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Revista de verano

La exprincesa Alejandra debería mantenerse sola

La mayoría de daneses quiere que se anule la pensión de 250.000 euros anuales destinada a la exesposa del príncipe Joaquín

La condesa Alejandra junto a su marido, Martin Jørgensen, y sus hijos, Nicolás y Joaquín, en 2011.
La condesa Alejandra junto a su marido, Martin Jørgensen, y sus hijos, Nicolás y Joaquín, en 2011.

La lista civil, el nombre técnico de las asignaciones recibidas por algunos miembros de las diversas familias reales europeas, es cada vez más estricta. En Dinamarca, sin embargo, la ciudadanía no está muy de acuerdo con una de sus destinatarias: la exprincesa Alejandra, primera esposa del príncipe Joaquín, hijo de la actual reina Margarita. Divorciados desde 2005 y casados ya, ambos, en segundas nupcias, el tabloide local BT ha sondeado a la ciudadanía y obtenido una respuesta contundente: Alejandra, hoy mujer de un fotógrafo, debe dejar de recibir los 250.000 euros anuales acordados en su día por el Parlamento. Aunque sus dos hijos, Nicolás y Joaquín, son nietos de la soberana, ella ya no forma parte de la familia real danesa y tiene que “mantenerse sola”, dice el 65% de sus compatriotas de adopción.

Nacida en Hong Kong en 1964 cuando todavía era una colonia británica, Alexandra Christina Manley, ha tenido dos vidas públicas. En la primera, protagonizó un aparente cuento de hadas nórdico. Entre 1995 y 2005, formó una bonita pareja con el príncipe Joaquín, por el que abandonó una prometedora carrera en el mundo de los negocios. Su ruptura, la primera registrada en la familia real danesa desde 1846, fue sonada. A las especulaciones sobre lo ocurrido se añadió la publicación de unas fotos del príncipe bailando, ebrio, con varias jovencitas en discotecas de moda. Después del divorcio, la soberana, que estaba encantada con su hasta entonces nuera (de ascendencia china, británica y austríaca, políglota y experta en finanzas), le concedió el título de condesa de Frederiksborg. También le regaló la diadema de su boda, que pertenece a las joyas de la Corona, y compró una bonita casa para evitarle problemas de alojamiento.

La asignación económica fue justificada por los parlamentarios en virtud de su condición de madre de dos nietos reales. En otras palabras, necesitaba dinero para mantenerlos “de acuerdo con su rango”. Una explicación que ya no convence al contribuyente danés, de cuyo bolsillo salen los 250.000 euros anuales (algo más de dos millones de coronas) recibidos por Alejandra. La hoy señora de Martin Jørgensen, apuntan las respuestas recogidas por BT, ha demostrado su valía profesional y es capaz de trabajar. Según Lars Hovbakke Sørsensen, un historiador citado por The Local, la red de noticias europeas en inglés, “la condesa Alejandra ya no tiene la importancia de antes y la gente no cree que deba recibir esta suma”. “Se entendería más que fuera a parar a otros miembros de la familia real, por ejemplo la princesa Mary (esposa del heredero, Federico, y futura reina consorte), que es muy popular”.

Entre los políticos daneses, las opiniones están divididas. El Partido Socialista del Pueblo cree que la familia real debería replantearse las cuentas de la condesa. Un buen momento sería la mayoría de edad de su hijo mayor, Nicolás, que tiene 15 años. El derechista Partido Danés del Pueblo, por contra, considera adecuada la suma. “La gente cree que los miembros de la realeza son como el resto. Y no es así. Alejandra tiene que permanecer en una clase alta razonable y sus chicos ser educados como merecen”, en palabras de Søren Espersen, portavoz de Exteriores del partido.

Con la discusión abierta, Alejandra y Joaquín mantienen ahora una relación amistosa que les permite acudir incluso juntos, con sus respectivas parejas, a algunas citas públicas. La condesa conserva, por otro lado, su patronazgo en organizaciones como UNICEF y la de los ciegos daneses. Joaquín se casó en 2008 con la francesa Marie Cavallier, experta en mercadotecnia, con la que tiene otros dos hijos, Enrique y Athena.