diseño del Paseo de Gracia de Barcelona

Vinçon fue en los años setenta y los ochenta un referente para buena parte de los creadores que pasaban por Barcelona. El cineasta Bigas Luna, el interiorista Pepe Cortés o el diseñador Mariscal fueron solo algunos de quienes disfrutaron de su oferta y su espíritu. Para todos ellos, Fernando Amat fue un referente. Él fue el encargado de cambiar el rol de la tienda, de ampliarla hasta los 3.000 metros cuadrados que tiene actualmente (un caramelo para grandes cadenas de moda), de crear tiendas especializadas en cocinas y en dormitorios o de abrir la tienda en Madrid. Todo aquello hace años que desapareció.

Como lo hará la tienda del Paseo de Gràcia. Sus estanterías solo las ocupan ahora las mencionadas bolsas de papel, pero quien se haya paseado por allí podrá recordar donde estaban los vasos, las libretas, las lámparas, incluso los objetos para niños. En las vitrinas cerradas solo resisten referencias del archivo. Una parte, la más emblemática, seguirá en manos de la familia. El resto irá a parar al Museo del Diseño –“mejor que esté allí, ordenado”, dice Sergi Amat-. Es la única muestra de interés del Ayuntamiento de Barcelona en lo que supone el enésimo cierre de un local emblemático de la ciudad.

“Nos quedamos sin referentes”, dice Maria Alàs, que descansa en un banco ante la principal puerta de acceso. Junto a ella descansan también bolsas vacías. “Venía a ver si quedaba algo para comprar”, señala, recordando que ya lo hacía para regalos especiales, en Navidades o bodas. “Quizás lo que toca es que cierre”. A su lado, otra mujer hace una foto a la fachada con su móvil. El tiempo se ha acabado.

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