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Por qué ‘Friends’ engañó a toda una generación

La 'sitcom' cumple 20 años y repasamos nueve mentiras que nos intentó hacer creer

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Veinte años no son nada… y son mucho. A los 15 la vida le parecía más corta que las minifaldas de Rachel, y a los 30 más pesada que el Smelly Cat de Phoebe. Sí, hablamos de Friends, esa serie que empezó a emitirse en 1994 y que hizo soñar a toda una generación con un mundo chachi piruli de vecinitas hermosas y vecinos graciosos en los locos y estupendos noventa. Sobraba dinero y las Torres Gemelas se enseñoreaban en el skyline de Nueva York. Dos décadas después, hemos de aceptar que muchas de las cosas que nos intentó hacer creer la icónica serie eran puro teatro o, en su defecto, pura sitcom. Estas son solo un puñado de sus grandes mentiras.

1. En las cafeterías, se sentirá como en casa. ¿Quién no soñó con un bar como el Central Perk en el que Gunther le dejaría estirarte en un sofá, tresillo o chaise longue? La realidad es que los Central Perk de hoy están llenos de sillas desvencijadas recogidas de la calle y con clavos oxidados estratégicamente dispuestos para ensartarse en sus posaderas. Y de la calidad del café, mejor no hablamos

 

2. Todos tendremos un futbolín en nuestros apartamentos. ¿Quién no ha tenido su momento Chandler/Joey con un compañero de piso? Entonces una amiga promete que, si aguantáis así seis meses, les regalará un futbolín como el de Friends. El futbolín nunca llega. Hacia el final de la serie, los mini pisos del posTrujillismo, aquella simpática (es un decir) ministra de vivienda, hacían imposible no ya montar un futbolín, sino tan siquiera un campo de subbuteo (y eso que se inventó el Fútbol 7). Hoy, con suerte, no te desahucian.

 

3. La paleontología tiene futuro. En realidad, que todo y todos teníamos futuro. Mucho se habló del nivel de vida de Nacho Martín en Médico de familia, pero el de Ross no le va a la zaga: al soseras intelectualoide le daba para estrenar americana en cada capítulo y pasarle la pensión a sus tres ex esposas con ¡un doctorado en paleontología! Hoy, con un 26% de paro y “una movilidad exterior” (Fátima dixit) galopante, es la formación mínima que te piden para trabajar de reponedor.

 

4. Los cantantes folk son absurdos. ¡Mi reino por dos platos! El Sónar, Carl Cox recorriéndose todo el planeta en jet privado para pinchar en dos fiestas de Nochevieja en 24 horas y Phoebe maullando su Smelly Cat, ejemplarizando lo anacrónico que resultaba la guitarrita en el paraíso digital. A la felicidad por la electrónica, que decían los modernísimos Fangoria en 1996. Luego llegó el anti-folk de los Moldy Peaches, el alt country y las barboncias de Devendra Banhart. En 2014, la película hipster de la temporada es A propósito de Llewyn Davis, la historia folk de los hermanos Cohen.

Phoebe llenaría estadios:

 

5. El bótox es la fuente de la eterna juventud. Los pinchazos de heroína ochenteros fueron sustituidos, en los noventa, por otras jeringuillas, menos dañinas pero igualmente adictivas. Basta ver un antes y un ahora de Courteney Cox para darse cuenta de los estragos que ha causado la toxina butulínica en toda una generación de actrices. Ni es la misma persona ni se le parece, con un cutis que se asemeja a un reloj derretido de Dalí, tan informe como prieto.

 

6. Chueca, El Born, La Alhóndiga o Ruzafa serán el nuevo Village… Y El Gran Wyoming el nuevo Joey. Que sí, que parecerá muy chorra, pero a ver si no qué serie tenían en mente los creadores de Hermanos de leche, Más que amigos o 7 vidas… Por cierto, la estrella de esta última, Toni Cantó, hoy es diputado y tuitstar.

 

7. Podremos meter los pies en una fuente pública. Ni a Shakira le dejaron hacerlo en Barcelona, y eso que su relación con Piqué la ha convertido en la Primera Dama oficiosa de Cataluña. Multazo al canto, como los 600 que le pueden caer por comprar una chinolata. De todas maneras, ¿soy el único al que la careta de entrada con los paraguas y la zambullida en la Fuente Pulitzer le parecía diseñada por un oligofrénico?

 

8. A ellas les gustan maduritos. La relación entre Mónica y Richard Burke (Tom Selleck sin la camisetas hawaianas de Magnum) fue de traca. Aquel vejestorio se calzaba a la reina de Nueva York, lo que hacía mantener esperanzas al resto de la humanidad de que alguna divinidad se fijara en nosotros, mortales. Al final, se ha impuesto la lógica y la tendencia es contraria: reina el amor entre maduritas y jovenzuelos. A ellas se las ha bautizado como cougars. J-Lo y Caspet Smart o Madonna y Brahim Zabat son ejemplo de ello.

 

9. Jean-Claude Van Damme es una estrella. Y de propina, una gran verdad. Que no todo iba a ir de patrañas. Friends contó con el actor para el mejor cameo de su historia. Después, a Jean-Claude le tocaría pasar por clínicas de desintoxicación, por el Sorpresa, sorpresa de Isabel Gemio (que debió ser muy duro) y por Los mercenarios. Ahora hace anuncios de coches y parodias de El intermedio.

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