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La camisa blanca

"Cuando Obama la viste, siempre con las mangas remangadas, subraya su propio color de piel pero también denota esfuerzo, trabajo físico, un mensaje directo a la clase media"

Barack Obama, en un acto electoral en Las Vegas, el pasado jueves.
Barack Obama, en un acto electoral en Las Vegas, el pasado jueves. AP

Si Javier Bardem es rico lo es sin duda porque ha sabido unir trabajo y talento. No nació rico. Pero eso no es tan importante. Lo importante es que en una democracia todo el mundo, con o sin talento, puede decir lo que piensa. Afortunadamente, allí esta Obama con su camisa blanca, también con su esfuerzo y su talento. Y esa camisa blanca recupera un terreno que había ido cediendo, a lo mejor sin darse cuenta, al estampado, el azul clarito y el balsámico rosa.

La camisa blanca es símbolo de fuerza interior más que de pureza. Por eso combina con todo. Cuando Obama la viste, siempre con las mangas remangadas, desde luego que subraya su propio color de piel pero también denota esfuerzo, trabajo físico, un mensaje directo a la clase media. Está claro que si Rajoy o Rubalcaba la vistieran y de esa manera, a todos nos daría una impresión similar. Están trabajando. Siempre hemos sospechado que nuestros políticos tienen limitados asesores de imagen, que reparan poco en estas cosas aunque sean completamente evidentes. Solamente cuando tiene que atender a las víctimas del huracán en New Jersey, Obama se cubre y cambia el color de su camisa por el azul. Y al recobrar la campaña electoral, recupera también la camisa blanca ya fetiche.

Concha Velasco promociona su espectáculo autobiográfico con una camisa blanca, que la hace muy Liza Minelli, con la que comparte ese amor por las tablas. La revista Lecturas publicó que estaría en quiebra y Velasco ha tenido que esforzarse en aclarar que no es completamente cierto. Como muchos otros españoles, tiene deudas que pagar y lo hace. Sus hijos han comentado que el problema de su madre es contarlo todo. Velasco volvió a demostrar que su vida va unida a la de España, de alguna manera inusual ha conseguido que su existencia esté entrelazada a las vivencias del país, un reflejo permanente de todo lo que hemos pasado. Quizá por eso emplea también camisa blanca, porque se sabe bandera y superviviente.

Kate Moss, que es de otra nacionalidad y generación, y que se lo ha puesto todo, también es partidaria de la camisa blanca cuando tiene que trascender y desnudarse. En un libro de próxima publicación dice más que las medidas palabras que expulsa en actos de promoción. Y ha dicho que jamás ha atravesado episodios de anorexia pero que sí vivió crisis nerviosas precisamente durante el rodaje de la campaña de Calvin Klein que la convirtió en estrella. Y que Johnny Depp fue su sostén durante los años de su icónica relación. El consejo que Depp le dio, de “nunca te quejes, nunca te expliques”, en realidad deberíamos aplicarlo a nuestro día a día de la misma manera que otra de las recetas de Moss: “Si siempre llevas vaquero negro o gris los fotógrafos ya no te persiguen”.

Volviendo a las palabras de Bardem, ¿deben los actores expresarse con respecto a la política de sus países? Hay quien piensa que sí y hay quien piensa que no, como Robbie Williams, que ha declarado que le pone enfermo escuchar a músicos y actores “que se toman demasiado en serio. La industria del entretenimiento adora las estupideces porque es estúpida”, ha declarado. Probablemente, Hollywood le recomendaría a Bardem no entrar en ese juego de opiniones, pero también al ser español, Bardem se siente diferente. Como también se manifiesta diferente nuestra reina al decidirse a demandar a título personal una red de contactos que la empleó como imagen. Para su cumpleaños quiso darse un gusto dando un disgusto a su familia, que no recordará este año como una fiesta. La decisión de seguir adelante con la demanda genera un nuevo roce familiar en palacio y atrae los focos de nuevo hacia su matrimonio. Y es que la reina, al contrario de lo que proponía el anuncio, no está sola. Su hermana Irene, siempre está cerca y seguro que anoche habrán soplado a la vez una velita en palacio, recordando, por un instante, Tatoi.

La que aún no se ha puesto camisa blanca remangada pero se ha manifestado a través de correo electrónico, es Carme Chacón. Las declaraciones fueron breves, bastante electrónicas. No apoyará la independencia catalana y eso se lo han aplaudido muchos medios. Lo que quizás no estuvo tan bien fue lo de no aparecer en carne y hueso. Parece que la técnica Rajoy de manifestarse como las vírgenes, una vez al año, se expande en todas las direcciones, también hacia la socialdemocracia. Para muchos es confuso que mientras todo el mundo clama a Rubalcaba que escuche el mensaje y deje 2016 para viajar a Río a los Juegos Olímpicos y acelere la renovación en su partido, Chacón no diga nada. Que no sudase la camiseta. Los políticos no es que sean todos iguales, es que, a veces, sin darse cuenta, actúan todos cortados por el mismo patrón. Chacón ya no es tan diferente.

Todas estas cosas no pueden hacernos olvidar que lo malo de la camisa blanca es que se mancha. Y que la devastación del huracán Sandy ha golpeado a un país que generalmente se opone a cualquier resolución para defender el medio ambiente. Tras el paso de Sandy, el cambio climático vuelve a ser esa mancha que quizás defina la próxima legislatura en Estados Unidos. Nada mejor que una camisa blanca nueva.

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