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Los golpes de los niños ‘muay thai’

Alrededor de 200.000 menores boxean en Tailandia, la mayoría por dinero

Activistas responsabilizan a la mafia y trabajan en una ley que impida peleas entre niños

Un grupo médico intenta probar los daños cerebrales causados por muay thai infantil

Koh Tao (Tailandia)
Kong Khae, de 13 años, posa antes de pelear en Supanburi (Tailandia). Ver fotogalería
Kong Khae, de 13 años, posa antes de pelear en Supanburi (Tailandia).

El luchador camina deslizando un guante por las cuerdas, deteniéndose en cada esquina del cuadrilátero para hacer una reverencia. No necesita arquearse para tocar el poste con el mongkon —estrinque anudado a la frente de los púgiles—. Su metro y medio de altura hacen innecesaria la genuflexión. Tiene 11 años, como su oponente. Los saludos de cortesía son esenciales en el muay thai, también llamado "arte de los ocho miembros" por ser una modalidad en la que se golpea al contrincante con puños, codos, rodillas y pies. Música y danza también son ingredientes imprescindibles del espectáculo. Pero el público se juega mucho en este negocio y su griterío mitiga la música anunciando el wai khru: el baile en el que se ofrecen disculpas al rey y a los asistentes por la brutalidad de la pelea que va a acontecer.

El muay thai es deporte nacional en Tailandia y un arte marcial con 700 años de tradición. Por eso y por su alcance internacional, la Federación Internacional de muay thai Amateur (IMFA) y el Gobierno tailandés reclaman su inclusión como deporte olímpico, aunque sin éxito hasta ahora. Pese a la popularidad de la que goza, sus embajadores no consiguen evitar el descrédito de otra versión con menor espíritu deportivo: mientras el muay thai amateur está sujeto a los códigos de conducta de la IMFA, que exige registro un mínimo de 15 años para pelear, existe una cara B más rentable regida por las apuestas y la mafia.

¡Ding! Suen el fin del primer asalto y Peraporn Veavdee parece cansado. A las dos sesiones de entrenamiento, le han seguido tres horas de viaje en la parte de atrás de una furgoneta abierta con cuatro niños, cinco adultos y ningún espacio para estirar las piernas. No ha podido calentar antes del combate y le esperan otros 150 kilómetros de vuelta a Bangkok desde Suphanburi, donde tiene lugar la pelea. Llegará a las dos de la madrugada y al día siguiente debería ir a clase. Pero no es el único luchador cansado. Organizaciones locales defensoras de los derechos del niño estiman que 200.000 menores practican muay thai en Tailandia. El Ministerio de Educación contabiliza 20.000 de edades inferiores a 15 años; casi la mitad menores de 12, como Peraporn.

La Ley de Boxeo de 1999 no establece edad mínima para la práctica del muay thai. "La norma contraviene la Ley de Protección del Menor y la Ley del Trabajo. Además, desafía tratados internacionales de los Derechos del Niño y Trabajo Infantil, de los que Tailandia es estado signatario", explica Sanphasit Koompraphant, presidente del Centro para la Protección de los Derechos del Niño de Tailandia (CPCR). Hace tres lustros, esta organización intentó prohibir la lucha entre menores. Pero padres y organizadores se opusieron con la justificación de que las familias necesitaban los ingresos procedentes del boxeo infantil. La actual ley sólo obliga al consentimiento paternal para la participación de menores de 15 años; edad en que pueden inscribirse en la IMFA. La norma también impone el uso de protección, aunque sin especificar el equipamiento necesario. En resumen, los niños mayores de 15 años pueden inscribirse para boxear, mientras que los más pequeños sólo pelean con la aprobación de sus padres, pero sin seguro médico por no estar registrados.

¡Ding! Termina el segundo asalto y Peraporn se deja caer en la silla. Un entrenador le masajea y le echa agua por la cabeza. Otro le grita la estrategia a dos palmos de la cara: "Mad trong, mad ngad, mad tawad" —jab, cruzado, gancho—. Sus padres no han ido a verle, pero otros adultos le animan entre el público. "Peleando al más alto nivel, podrían ganar 40.000 bahts (mil euros) por combate", asegura Panadda Wangkasam, madre de otro niño boxeador. Al sueño de luchar en el Estadio Nacional de Lumbini, el Coliseo muay thai de Bangkok, se unen los 500 bahts (13,5 euros) que Peraporn ganaría esta noche (el ingreso diario de la tienda de sus padres). Según un estudio de la Oficina Nacional de Juventud y la Organización Internacional del Trabajo (ILO), más de la mitad de los niños pelean para contribuir a la economía doméstica.

