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El padre de los curas guapos de diciembre

Piero Pazzi fotografía desde hace 10 años a los sacerdotes más atractivos que ve por la calle

Uno de los curas que posaron en 2013 para Pazzi. Ampliar foto
Uno de los curas que posaron en 2013 para Pazzi.

Al pedirlo por su nombre oficial, la frase suena profesional e incluso encorsetada: “¿Me da el Calendario Romano?”. La quiosquera de la central vía del Corso, en Roma, lo traduce al lenguaje cotidiano: “¿Se refiere al de los curas sexy? ¡Uy, madre mía!”. A pesar del frío que hace, se abanica con la mano y suelta un suspiro y una sonrisa pícara. Toda una insinuación cómplice. “Pues los curas guapos se han terminado. Tengo a varios Franciscos, si le sirven…”, ofrece. Pero no. No es lo mismo. El anuario con los retratos en blanco y negro de 12 hombres con la canónica sotana celebra en 2014 su décima edición. Cada año, alrededor de esta época, se abre la temporada de caza del último ejemplar. Quien no lo consigue en los quioscos o en los puestos de souvenirs, siempre puede reservarlo por Internet, en la página www.calendarioromano.org.

“Me llegan pedidos de todos los rincones del planeta: Israel, Malasia, China, Nueva Guinea... Europa, por supuesto”, enumera incrédulo Piero Pazzi, el archivero veneciano de 54 años, y fotógrafo aficionado, artífice de la idea y quien produce el almanaque. “Varias veces al día me hago una pregunta”, confiesa por teléfono desde la ciudad de los canales. “¿Por qué un pastor protestante en Noruega querrá en la pared la foto de un cura católico? Me lo compran también embajadas, oficinas, parroquias. Transporta el mensaje de Roma a pueblos bastante alejados”. Mientras busca la respuesta, imprime sin parar su demandado producto. Con 75.000 ejemplares publicados al año, vendidos a 10 euros cada uno, Pazzi y sus curas anónimos no tienen nada que envidiarle al éxito mediático del nuevo pontífice argentino.

El emprendedor parece sinceramente sorprendido por su triunfo. Se desliza con candor sobre la línea que separa lo sagrado de lo profano. Se declara católico y asegura que creó su calendario con el propósito de ayudar a los turistas a conocer la Santa Sede. “Es una guía para el visitante o el curioso. Hay mucha confusión alrededor del Vaticano. Cualquiera tiene grabada en su retina la cúpula de San Pedro, pero pocos saben cuándo fue fundado el Estado, cuáles son sus dimensiones o cómo se rige. Una vez, en la plaza, escuché preguntar por los restos de Luciano Pavarotti”, dice, sorprendido. “¿Entiende? Se conoce muy poco, así que quise proporcionarle un apoyo a los turistas”.

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Por eso, las últimas páginas del calendario recogen información de servicio y diversos datos de interés, como la historia de los Papas, los horarios de los museos o la forma de acceder a la farmacias donde los romanos compran medicinas más baratas o que solo se encuentran en el pequeño Estado vecino. Todos los datos que se pueden encontrar en una guía turística. Pero lo cierto es que el famoso almanaque también le da un toque a la pared de cualquier habitación. “Había que hacerlo atractivo: ¿y qué hay mejor que un rostro joven y pulcro?”, vuelve a preguntarse Pazzi. Quizás por esta reflexión estética, su viático a la Ciudad del Vaticano nunca fue aprobado por la Santa Sede. A pesar del adjetivo romano con que lo bautizó para “hacer referencia a la Iglesia Católica, ecuménica”, especifica. De la necesidad de adornar los datos sobre San Pedro nació, casi por casualidad, el primer calendario, a finales de 2003.

Desde entonces, cada diciembre cuenta con sus 12 varoniles clérigos. En 2008 se coló entre ellos un figurante de la semana Santa de Sevilla, que solo llevaba la sotana negra como disfraz. “Voy cada año a la ciudad andaluza, me quedo un buen tiempo para documentar las fases previas y los eventos con que celebran la Pascua. Me fascina aquella atmósfera. Allí empecé a tomar fotos de sacerdotes”, confiesa. Otras veces, Pazzi se cruza a los atractivos curas durante sus incursiones a la capital italiana y les pide como favor que se retraten para convertirse la imagen de un mes del año siguiente. “La mayoría acepta, eso sí, con la condición de mantener el anonimato”, cuenta. “Para mí, son iconos del atractivo y de la belleza del mensaje religioso”.

Pero también existen iconos voluntarios. “Puse un anuncio en mi web. Quien quiere ser fotografiado, me manda dos líneas, me avisa cuándo pasa por Roma y yo voy a retratarlo en la plaza de San Pedro”. Algunos curas consideran importante salir en la publicación, que es todo un éxito de los asilos y residencias para ancianos. “Recibo algunas peticiones de sacerdotes que quieren contribuir”, evalúa. El último es Míster Agosto 2014, Janoslav Banasiak. “El padre Georg, del pueblo polaco de Ostrowite, me autorizó a difundir su nombre y me contó que a sus parroquianas les gustaría mucho verlo en este calendario. No pude rechazar la oferta”, concluye. Así que allí está: un robusto rubio ataviado de negro, que mira fijamente al objetivo con una sonrisa de paz. Durante todo el mes de agosto.

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Pazzi imprime también almanaques de gatos y, hasta hace poco, de gondoleros. Pero además guarda varios proyectos en el cajón. “En 2015, voy a sacar uno con los monasterios de clausura de Sevilla. Visité varios y me atrapó aquella atmósfera de serenidad plácida”, cuenta. “Pero es una paz activa, muy abierta al mundo. La escena que con más cariño recuerdo es la de dos jóvenes monjas de Santa María de Jesús que distribuyen bocadillos a los indigentes. Y una sonrisa para todos. ¡Cuánto amor demuestran!”. Su próximo plan es, entonces, contar a través de imágenes “aquel mundo silencioso, pero vivo”.