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Galliano reaparece en ‘Vogue’ de la mano de su incondicional Kate Moss

La edición británica de la revista le encarga la dirección creativa de una sesión de fotos

Coincide con el debut de su gran amiga como colaboradora habitual de la redacción

Una de las fotos de Kate Moss y John Galliano de la edición de diciembre de 'Vogue', en el Facebook de la edición británica. Ampliar foto
Una de las fotos de Kate Moss y John Galliano de la edición de diciembre de 'Vogue', en el Facebook de la edición británica.

Lento pero seguro. John Galliano ha obtenido otra pequeña victoria en su campaña para retomar su carrera. Esta vez ha sido de mano de la edición británica de Vogue, que le ha encargado la dirección creativa de una sesión de fotos. El gibraltareño aparece en un adelanto del número de diciembre ataviado con frac y chistera y junto a su amiga Kate Moss. Como viene siendo habitual, lleva el rostro afeitado y, si en el último tiempo se preocupaba por atarse cuidadosamente su mítica melena larga en una coleta, ahora ha decidido cortársela.

Para esta editorial, fotografiada por Tim Walker y tituladFantasía, el diseñador se ha inspirado en el padrino del punk Malcolm McLaren y la estética de los Ballet Rusos. La directora de la revista, Alexandra Shulman, le pidió unas palabras para describir el concepto detrás de las imágenes y Galliano compuso un efusiva declaración de afecto a su amiga modelo: “Me acerco al oído de Kate: ‘¿Puedes guardar un secreto?’ Ella está cargada de electricidad, con manchas de bayas en su boca perfecta. Vuela como una mariposa hasta que se posa en una posición perfecta, sintiendo y encontrando su propia luz. Siento tanto amor en este estudio que me causa estupefacción”

El retorno de Galliano a Vogue viene después de que se anunciase que Kate Moss se ha unido como colaboradora al equipo editorial de la publicación. La presencia del diseñador podría ser una de las primeras aportaciones de la top como editora de moda. No podía ser de otra manera. Ella fue la primera que le echó un cable encargándole su vestido de novia. “Fue mi rehabilitación creativa” confesó Galliano durante una entrevista.

El diseñador fue condenado en 2011 por proferir insultos racistas y antisemitas durante diversos altercados en un café de París. Su caída en desgracia fue estrepitosa. Fue despedido de Dior, perdió la firma que lleva su propio nombre y hasta fue despojado de la legión de honor francesa. Pero él no se ha rendido. Se ha sometido a un proceso de desintoxicación, ha mantenido reuniones con líderes de la comunidad judía y ha demandado por despido improcedente a Christian Dior, la firma para la que ejerció de director creativo durante 15 años.

A pesar de los traspiés, como es el caso de la cancelación de sus clases magistrales programadas en la escuela de diseño Parsons, se percibe una paulatina rehabilitación dentro de la industria. La clave está en sus incondicionales. Kate Moss, que sabe lo que es superar un escándalo, nunca se ha separado de su lado y Anna Wintour, una de sus principales valedoras, le consiguió una colaboración con Oscar de la Renta que se presentó en Nueva York. A punto de cumplir 53 años, además podría volver una de sus primeras pasiones: la escena. El actor Stephen Fry se ha puesto en contacto con él para que se encargue del vestuario de su próximo proyecto, La importancia de llamarse Ernesto.

John Galliano se ha mostrado arrepentido de sus exabruptos en varias ocasiones. Hizo acto de contrición tanto en el programa de la televisión estadounidense Charlie Rose como en Vanity Fair. En esta publicación ligó sus desmanes a las adicciones que sufre, agravadas por el ritmo cada vez más endiablado de la industria de la moda. “Al principio, el alcohol era como una bastón fuera de Dior”, declaró en esta entrevista, la primera que daba sobrio en años. “Luego empecé a usarlo para desplomarme tras las colecciones. Cada vez sucedía más a menudo, hasta que me convertí en su esclavo. Después vinieron las pastillas para dormir. A continuación llegaron las otras píldoras porque no paraba de temblar. Al final bebía todo lo que caía en mis manos con la creencia de que me ayudaría a dormir. (…) Creí que podía controlarlo”.