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OPINIÓN

Contraluces domésticos

No por esperado ha de ser menos celebrado el anuncio de que, al fin, el corredor ferroviario mediterráneo formará parte de la Red Transeuropea de Transportes, junto con los enlaces que conectarán a los valencianos con el Cantábrico y el Atlántico. Un episodio decisivo para el futuro de esta Comunidad que, no obstante su lógica y también su inexorabilidad, no siempre fue previsto por los técnicos comunitarios y, lo que resulta más asombroso, tampoco contó en su día con el incondicional apoyo de nuestros gobernantes autonómicos. La política gallinácea y anticatalanista que cundía en aquellos momentos les impedía valorar -o no les importaban - las graves consecuencias del llamado Informe Kavel von Miert de 2003, que dejaba al Pais Valenciano al margen de las infraestructuras comunitarias, lo que nos descolgaba de Europa y nos arrumbaba hacia el tercermundismo.

Tal riesgo, como se recordará, movilizó a instituciones, sectores empresariales y entidades cívicas que promovieron la eurorregión mediterránea a modo de lobby integrado por las regiones damnificadas. De esta propuesta ideada y animada por el presidente Pascual Maragall -recordatorio debido- se desentendieron sucesivamente sus homólogos valencianos Eduardo Zaplana y Francisco Camps, recelosos acerca del liderazgo catalán y proclives a lo que se bautizó sin una pizca de humor como "Eje de la Prosperidad" que aunaba las comunidades de Baleares, Valencia y Madrid. La hemeroteca es testigo de las simplezas y despropósitos que vertieron nuestros líderes, pero también de la enconada campaña de aleccionamiento sobre los peligros que conllevaba su miopía. Sería injusto no citar en este apartado a los profesores Gregorio Martín y Josep Vicente Boira que, junto a una cohorte de europeístas, se batieron el cobre para defender la evidencia frente a la burrera. Su tesón no ha sido baldío.

La semana nos ha dejado también dos protagonistas de distinto mérito, pero destacables a nuestro juicio. El primero de ellos es Juan Roig, presidente de Mercadona, que ha intervenido en la entrega de los Premios Rey Jaime I y exhortado a practicar "la cultura del esfuerzo y del trabajo". Dicho por él no es una improvisación floral, pues tal prédica forma parte sustancial tanto de su discurso como de su biografía. Se diría que para este gran empresario la actitud es el principal capital. Lo grave es que en las actuales circunstancias económicas ni siquiera la más denodada disposición al sacrificio impide a menudo la destrucción de puestos de trabajo, tal como acaba de acontecer en el Centro de Investigación Príncipe Felipe, ideado para ser un referente en su campo, pero que ha despedido a 108 de sus trabajadores. A estos y a tantísimos de nada les sirve dejarse la piel en el tajo.

El otro personaje destacable es el pintoresco concejal de Urbanismo de Valencia, Jorge Bellver, que, juzgado por prevaricación urbanística a raíz de una intervención en el entorno de los Jardines de Monforte, declara ignorar que ese espacio estuviese protegido. El asunto está ya visto para sentencia. Sea cual fuere el fallo, no se libra de incurrir en la incompetencia o en la corrupción, como observó la diputada de Compromís Mónica Oltra. Por cierto, al edil no le ha faltado el amparo de la alcaldesa Rita Barberá, que también se lo otorgó al expresidente de la Generalitat y está por ver si lo hace extensivo a sus otros cofrades, los saqueadores de Emarsa. A este paso hará senda a los juzgados.

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