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EDITORIAL

En la buena senda

La reforma de la Ley sobre Tráfico reforzará la política que ha permitido reducir los accidentes

Cuando van a cumplirse nueve años desde que en julio de 2005 se aprobó el carné de conducir por puntos, nadie discute su papel determinante en la caída de la siniestralidad vial, que se ha reducido en un 65% desde entonces. El indudable éxito de las políticas aplicadas por el anterior Gobierno y continuadas por el actual aconseja insistir en las medidas que han resultado más eficaces. Esto es lo que hace la nueva ley de Tráfico y Seguridad Vial recién aprobada en el Congreso.

La normativa eleva de 500 a 1.000 euros las multas a los conductores que tengan una tasa de alcoholemia del doble de lo permitido —0,5 miligramos por litro de aire aspirado—, y también para quienes hayan dado positivo durante el año anterior. El mismo parámetro regirá para quienes conduzcan bajo los efectos de las drogas; a partir de ahora, ya no hará falta demostrar su influencia en la conducción, sino que bastará con que la prueba dé positiva. También introduce controles de alcohol y drogas para peatones y medidas especiales de protección de la infancia, como la obligación de que los menores que van en bicicleta por la ciudad lleven casco, entre otras medidas. Tras un intenso debate, se ha decidido finalmente mantener con carácter general el límite de 120 kilómetros por hora como velocidad máxima en autopistas y autovías, aunque el futuro reglamento podrá autorizar 130 en tramos muy específicos.

Se trata, pues, de ahondar en las políticas preventivas que tan buenos resultados han dado. Si tenemos en cuenta que en los años noventa rozamos los 6.000 muertos al año en accidentes de tráfico, los 1.128 con que se cerró 2013 permiten valorar las muchas vidas salvadas y el enorme sufrimiento que se ha logrado evitar. Pero si observamos las cifras de los países con menor siniestralidad, vemos que todavía hay recorrido por hacer.

Suecia, con 3 muertos por cada 100.000 habitantes, es el país con menor siniestralidad, seguida de Reino Unido (3,7), Singapur (5,1) y Japón (5,2). España figura en esa estadística con 5,4. Como se ha visto en esos países, reducir la siniestralidad de forma duradera requiere, además de sanciones, mejoras en las vías, mantener el parque móvil en buen estado y garantizar la formación continuada de los conductores. En un país como España en el que el 20% de los muertos no llevaba cinturón de seguridad, es vital insistir en las campañas de concienciación y educación vial.

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