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La exmujer de Michael Jackson declara en el millonario juicio del artista

Debbie Rowe confirma ante el juez que el cantante utilizaba el propofol en su vida cotidiana

Debbie Rowe, a su llegada al tribunal en Los Ángeles, el 15 de agosto de 2013. Ampliar foto
Debbie Rowe, a su llegada al tribunal en Los Ángeles, el 15 de agosto de 2013. REUTERS

El propofol, el potente anestésico que llevó a Michael Jackson a la muerte, fue una presencia común en la vida del cantante, administrado tanto durante sus procedimientos quirúrgicos como en los hoteles para que pudiera dormir. Así lo confirmó Debbie Rowe, exmujer de Jackson, y llamada a testificar por la promotora AEG.

Entre lágrimas, bromas e improperios, Rowe aseguró que el rey del pop tenía una escasa tolerancia al dolor y graves problemas para conciliar el sueño. Ello lo llevó a contactar con uno de sus médicos, Allan Metzger, para que le prescribiera algo más fuerte que los somníferos que utilizaba. La llamada fue durante una gira por Alemania en los noventa. Rowe indicó que entonces un equipo médico convirtió la habitación del cantante en Múnich en algo parecido a una sala de operaciones, donde le administraron el potente anestésico y lo vigilaron las ocho horas que estuvo inconsciente. El mismo procedimiento se repitió tres días más tarde, añadió la madre de los dos hijos mayores de Jackson. El cantante además recibió propofol durante al menos una decena de procedimientos médicos incluidos tratamientos de colágeno e inyecciones de bótox.

Es la primera vez que alguien testifica sobre el uso habitual del propofol en la vida de Jackson. El compuesto fue el principal causante de la muerte del artista tras serle administrado en su casa y, según la acusación, sin la supervisión debida. Katherine Jackson, madre del cantante, y sus nietos e hijos de Michael, Prince, Paris y Blanket, acusan a AEG de negligencia por contratar al doctor Conrad Murray, condenado por la muerte de Jackson y la persona que le administró el potente anestésico.

Rowe conoció a Jackson en la década de los ochenta, mientras trabajaba con el dermatólogo del cantante, Arnold Klein. La pareja contrajo matrimonio en 1996 y se divorció tres años más tarde. En 2001, Rowe cedió a la familia Jackson sus derechos como madre de Prince y Paris. Desde entonces, la que se describió como la mejor amiga del cantante y su ángel de la guardia ha mantenido una distancia prudencial de la familia, aunque recientemente se la ha visto más involucrada, tras el intento de suicidio de su hija Paris y el deseo de la adolescente de reconectar con su madre.

De hecho, aunque Rowe fue llamada a testificar por la compañía AEG, sus palabras sobre lo mucho que Jackson confiaba en quienes lo rodeaban “a veces en exceso, estúpidamente”, como declaró, contaron con la aquiescencia de la matriarca de la familia, presente todos los días en este juicio, que se espera concluya en septiembre. Rowe también tuvo palabras de recriminación hacia los doctores que rodearon en vida al cantante, incluido su antiguo jefe.

Según la exesposa, los médicos que atendieron a Jackson parecían competir a la hora de prescribir al intérprete medicamentos más fuertes “sin que Michael les importara”. “El miedo que le tenía al dolor era increíble y pienso que por eso los médicos se aprovecharon”, indicó quien en ocasiones ha sido descrita como enfermera, pero que era tan solo recepcionista en la consulta del dermatólogo y, según sus palabras, alguien que intentó, sin éxito, alejar al intérprete de Bad de todos estos medicamentos.