Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra

El arma secreta de Francia

Paul Pogba es la gran esperanza de la selección gala para recuperar en Brasil la gloria tras la 'sitcom' que fue Sudáfrica

Paul Labile Pogba nació en Lagny-sur-Marne, al lado de París, un 15 de marzo de 1993. Tal vez sea su juventud la razón por la que luce con tanta naturalidad este 'look' de camiseta de tirantes y pantalón de vestir de Gucci.
Paul Labile Pogba nació en Lagny-sur-Marne, al lado de París, un 15 de marzo de 1993. Tal vez sea su juventud la razón por la que luce con tanta naturalidad este 'look' de camiseta de tirantes y pantalón de vestir de Gucci.

Paul Pogba se convirtió en futbolista un sábado, uno de los dos al mes que, desde niño, le dedicaba a este deporte; los dos sábados restantes jugaba a ping-pong. Practicó ambos deportes con parecida pasión, hasta que la vida le puso ante su primera disyuntiva. Asegura que el hecho de que dos de sus hermanos mayores fueran jugadores profesionales no tuvo nada que ver: “En el fondo siempre he querido ser futbolista”. Pero de su pasado ya hablaremos. Centrémonos ahora en su presente. “En la Juventus me siento como en casa”, suele decir. Parece una de las tantas frases hechas que imperan en el rito de la comunicación futbolística. Sin embargo, hay por lo menos cuatro generaciones de niños franceses que han soñado con jugar en la Juventus. De hecho, entre Platini, Deschamps, Zidane, Trezeguet y Thuram, las estrellas francesas de la historia de este equipo suman 1.134 presencias, 492 goles, nueve ligas, dos Ligas de Campeones y dos Copas Intercontinentales. El capitán de la Francia campeona de Europa en 1984 vestía la camiseta bianconera, igual que el de la que ganó el Mundial de 1998. También jugaban en la Juve el autor del doblete contra Brasil en la final de París y el del gol de oro con el que les blues ganaron la Eurocopa en Holanda… “Espero ser mejor que ellos”, dice Pogba tras elogiarlos a todos.

“Creo que la diferencia entre un campeón y un buen jugador estriba en buscar a diario el camino para superarse y ser mejor que los demás. Como Pirlo o Buffon, por ejemplo, dos campeones absolutos que me han dado gran fuerza y me animan a hacerlo mejor que ellos”. En este sentido añade: “La perfección no existe, pero alguien que quiera convertirse en número uno debe tender a ella”. Viniendo de un chico tan joven (tiene 21 años), la frase puede parecer un poco presuntuosa. Sin embargo, a medida que discurre la conversación nos damos cuenta de que la confesión del mediocampista no es la clásica salida de tono de una estrella en ciernes. Hay un plan: “Aspiro a mejorar en todo. Si Cristiano Ronaldo ha ganado el Balón de Oro es porque es un jugador completo en lo físico, lo técnico, lo táctico y, sobre todo, en lo mental. Yo todavía no he logrado nada. Los verdaderos campeones son los que se quedan en la cima durante años. Está lleno de jugadores que explotan durante una temporada y luego desaparecen. Trabajo muy duro para no ser uno de esos”.

Con 15 años, cuando entiende que su equipo, el francés Le Havre, no apuesta por él, Pogba acepta la oferta del Manchester United y se pone a las órdenes de Sir Alex Ferguson. Sabe muy bien que llegar a ese equipo a esa edad no significa haber triunfado, sino tener que trabajar el triple. Es lo contrario de una consagración. Pero acepta el desafío, se traslada a Inglaterra con su madre, aprende inglés, hace nuevas amistades y goza de la que él mismo define como “una bella experiencia de vida”. En Manchester se hace mayor. Dos años después de su llegada, al comienzo de la temporada 2011/12, Ferguson anuncia que Pogba se va a incorporar al primer equipo, ya que prolongar la espera significaría perderle al finalizar su contrato. Juega solo tres partidos, los suficientes para que se fije en él la nueva Juve de Agnelli y Marotta. Paul no se lo piensa dos veces y acepta la oferta italiana, porque lo que anhela es a alguien que crea en él y que le ofrezca los medios para perseguir su objetivo: trabajar para convertirse en el mejor.

Paul Pogba se ha convertido en menos de dos años en uno de los jugadores más cotizados del mundo, y una buena parte se debe a Antonio Conte, el preparador de la Juve, quien sabe que el secreto del éxito es hacer que los que no son fuera de serie se sientan tan indispensables como las estrellas. En ese contexto, Pogba ha florecido de inmediato, en parte gracias a Conte, pero también gracias a los compañeros que tiene en el centro del campo, que se llaman Pirlo, Vidal y Marchisio.

En 2013, tras ganar el Mundial Sub-20 (fue nombrado el mejor del torneo), le llega la primera convocatoria con la selección de Francia, dirigida por otro excentrocampista francés de la Juventus, Didier Deschamps. Ahora se prepara para el Mundial de Brasil, donde es uno de los hombres que más expectación está levantando. Cuando se le nombra la selección, su cara se ilumina y levanta la mirada al cielo, pero de inmediato vuelve a dominarse, demostrando que, entre sus muchas cualidades, también cuenta con la calma. Vive su vida sin prisa, pero sin pausa. “Me gusta la vida, toda ella”, afirma. “La vida es breve, igual que la carrera de un futbolista, y hay que gozar de ella siempre. Todo va muy rápido: ayer estaba en Manchester y tenía 15 años. Hoy estoy en Turín y tengo 21. La respuesta es hacer todo lo posible por uno mismo y por sus allegados. Y concentrarse en lo que se quiere hacer”.

Puedes seguir ICON en Facebook, Twitter, Instagram,o suscribirte aquí a la Newsletter.