Peraporn, de 14 años, y Nutthawut, de 12, pelean en la feria de Subanpuri (Tailandia). ampliar foto
Peraporn, de 14 años, y Nutthawut, de 12, pelean en la feria de Subanpuri (Tailandia).

El apoyo económico es la justificación utilizada por los que apoyan el boxeo infantil, pero Sanphasit sostiene que el razonamiento es una verdad a medias: "Estas peleas no tienen nada que ver con la pobreza. Los ingresos de los niños nunca llegarán al sueldo mínimo, salvo los pocos que logran notoriedad". Casi todos los beneficios concedidos a los niños tienen forma de premios o concursos en futuras peleas. Los muay thai prematuros tendrían que participar en 10 peleas mensuales para ganar el salario mínimo tailandés: 4.500 bahts (122 euros). Peraporn y el resto de menores sólo pelean dos o tres veces al mes como mucho.

"El muay thai infantil se mantiene por el dinero de las apuestas, el crimen organizado y la mafia", resume Sanphasit. Según él, esta acusación llevó al Gobierno a vetar su participación en la Convención Internacional de los Derechos del Niño pese a su cargo de asesor internacional de la Comisión de Derechos Humanos. "El boxeo con niños no es sólo explotación infantil, sino prostitución y abuso de menores", sentencia Sudarat Saereewat, presidenta de la Fundación para la Lucha Contra la Explotación Infantil (FACE), quien subraya el aumento de la prostitución de niños muay thai en Pattaya y otras ciudades tailandesas. Defensores del menor como Sanphasit y Sudarat trabajan desde hace años en un borrador de la Ley para la Seguridad de niños y jóvenes en deportes y entretenimiento. La futura norma establece reglas de seguridad deportivas que supondrían la prohibición efectiva de peleas entre menores de 18 años; sin reformar la actual Ley de Boxeo ni enfrentarse a organizadores y mafia.

La Ley de Boxeo tailandesa no establece edad mínima para la práctica del muay thai

Pero el pediatra Adisak Plitponkarnpim no cree que una nueva ley por sí sola vaya a cambiar la situación: "Si fuese una cuestión legal, someterían el muay thai infantil a la Ley de Protección del Menor. Pero hay muchos intereses en juego". El director del Centro de Promoción de la Seguridad y Prevención de Lesiones de Menores (CISP) del Hospital de Ramathibodi (Bangkok) ya se ha enfrentado a los promotores de este negocio. Hace años, el doctor Adisak presentó estadísticas acerca de lesiones a consecuencia del boxeo. Los oficiales del Gobierno negaron las evidencias argumentando que eran datos de estudios extranjeros. La ley se mantuvo por la ausencia de investigaciones científicas sobre daños causados por peleas entre menores tailandeses.

¡Ding! El tercer asalto ha tenido más contacto físico y Peraporn está exhausto. "Los niños no necesitan protección, para eso ya tienen brazos y piernas", había dicho esa tarde su madre, Kharitah, de 32 años. Pero Peraporn ha bajado la guardia y su oponente le ha castigado la cara y el torso. Ambos se agarran por el cuello, forcejean mientras se dan rodillazos en el abdomen; una forma de ganar puntos durante la pelea. Clac. Clac. Huesos y cartílagos golpean carne desnuda. "¡Su tor!" (¡Sigue luchando!), le grita su entrenador desde la esquina.

Ciencia contra el boxeo infantil

Pese a la derrota parcial sufrida ante las autoridades tailandesas, el doctor Adisak no tiró la toalla y continuó investigando para probar los daños de la lucha muay thai en niños. En 2009 analizó a 50 boxeadores infantiles tailandeses, demostrando que éstos sufrían al menos 20 impactos en la cabeza por cada pelea. El año siguiente, su equipo del CISP también confirmó daños en la glándula pituitaria, responsable de hormonas que afectan al desarrollo. "Cuando la nueva investigación demuestre lesiones cerebrales, el uso de protección no será nuestra respuesta al problema. Nuestro objetivo es evitar los golpes en la cabeza de los niños", insiste el Dr. Adisak, confiado del éxito de la investigación científica en curso.

