Exceso de currículum
Se sabía experta en lanzar al vuelo los tiques de la compra diaria para encajar como en un tetris multiplicaciones, sumas y restas con latas de atún, barras de pan, tetrabriks, euros, céntimos... Fuese lo que fuese, ella podía hacer bailar las cifras para encontrar sin esfuerzo los números ocultos de cualquier virtual contabilidad. Y no solo su mente podía llevar control perfecto de reuniones, llamadas, consultas médicas, aniversarios, lágrimas o carcajadas.
También sabía agitar los brazos con rapidez para generar tres pares de manos al aire capaces de recoger platos, vasos, ollas, whatsapps, agendas y registros de tareas; así como poner lavadoras o clasificar ropa sin dejar caer ni una vez un calcetín mientras sujetaba con un pie el cajón de los juguetes de los niños a punto de volcarse.
Por eso no supo entender el fracaso en el casting para equilibristas. Cuando llegó a casa y vio que su hijo mayor, brillante ingeniero y también parado desde hacía un par de años, le sonreía desganado desde la pantalla de Infojobs, tuvo de pronto una revelación.— Teresa Fraile Calvo.


























































