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EDITORIAL

Más competición

La compra de Ono, la mayor adquisición en un lustro, es una buena señal para la economía

La complementariedad de las redes telefónicas, la evolución del mercado hacia ofertas convergentes y el valor de las sinergias de ingresos y gastos dan sentido a la compra de Ono por parte de Vodafone. Con la operación, por valor de 7.200 millones de euros, aumenta el grado de concentración en el sector de las telecomunicaciones españolas. En principio, no parece un movimiento que amenace gravemente la competencia en un sector que evoluciona a pasos agigantados hacia la comercialización conjunta de los servicios de telefonía fija y móvil, banda ancha y televisión de pago. De hecho, es probable que la consolidación del sector continúe, con Yoigo y Jazztel como principales candidatos a ser absorbidos y las miradas puestas en Orange como el siguiente al que le toca mover ficha.

Los accionistas de Ono estaban deseando vender, ya fuera a otra compañía o en Bolsa, mientras que Vodafone está de compras tras hacer caja con la venta del 45% de Verizon Wireless. El precio parece elevado por una compañía que cerró 2013 en pérdidas y con un resultado bruto de explotación a la baja. Ono es una de las firmas de cable que ha tenido menos éxito comercial en toda Europa a la hora de lograr vender sus servicios a los hogares a su alcance. Pero eso es visto por Vodafone, con una fuerza comercial mucho más potente, como una oportunidad de crecimiento con ofertas integradas. La integración de ambas compañías le permitirá ahorros significativos de costes e inversiones, que la multinacional británica valora en unos 2.000 millones de euros, al unificar servicios centrales, lograr eficiencias operativas, usar la red de Vodafone para los clientes de móvil de Ono y reducir inversiones en red fija. A eso suman otros 1.000 millones, que es en lo que valora Vodafone el potencial incremento de ingresos que le supone la integración.

La compra de Ono por Vodafone es, por otro lado, la mayor operación de adquisición en España de los últimos cinco años, desde que Enel culminó la toma de control de Endesa. Las razones que están detrás de este movimiento no están vinculadas a las previsiones sobre la evolución de la economía española. Tienen que ver con la dinámica del sector y las potenciales sinergias que pueden obtenerse. No obstante, una inversión de este calibre siempre tiene algo de gesto de confianza en el país.

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