Los niños boxeadores sufren al menos 20 impactos en la cabeza por cada pelea

Desde el 2012, un equipo de psicólogos, neurólogos y pediatras del hospital de Ramathibodi trabaja con técnicas de Imagen por Resonancia Magnética (IRM) que ofrecen resultados claros. La inversión de 30 millones de bahts (800.000 euros) para cinco años de proyecto ha permitido escanear 300 niños, boxeadores y no, descubriendo anomalías en el cerebro de los luchadores. Jiraporn Laothamatas, doctora en neurología y directora del Centro para el Diagnóstico Avanzado mediante Imagen (AIMC), se atreve a hacer balance aunque aun estén en el ecuador del estudio: "Hace un año no teníamos pruebas, pero ahora existen evidencias científicas que corroboran lo que el doctor Adisak siempre mantuvo. Los niños boxeadores están afectados por dos lesiones: la del trauma de los golpes en la cabeza y la derivada en un cerebro aún en desarrollo". La neuróloga pone como ejemplo las lesiones en la base del cerebro, que es la parte encargada del movimiento o las emociones y asegura que las pruebas serán más evidentes cuando analicen la evolución cerebral de los niños que sigan peleando durante los dos años que restan de estudio.

Aunque esperanzado por el estudio, el doctor Adisak es cauto y aclara sus intenciones: "El muay thai es parte de nuestra cultura, pero queremos promoverlo como deporte, sin lesiones para los niños. Como el taekwondo; que tiene seguidores y genera ingresos". El pediatra sabe el negocio que hay tras el boxeo y que no será fácil cambiar la actitud de la gente.

La doctora Jiraporn, directora del equipo neurológico, describe numerosas anomalías en el cerebro de los niños boxeadores examinados. ampliar foto
La doctora Jiraporn, directora del equipo neurológico, describe numerosas anomalías en el cerebro de los niños boxeadores examinados.

¡Ding! En el cuarto asalto, las gargantas de los asistentes hacen inaudible la flauta y tambor del na phat —música tradicional muay thai— que acompañan la lucha. Peraporn siente la presión de los golpes y de la reputación a defender. También del dinero que muchos se juegan. La estabilidad financiera de los boxeadores depende de sus entrenadores; y los ingresos de éstos, del juego. El caótico código de signos lleva las apuestas individuales de 100 a 5.000 bahts (de 2 a 136 euros); alrededor de 100.000 bahts (2.700 euros) circulan en un combate pequeño como éste. El público vitorea cada golpe y se estremece con cada sacudida. Espectadores, amigos y entrenadores no han venido sólo a apoyar a Peraporn, sino a apostar por él.

El equipo médico del doctor Adisak quiere evitar un enfrentamiento directo con los que justifican el boxeo infantil por motivos económicos. Por ello abogan por un tipo de lucha que sirva para exhibiciones deportivas y pueda generar ingresos en luchadores jóvenes y sus familias, como el kita muay thai (versión similar al aeróbic) o nata muay thai (modalidad que combina danza y lucha). Pero ni los que conocen estas variantes están convencidos de la necesidad de acabar con los golpes a los niños boxeadores. Es el caso de Sawaeng Thaweekoon, ex-luchador de 50 años y profesor de todas las modalidades muay thai en el Centro para la Conservación del Muay Thai de la Facultad del Deporte de Bangkok. "No hay ningún problema en que los niños luchen entre ellos, así que no necesitan protección. Los jugadores de rugby o fútbol corren mayores riesgos", argumenta Sawaeng.

La Dra. Jiraporn, por su parte, es contundente ante los que apoyan el boxeo entre niños: "Hay que concienciar a todos, especialmente familias y asociaciones de boxeo. Pero los resultados científicos están ahí. No nos vamos a rendir hasta parar los golpes a los niños muay thai".

¡Ding! Comienza el último asalto.

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