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El esperado reencuentro de Dennis Rodman y Kim Jong-un

La ex estrella de la NBA vuelve a visitar a su “gran amigo”, el dictador norcoreano, con la posible liberación de un preso estadounidense de fondo

Kim Jong-Un y Dennis Rodman en un partido de baloncesto en Corea del Norte, en marzo de 2013. Ampliar foto
Kim Jong-Un y Dennis Rodman en un partido de baloncesto en Corea del Norte, en marzo de 2013.

Hay amistades que no solo parecen peligrosas sino que se antojan imposibles. La lógica hace pensar que en esa categoría debería estar la existente entre una ex estrella de la NBA, caracterizada por su carácter extravagante y su profusión de ‘piercings’ faciales, y un dictador comunista de maneras sobrias y en guerra con el mundo entero. Pero Dennis Rodman y Kim Jong-un han demostrado que el sentido común no tiene cabida cuando en la ecuación se introduce Corea del Norte. “Es un gran amigo mío”, aseguró el martes el jugador de baloncesto en Pekín, ciudad en la que tuvo que hacer escala para tomar el viejo avión soviético de Air Koryo que le llevó a su destino final: la capital norcoreana, Pyongyang.

Fue allí, a finales del pasado mes de febrero, donde se forjó el afecto entre ambos. De hecho, después de haberse retratado a carcajada limpia con el tercer líder de la dinastía Kim en su primera visita al país más hermético del planeta, Rodman dijo emocionado que el dictador “es un tipo increíble” y aseguró que regresaría. El martes por la tarde cumplió su promesa, fue recibido en el aeropuerto por el viceministro de Cultura Física y Deporte, y es posible que ambos amigos incluso cenasen juntos.

Aunque el cinco veces ganador de la NBA asegura que su único objetivo es “mantener la comunicación, hablar de baloncesto, y poner en marcha una nueva liga”, muchos creen que el viaje de Rodman, que pasará cinco días en la Corea de la hoz y el martillo, esconde algo más que pura ‘diplomacia del baloncesto’. Entre bambalinas, Rodman y Kim podrían discutir la liberación de Kenneth Bae, un evangelista cristiano estadounidense de origen coreano que fue detenido en noviembre y condenado posteriormente a 15 años de cárcel por ‘conspirar contra el Estado’.

Desde 2009, al menos otros cinco americanos han sido sentenciados en el país que fundó Kim Il-sung tras la Guerra de Corea (1950-53), y ha hecho falta la visita de ex presidentes como Bill Clinton o Jimmy Carter para obtener su liberación. Hace una semana, el ex baloncestista sí que declaró abiertamente su interés por resolver favorablemente el caso de Bae -lo dijo en Twitter y en varios medios de comunicación-, pero el martes se limitó a informar de que los norcoreanos no le han prometido nada: “No soy un diplomático. Solo voy para pasar un buen rato con él y con su familia”. No obstante, sí que reconoció tener intención de “tender un puente entre América y Corea del Norte, y demostrar a los americanos que no hay nada de malo en viajar allí”.

Curiosamente, en febrero su objetivo fue el opuesto. A Pyongyang llegó acompañando al equipo de baloncesto Harlem Globetrotters para “mostrar a los norcoreanos que Estados Unidos no es su enemigo”. No parece que lo consiguiese, pero, aunque el gigante de dos metros y un centímetro de altura se resista a aceptarlo, el país de las barras y estrellas tiene pocas alternativas diplomáticas a Rodman: el pasado viernes Corea del Norte canceló en el último minuto el viaje del enviado especial estadounidense para los Derechos Humanos, el embajador Robert King, que sí tenía en su agenda la liberación del misionero cristiano.

Dennis Rodman, en el aeropuerto de Pekín, de camino a la visita a Corea del Norte, el 3 de septiembre de 2013. ampliar foto
Dennis Rodman, en el aeropuerto de Pekín, de camino a la visita a Corea del Norte, el 3 de septiembre de 2013. AFP

Por eso, todas las miradas están ahora puestas en la habilidad de Rodman para ablandar el corazón de Kim. A su favor juegan el hecho de que el mandatario norcoreano es un fan incondicional de los Chicago Bulls, con los que el ex jugador de la NBA ganó tres anillos, y que a ambos les gusta el alcohol. En su anterior visita, Rodman contó que, a pesar de dirigir uno de los países más pobres del planeta, Kim lo agasajó con un banquete generosamente regado, y espera que esta vez no sea diferente. Eso sí, esta vez ha reconocido que en su maleta no lleva ninguna botella de su Bad Boy vodka.