Ricard Camarena, entre raciones y cañas


Satisfecho, después de los sinsabores por los que ha atravesado en los últimos meses, Camarena, profesional afable, uno de los grandes cocineros españoles, me detalló algunas de las cifras que ha registrado el lugar en la única semana que lleva abierto. “Nuestros precios son populares y tenemos que ir a volúmenes”, me dijo. “No es un bar de tapas sino de raciones. Vendemos 250 bocadillos diarios; preparamos 8 kg de masa de buñuelos y 9 kg de masa de croquetas; limpiamos 4 kg de calamares y otros 4 de sepionets y despachamos cada día 50/60 raciones de berenjenas fritas, 10 kg de ensaladilla y 3 kg de gambas blancas y quisquillas. Todos nuestros proveedores son del mercado. Más proximidad imposible”.

Probé varias raciones y estaban buenas. Me gustaron la ensaladilla (4,25), los boquerones marinados (4,50), y las anchoas (3,5 cada una) Y encontré suculentas las croquetas de pollo asado (8 euros, 6 unidades), los buñuelos de bacalao (9 euros, 6 unidades) y las patatas bravas (4,5)

Central Bar no se distancia mucho de lo que hace Paco Roncero en Estado Puro. Lo mismo que otros compañeros de profesión que han montado bares modernos con recetas tradicionales. La diferencia es que esto transcurre en un auténtico mercado de abastos. En cierto modo Camarena se suma a otro nivel al quehacer del Bar Pinotxo en La Boquería de Barcelona, a las especialidades del bar Joan Frau en el mercado Santa Catalina de Palma de Mallorca y Abastos 2.0 en Santiago de Compostela.




















































