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Adiós, George

Por muy calculado, muy solidario y muy chic que haya sido su enlace, Clooney no ha calibrado los devastadores daños colaterales del tsunami de arrope que se ha echado encima con tanto amor y tanto lujo

George Clooney y su esposa Amal Alamuddin en Venecia.
George Clooney y su esposa Amal Alamuddin en Venecia. REUTERS

No sé vosotros, pero yo estoy deseandito que se casen ya Alba Carrillo y Feliciano López y acaben con este suspense que nos tiene con el alma en vilo. ¿Que no caéis en este momento? Si es que no estamos a lo que estamos, con tanto cataclismo secesionista, tanto outing de corruptos y tanto fin del mundo un día detrás de otro. Venga, haced memoria: una chica así rubita y monísima que pasa modelos, y un chico así rubito y monísimo que juega al tenis, valgan las redundancias. Pues nada, que no le dejan a una reponerse de un sorpresón cuando te están dando otro. Desde que anunciaran su compromiso a bombo y talonario en julio, no ha pasado un día sin que la novia salga a añadirle emoción al asunto. Y, claro, así no hay quien pegue ojo ni con benzodiacepinas.

Que si Feli le escondió el anillo en el pastel de una cena romántica. Que si se casan ya mismito, el 17 de julio de 2015 concretamente, que es un número que a ella le parece (sic) mágico. Que si ya le ha encargados dos vestidos —lo mínimo— a Rosa Clará, porque luego vienen las prisas. Que si se esposan por la Iglesia, porque son supertradicionales, nos lo jura, osea, aunque ella se arrejuntara en su día con Fonsi Nieto, padre de su hijo, una cosa no quita la otra. Qué coñazo. Como que, si no deja de darnos la brasa al menos quince días seguidos, te digo yo que, cuando llegue el casorio, no va a comprar ese ¡Hola! ni la madrina.

Es lo que tiene ahogar tu propio misterio en almíbar. Que matas de coma diabético hasta a tus más acérrimos. Le ha pasado a, chica, ahora soy yo la que no caigo. Sí, mujer, si lo tengo en la punta de la lengua. Ya me viene: el pelele antes conocido como George Clooney. Que sí, tonta, ese actorcillo de Hollywood que se ha casado en Venecia con la superabogada internacional Amal Alamuddin en un bodón de cuatro días comandado en jefe por Anna Wintour, la superbaranda de Vogue. Que sí, que vale. Que ya sabemos que ella le ha vuelto loco, que la suya es la vieja y hermosa historia del cazador cazado, y que los beneficios de la mascarada, perdón, boda, irán íntegros a los refugiados de Darfur, etcétera. Pero para mí que, por muy calculado, muy solidario y muy chic que haya sido el evento, el novio no ha calibrado los devastadores daños colaterales del tsunami de arrope que se ha echado él solito encima con tanto amor y tanto lujo.

Porque así te lo digo, George de mi vida: aunque los ñoños se vistan de Armani, en ñoños se quedan. Y con esa cara de alelado y esa chepa que se te ha puesto de tanto inclinarte a besarle la mano a ese pedazo de drusa amueblada por Dolce & Gabbana, Giambattista Valli, McQueen, Óscar de la Renta y Stella McCartney, por orden alfabético, a mí y a unas cuantas integristas de tu secta te nos has quedado en nada. Así que con tu Amal te lo comas hasta que vuelvas a ser quien eras.

Y dicho esto, voy a ver si recupero el curso de CM de fincas que estoy haciendo online. Sí, qué pasa, los mayores también cateamos. No sé a qué tanto jaleo con que Froilán tripita curso cuando hasta a Cañete, con su superioridad intelectual conocida allende Schengen, le ha quedado la PACUE (Prueba de Acceso a la Comisaría de la Unión Europea) para octubre.

 

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