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LOS MAGNATES MÁS AUSTEROS DE ALEMANIA

Los implacables monarcas del ‘low cost’

El hermetismo define a la multimillonaria familia alemana Albrecht, dueña de los supermercados Aldi La muerte reciente de uno de sus herederos por causas no difundidas añade más misterio a un clan que ha sido víctima de un secuestro y acusado de prácticas empresariales totalitarias

MILLONARIOS NACIDOS EN LA POBREZA. Theo Albrecht (en la imagen, en 1971) falleció en 2010 a los 88 años. Su hermano Karl, el hombre más rico de Alemania y décima fortuna mundial según ‘Forbes’, le sobrevive con 92 años. El padre de ambos, minero, se dañó un pulmón, y su mujer, Anna Albrecht, abrió una pequeña tienda de barrio para que la familia pudiera subsistir. Así aprendieron los hermanos el oficio de comerciante.
MILLONARIOS NACIDOS EN LA POBREZA. Theo Albrecht (en la imagen, en 1971) falleció en 2010 a los 88 años. Su hermano Karl, el hombre más rico de Alemania y décima fortuna mundial según ‘Forbes’, le sobrevive con 92 años. El padre de ambos, minero, se dañó un pulmón, y su mujer, Anna Albrecht, abrió una pequeña tienda de barrio para que la familia pudiera subsistir. Así aprendieron los hermanos el oficio de comerciante.ROLAND SCHEIDEMANN (AFP)

Al repartirse en dos el territorio alemán en 1960, los hermanos Albrecht alinearon sus supermercados baratos en la ilustre tradición del emperador romano Teodosio o los Reyes Católicos. Todos ellos tiraron sendas líneas sobre el mapa para que sus dominios quedaran en familia, pero libres de disputas. En la época en la que se construyó el muro de Berlín, Karl (nacido en 1920) y Theo (1922-2010) Albrecht pactaron su propio Tordesillas de los súper económicos: el emblema azul y blanco de los Aldi de Theo domina desde 1962 la venta al detalle en la mitad norte de Alemania, mientras que al sur del Ruhr ondean, un poco más coloridas, las bolsas de plástico de su hermano Karl. El éxito fulminante de los Aldi (acrónimo de Albrecht-Discount) los lanzó a los primeros puestos de multimillonarios mundiales. Juntos, estos herederos de una tienda de ultramarinos en la ciudad industrial de Essen han sido tan ricos como Bill Gates.

Quién lo diría, se admirará el cliente novato ante una de sus hoscas y destartaladas filiales. Hasta 10.000 en todo el mundo (250 en España), organizadas según el principio de austeridad máxima, precios mínimos y servicio nulo. En una de Berlín-Kreuzberg, por ejemplo, la mercancía se presenta en cajas originales bajo letreros con grandes cifras que anuncian alimentos, trastos del hogar o de oficina: archivadores a 0,99 euros, lechugas a 0,65, ensalada mixta envasada a 1,69.

Un reportero fue a la caza de una foto de la familia en 2003. Hoy es persona 'non grata'  a perpetuidad en todos los supermercados Aldi

En el país que exporta a todo el mundo deportivos Porsche, plumas Montblanc o trajes Hugo Boss no hay mejor negocio que vender muy barato en supermercados francamente feos. Una afición alemana al ahorro encarnada tanto en el triunfo arrasador de la empresa como en el modo de vida de sus archimillonarios dueños.

Eberhard Fedtke se sorprende cuando le preguntan si es verdad que Theo Albrecht iba por las oficinas apagando las luces al final del día: “¡Claro que sí! La austeridad es un principio básico de la empresa”. Fedtke participó como abogado y comercial en los 10 años clave del ascenso de Aldi. Entre 1967 y 1977 trató a Karl y más a Theo, que lo reclutaría para Aldi Norte. Además de la tacañería que siempre se le supone a un gran empresario alemán, Fedtke certifica a los Albrecht el otro rasgo distintivo de la casta: son tan reacios a la publicidad y a la fama que “viven en un burka”. Nada sale de Aldi, sus directivos tienen prohibido hablar con periodistas o participar en simposios empresariales. Los colegas de Aldi, ríe Fedtke, “eran nuestro único Facebook; no había más que eso y la familia”.

El antiguo ejecutivo compartía con los Albrecht la parroquia católica de San Marcos en el distinguido y muy recoleto barrio de Essen-Bredeney. Los Albrecht escuchaban la misa cada domingo “con los suyos”. Si busca un contraste con la estampa del magnate Theo Albrecht apagando luces después del trabajo, el curioso puede acercarse en un paseo a la tremenda mansión que el industrial Alfred Krupp construyó en 1873 para encumbrar a su estirpe. De los Albrecht ni siquiera hay media docena de fotos. Hace poco murió uno de los hijos del difunto Theo, Berthold, con 58 años. Sobra decir que no se sabe de qué. En 2003, el reportero berlinés Frank Schinski salió a la caza fotográfica de algún Albrecht junto a los muros blancos de San Marcos. Como represalia fue declarado persona non grata a perpetuidad en todos los supermercados Aldi del mundo.

Son tan reacios a la publicidad y a la fama que “viven en un burka”, cuenta un exempleado. Nada sale de Aldi, sus directivos tienen prohibido hablar con periodistas

Los Albrecht rigen su imperio con mano de hierro. En la época de mayor expansión, “los gestores regionales tenían dos problemas: mantener el suministro y dar salida a las enormes ganancias que no se reinvertían inmediatamente”. Todo, cuenta Fedtke, “venía dictado desde arriba del todo”. Su libro Aldi geschichten (Historias de Aldi) contiene calurosos elogios a la “genial visión empresarial” de los hermanos, pero también críticas a algunos métodos de gestión “totalitarios”. “Es su empresa y el éxito los avala, pero me parece que eran demasiado severos”. Mantienen esta estructura férrea moldeando a los nuevos jóvenes gestores “en el perfil exacto que la empresa requiere”.

Así lo explica también Andreas Straub, que trabajó en Aldi durante cuatro años como directivo regional. El autor de Aldi-Einfach billig (Aldi-Simplemente baratijas) carga las tintas contra la empresa que lo despidió en 2011. Rompiendo lo que denuncia como una ley del silencio en Aldi, contó a este periódico que la disciplina corporativa es implacable y que funciona gracias al “control, el miedo y la amenaza”. Desde los despachos hasta las cajas registradoras. Es “un sistema implantado en toda la empresa y que, con toda probabilidad, parte de los fundadores”. Aldi Sur se defiende remitiendo a uno de sus raros comunicados, donde el pasado mayo afirmaba que “no hay ningún sistema de amedrentamiento ni de control”. El sindicato de servicios Verdi, por el contrario, denuncia espionajes sistemáticos de los empleados e injusticias laborales en la empresa.

El afán de discreción y control de los Albrecht podría tener su raíz en el sonado secuestro de Theo en 1971. Tras pagar un rescate millonario que trataría de desgravar de Hacienda como gastos (según su abogado, “lo secuestraron por su condición de empresario”), los Albrecht elaboraron un sistema de vigilancia “muy complejo”. En la filial de Kreuzberg, una cajera prefiere no detallar a la prensa cuánto gana ni en qué condiciones trabaja. Detrás tiene el falso espejo a través del cual quizá vigilen ahora mismo los supervisores, por encargo de los grandes hermanos Aldi.

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