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Un falso cortejo nupcial para burlar las fronteras de la fortaleza Europa

El documental 'Yo estoy del lado de la novia' relata el viaje de cinco refugiados sirios y palestinos de Milán a Estocolmo.

Los autores, que organizaron la travesía, lo definen como un acto de “desobediencia civil”: "20.000 muertos en la frontera del Mediterráneo son suficientes para decir que ya basta".

Han lanzado una campaña de crowdfounding para financiar el proyecto

Imagen de la grabación del documental 'Yo estoy del lado de la novia'.
Imagen de la grabación del documental 'Yo estoy del lado de la novia'.

Una falsa novia, un falso cortejo nupcial. Un grupo de 23 personas vestidas con trajes y corbatas. Un viaje de 3.000 kilómetros y cuatro días, de Milán a Estocolmo para ayudar a cinco refugiados palestinos y sirios a cruzar las fronteras de la fortaleza Europa, a superar los controles y a cumplir el sueño de un futuro mejor. Aunque parezca de película esta no es una historia de ficción. Es la aventura en la que el escritor sirio-palestino Khaled Soliman Al Nassiry, el periodista Gabriele del Grande y el director Antonio Augugliaro, ambos italianos, se lanzaron hace seis meses y que se ha convertido ahora en el documental Yo estoy del lado de la novia (On the bride’s side, Io sto con la sposa, en los títulos originales en inglés e italiano).

“Huyendo de la guerra en su país, muchos sirios que desembarcaban a Lampedusa pasaban por Milán para intentar viajar a Suecia pagando 1.000 euros cada uno a los traficantes que organizan los viajes. Yo había estado en Siria cinco veces en el último año, y con Khaled conocimos a varios refugiados y nos hicimos amigos. Acabamos preguntándonos cómo podíamos ayudarles. En una noche de delirio empezamos a bromear sobre la idea de la falsa boda. ¿Quién pediría la documentación a una novia? Y al día siguiente pensamos: ¡hagámoslo!”, cuenta en conversación telefónica desde Milán, Del Grande, el autor del blog-observatorio Fortress Europe que desde hace años cuenta las vivencias de los migrantes en las principales rutas hacia Europa.

En tan solo 14 días, él, Khaled y el director se las apañaron, contando con sus ahorros y el apoyo de amigos sirios e italianos, para alquilar los coches, encontrar los trajes –y una peluquería para los tocados– y organizar el recorrido. “Decidimos pasar por Francia y Marsella y evitar cruzar Suiza. Viajamos con varios coches a los que pusimos adornos. Íbamos nosotros, los cinco palestinos y sirios, la novia y los demás “invitados” de la boda. Estuvimos fuera cuatro noches y en cada ciudad había alguien que nos hospedaba y nos esperaba. Ha sido esta travesía también el descubrimiento de una Europa distinta. Y nos ha ido bien”, explica Del Grande. La idea funcionó y nadie les paró durante el camino. Tres de los cinco refugiados que querían alcanzar Suecia siguen allí y han obtenido el asilo. Los otros dos, un hombre y su hijo pequeño, han tenido menos suerte y han sido devueltos a Italia, porque les habían tomado las huellas dactilares allí y, por la convención de Dublín, tenían que volver al primer país en el que habían sido identificados.

La idea del documental se fue adaptando a las necesidades del viaje, real y arriesgado, que emprendieron. “Grabamos muchísimas horas, pero tampoco podíamos parar o cambiar cosas porque teníamos que seguir en el camino”, subraya el periodista. Lo hicieron como una apuesta y ahora esperan recaudar los fondos necesarios para terminar el trabajo. Por eso, han lanzado una campaña de crowdfounding (micromecenazgo), con la que quieren darse a conocer y lograr el dinero necesario para pagar a quienes hasta ahora han trabajado en el proyecto y ultimar la post-producción para presentar el documental al festival de cine de Venecia.

Pero el lanzamiento de la campaña es también una autodenuncia. "20.000 muertos en la frontera del Mediterráneo son suficientes para decir que ya basta. No son víctimas del destino ni del mal tiempo. Sino de leyes ante las que ya es hora de desobedecer", explican los autores en la presentación de la campaña de crowfunding. Si alguien les denunciara por favorecer la inmigración clandestina – "Y esperemos que no pase, aunque tenemos un equipo de abogados, por si acaso", dice Del Grande– podrían caerles hasta 15 años de cárcel en Italia. Es un riesgo que han decidido correr. Para estar de la parte de la novia, de la parte de quienes arriesgan su vida para cruzar la frontera, huyendo de la guerra y de la pobreza, en busca de un futuro mejor.