Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

‘Eurofobia’ en el corazón de Europa

El ascenso del británico UKIP evidencia un mayor desapego a los partidos políticos tradicionales

La burocracia de la UE y las regulaciones innecesarias, principales críticas de los escépticos

Ampliar foto
Roger Helmer, del UKIP, es eurodiputado desde 1999.

“Usamos el dinero del diablo para hacer el trabajo de Dios, aunque a veces mi labor en el Europarlamento sea una pérdida de tiempo”. Así explica el eurodiputado británico John Stuart Agnew su presencia en Bruselas. Su partido, Independencia para Reino Unido (UKIP en sus siglas en inglés), va mucho más allá del euroescepticismo y persigue un único objetivo: la salida de su país de la UE, opción que ha suscitado un fuerte debate. El UKIP —con 11 representantes— es mayoritario en el grupo Europa de la Libertad y de la Democracia (EFD), que se formó tras las elecciones de 2009. Esta asociación de partidos políticos de 11 países se basa, como explican sus miembros, en motivos más pragmáticos que ideológicos. Las posiciones en el EFD van desde la radical eurofobia del UKIP al euroescepticismo o la “eurocrítica”, que pretende reformas de diversa índole.

El EFD tiene 36 de los 753 diputados que componen el Parlamento de Bruselas. La polémica rodeó su formación. Sus integrantes —entre ellos la italiana Liga Norte, el Partido Popular de Dinamarca, el griego LAOS y los Verdaderos Finlandeses— son de extrema derecha, si bien light en algunos casos. La nota mayoritaria es una fuerte hostilidad hacia la inmigración y el euro y los hay que esgrimen un discurso radicalmente racista y xenófobo. Reprochan a Bruselas las regulaciones que tratan de igualar a todos los Estados. “Los nacionalismos, aunque sean aislacionistas, se han dado cuenta de que son más efectivos si trabajan más allá de sus fronteras”, explica Neil Walker, catedrático de Derecho Público en la Universidad de Edimburgo.

La representación que estos partidos tienen en sus países varía. Mientras que el UKIP o LAOS —que sufrió un fuerte descalabro en las legislativas de 2012— no tienen asientos en sus parlamentos, el Partido Popular danés o los Verdaderos Finlandeses son las terceras fuerzas más votadas.

Ellos son la guerra; han venido a destruir esto. Que nos dejen construir la UE en paz

Alejandro Cercas (PSOE)

La presencia de eurófobos no es nueva en Bruselas. El ejemplo más significativo fueron los partidos que se unieron en las Derechas Europeas, capitaneados por Jean-Marie Le Pen en 1984. Mientras el exeurodiputado español Carlos Carnero considera que es parte del juego democrático, Alejandro Cercas, del PSOE, afirma: “Ellos son la guerra; han venido a destruir esto. Que se vayan y nos dejen construir la UE en paz”. Roger Helmer, del UKIP, señala sin tapujos: “Hay la asunción de que si trabajas en la UE, la tienes que apoyar. No somos empleados de esta institución; hemos sido elegidos por nuestros votantes y hablo desde su perspectiva”. En este espectro están también los no inscritos en ningún grupo, como los extremistas del Frente Nacional francés y del húngaro Jobbik. De los siete grupos de la presente legislatura, hay también un euroescepticismo suave, representado por los Conservadores y Reformistas Europeos (52 escaños) y de forma fragmentaria en el grupo Confederal de la Izquierda Unitaria / Izquierda Verde Nórdica (34).

La desconfianza hacia Europa por parte de los ciudadanos crece: ha pasado del 15% en 2007 al 28% en 2012, según el Eurobarómetro. Esta tendencia es muy importante en países como España —del 6% al 32%—, Irlanda —del 7% al 26%— y Grecia —del 13% al 40%—.

Datos de progresión del euroescepticismo.

Giles Merritt, secretario general de Friends of Europe, un think tank radicado en Bruselas, basa el éxito de los euroescépticos en “las promesas de integración que no se han materializado, la mengua de la solidaridad y la ruptura entre el norte y el sur”. Sara Hobolt, catedrática de Instituciones Europeas en el Instituto Europeo de la London School of Economics, prevé un incremento en los comicios de 2014 "por la crisis, las medidas de austeridad y el descontento de los ciudadanos con sus Gobiernos”. El profesor Walker, de la Universidad de Edimburgo, piensa que, hasta ahora, el voto euroescéptico ha sido “de protesta”, pero con la crisis “ha ido más allá”.

Élite burócrata

“Bruselas es una burocracia que habla desde la ideología, no desde el sentimiento de los ciudadanos”, afirma Lorenzo Fontana, de la Liga Norte y “eurocrítico”. Otros recurren al populismo: “La Comisión está formada por una élite que no sabe qué pasa en los países”, manifiesta Elodie Vignon, del Mouvement pour la France.

Todos los miembros del EFD consultados, excepto Nikolaos Salavrakos, de LAOS, piensan que la democracia en Europa es muy deficitaria y que no se sabe quién manda. “¿Quién es usted?”, le espetó el líder del UKIP, Nigel Farage, a Herman van Rompuy, presidente del Consejo Europeo, en un pleno.

La inmigración de ciudadanos del Este por la adhesión de sus países constituye otra obsesión del EFD. Bastiaan Belder, del SGP holandés, partido calvinista que se basa en la moral de la Biblia, considera que la ampliación trajo grandes desequilibrios y que son países sin mecanismos anticorrupción. El italiano Oreste Rossi, de la Liga Norte, repudia la posible entrada de Turquía: “Quiero que Europa siga reflejando los valores cristianos”.

Bastiaan Belder es miembro del SGP, un partido calvinista ortodoxo holandés.

El rechazo al euro es también un punto de encuentro para el EFD. Fue un gran error unificar economías tan diversas bajo la misma moneda, dicen. Los más críticos proceden de países sin la moneda común (Reino Unido y Dinamarca). El euro explica, según ellos, la dimensión de la crisis que atraviesan los países del sur. El griego Nikolaos Salavrakos, que se sienta en los escaños del EFD pero viene de un país rescatado, critica la falta de solidaridad europea y defiende la unificación monetaria y política. El variopinto coro de voces del EFD retrata la UE actual. Cada cual trata de arrimar el ascua a su sardina.

Más información