Honradez
Cada vez se parecen más los políticos al alumnado de los centros educativos. Los que exigen a los demás tanto como a sí mismos conviven con los que no tienen aspiraciones ni ganas de pensar en ello. Sin embargo, el miedo a engrosar las cifras del fracaso escolar y las del paro lleva a la Administración a regalar títulos a quienes no tienen el nivel y a permitir que se explote a los trabajadores con contratos basura.
Se acercan elecciones, pero hemos perdido la ilusión. ¿A quién votar? A gente honrada. ¿Existe? Seguramente sí. Pero como en los centros educativos, los grupos son tan heterogéneos que es difícil creer en un futuro a corto plazo. Y supongo que, como los profesores, los buenos políticos se verán atados por este sistema que impide que sólo sigan adelante los que hacen las cosas bien y suspendan los malos. El mundo de los adultos se parece demasiado al de los adolescentes. Si hiciéramos una reválida a los políticos al terminar cada curso… ¿Cuántos aprobarían? ¿Cuántos reconocerían no haber hecho bien su trabajo? Los mismos que en un aula.
Estamos normalizando situaciones que no lo son; no es correcto pagar la formación a un alumno y no exigirle que cumpla con su deber, y no es moral recibir un sueldo público para enriquecerse de forma ilegal mientras se pide austeridad al resto de la población.— Rosa Santa Daría Hernández.


























































