_
_
_
_

Mujeres en el arte: Marga Gil Roësset

Marga Gil Roësset nació en las Rozas (Madrid) en 1908, descendiente de una familia ilustre, sobrina de la pintora María (MaRo) e hija de Margot. Perteneció a un entorno acomodado de gustos refinados y de gran inquietud cultural y artística. La esmerada educación de Margot le sirvió para volcarse en Marga, que nació muy enferma, hasta el extremo de ser desahuciada por los médicos. Pero el tesón de su madre consiguió sacarla adelante.

Marga Gil Roësset obtuvo muy pronto sus primeros contactos con el arte. Junto a su hermana Consuelo, acudió, cuando todavía era una niña, a las clases de dibujo del estudio de López-Mezquita. Artista muy precoz, a los siete años escribió e ilustró un cuento para su madre. Un relato que es la primera prueba de un talento extraordinario que quedó patente cuando a los doce años ilustró y editó el cuento de su hermana, El niño de oro.

Adán y Eva (1930)

En 1923, en París, ambas hermanas publicaron otro cuento, Rose des Bois, cuyos dibujos llevaron a Marga, que los había realizado a los 13 años, a un barroquismo de diseño, trazo y elaboración que naturalmente ya no podía seguir evolucionando, por lo que como consecuencia decidió dar un giro absoluto y se dedicó a la escultura. Su madre, entonces y continuando con su deseo de rodear a Marga de lo mejor, la llevó al estudio de Victorio Macho, que se negó a darle clase por no estropear su talento creativo innato.

Pronto destacó también como una gran e incansable escultora utilizando fundamentalmente el tallado en piedra de forma intuitiva. También en esta técnica su formación fue autodidacta, si bien parece comprobado que pudo recibir asesoramiento del pintor López Mezquita. En 1930 presentó su Adán y Eva en la Exposición Nacional con gran éxito de crítica, máxime teniendo en cuenta su juventud. Su obra puede calificarse como satírica dentro del estilo modernista e incluso situarla en el simbolista.

Busto de Zenobia Camprubí (1932)

Dos años después de su Adán y Eva conoció a Juan Ramón Jiménez y a Zenobia Camprubí, a la que admiraba profundamente, ambos quedaron deslumbrados por el talento y la personalidad de la joven, más aun cuando conocieron su obra. Sorprendidos por su talento decidieron encargar a Marga la realizar sus bustos. Precisamente el busto de Zenobia es, según algunas opiniones, una de las piezas más apreciadas de su producción escultórica.

La escultora, profundamente enamorada de Juan Ramón, se sintió protagonista de una historia de amor imposible entre una joven de fuertes convicciones religiosas y un hombre felizmente casado.

Marga se llevó a la tumba lo que pudiera ocurrir entre ellos, aunque leyendo su diario, podemos interpretar que fue un amor no correspondido. Para terminar con esta desgraciada historia de desamor, a sus veinticuatro años decidió suicidarse con un disparo en la cabeza. Antes destruyó a martillazos gran parte de su obra, incluso las fotografías de sus esculturas. Dejó cartas a su hermana, a sus padres, a Zenobia y un diario a Juan Ramón Jiménez. En 1933 se publicó un libro póstumo de canciones con tres ilustraciones. Once años después una de sus ilustraciones fue claramente imitada en la obra de Antoine de Saint-Exupéry El principito.

En el setenta aniversario de la muerte de la artista, Ana Serrano comisarió una exposición antológica en el Círculo de Bellas Artes (Madrid) que abarcó cerca de cien dibujos y acuarelas, veinte esculturas y cuatro cuentos ilustrados por ella.

En la última página del diario que legó a Juan Ramón Jiménez puede leerse:

“En la muerte, ya nada me separa de ti,

sólo la muerte, sólo la muerte sola”

ConchaMayordomo.com

Comentarios

Mujer valiente,tu obra una joya,gracias .
Gracias por abrir esta página tan necesaria e imprescindible que da a conocer las trayectorias y las vidas de mujeres que con su trabajo posibilitan que el mundo se pueda cambiar.Un fuerte abrazo y ¡adelante!.
Mujer luchadora y perseverante: un ejemplo para estimular los posibles retos de otras mujeres.
Me encanta tu obra, Gracias.
Muchas personas no soportan el no ser correspondidas hasta el punto de llegar a tomar estas decisiones, lo que no se sabrá nunca si lo han hecho por no soportar el dolor o por causárselo a la persona amada con su decisión o las dos cosas a la vez., aún asi es muy triste.
Muy interesante este blog que nos da a conocer la existencia y la obra de un porcentaje importante de la humanidad que, de otro modo, quedaría en el más completo anonimato. Ya es hora de que la mujer se haga visible, cuando tiene algo importante que aportar.
Muchísimas gracias por reseñar la exposición que hice de Marga en el año 2.000, a los sesenta y ocho años de su muerte, no a los setenta. Perdón, pero es fundamental para mí porque fue lo primero y lo único que se ha realizado para dar a conocer su vida y su obra con verosimilitud y de modo profundamente documentado. En la actualidad parece haber gran interés en obviar esa exposición, sin la cual, nadie conocería la obra de Marga.Unos diminutos apuntitos, por si sirven de ayuda: No nació en Las Rozas, allí murió, como bien señalas. Nació en Madrid.Asistió a algunas clases de dibujo, pero no de escultura con López Mezquita que era pintor, pero no escultor.Juan Ramón Jiménez y Zenobia no le encargaron sus cabezas (este dato en muy importante en la vida de Marga) fue ella la que les pidió hacerlas. A ninguno de los dos les gustaba gustaba nada la obra de Marga. Este dato está ampliamente documentado, tanto en el diario de Marga como en los escritos de Zenobia.De nuevo, muchísimas gracias.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_