Columna
Artículos estrictamente de opinión que responden al estilo propio del autor. Estos textos de opinión han de basarse en datos verificados y ser respetuosos con las personas aunque se critiquen sus actos. Todas las columnas de opinión de personas ajenas a la Redacción de EL PAÍS llevarán, tras la última línea, un pie de autor —por conocido que éste sea— donde se indique el cargo, título, militancia política (en su caso) u ocupación principal, o la que esté o estuvo relacionada con el tema abordado

Peregrinaje

Cruza ahora sobre esta página la sombra de una escéptica gaviota y lanza una carcajada en su honor

En el extremo norte de la isla de Mallorca, rebasada la Atalaya de Albercuix, se abre la bahía de Formentor y su célebre hotel. Hoy el agua amaneció rizada por una discreta brisa que arrugaba la superficie lo justo para que no reflejara la dramática roca que los marinos llaman Puig del Águila. Aquí Adan Diehl construyó a principios del siglo pasado, cuando sólo era accesible por mar, un hotel heroico. Se conserva asombrosamente intacto, pero el inmenso jardín ha ido creciendo durante los últimos 80 años.

Le pido al jardinero, Cristofol de Sa Pobla, más conocido como Tofolet por ser el más bajo de los cuatro cristofols que trabajan en la casa, que me acompañe en un peregrinaje botánico. Pasamos la gravilla de flores azafranadas, la jacaranda lila, el limonero y el granado, los temibles pinchos del árbol de la lana, el ceibo cresta de gallo, los nísperos y palmitos, cruzamos los arcos de trompetas moradas y llega la cascada de flores. Los carnosos lilium rojos y amarillos, las espesas buganvilias, las daturas rendidas a la tierra, los hibiscus, y así hasta alcanzar la enorme escalera cuyos 50 tramos te lanzan sobre el mar. La sábana azul resplandece y los rizos vítreos bailan como miríadas de insectos encendidos.

Aquí se bañaban los dioses y también aquellos nórdicos de pálida carne cuyas vidas cuenta con tanto arte María Belmonte en su libro sobre los peregrinos que bajaron hasta el Mediterráneo buscando un mundo empapado de sangre y semen. Los que aborrecieron de la metafísica y cuyo cerebro se fundió anegado por la luz. Muchos de ellos duermen bajo matas de lavanda, de orégano, de tomillo, en quebradas o en campos de amapola de Italia y Grecia.

Cuando un tema da mucho que hablar, lee todo lo que haya que decir.
Suscríbete aquí

Cruza ahora sobre esta página la sombra de una escéptica gaviota y lanza una carcajada en su honor

Regístrate gratis para seguir leyendo

Sobre la firma

Félix de Azúa

Nació en Barcelona en 1944. Doctor en Filosofía y catedrático de Estética, es colaborador habitual del diario El País. Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis. En junio de 2015, fue elegido miembro de la Real Academia Española para ocupar el sillón "H".

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS