Desde la banda

El candidato socialista por Valencia, Josep Moreno, analiza día a día la batalla de los partidos con vistas al 22-M.

Josep Moreno

En 1998 y después de una breve etapa como periodista abandona sus estudios de Derecho para dedicarse al asesoramiento en comunicación pública e institucional. Moreno (Riola, 1969) ha dirigido diversos proyectos y planes de comunicación para partidos políticos, instituciones públicas y empresas privadas. En este último sector se ha especializado en el campo de la aplicación de los estudios demoscópicos al diseño de estrategias de comunicación. Entre el año 2000 y el 2007 ocupó la dirección del departamento de comunicación del Ayuntamiento de Alaquàs y, posteriormente, fue nombrado jefe de gabienete de la misma institución hasta septiembre de 2008. Desde febrero de 2009 es el jefe de gabinete del secretario general de los socialistas valencianos, Jorge Alarte.

Algo habré hecho mal

23 de mayo. Algo habré hecho mal. Y lo digo sin segundas. No tengo ninguna intención de decirle a la madre de ningún niño con parálisis cerebral o a la familia de un enfermo de Alzheimer que no debían haber reclamado sus derechos como dependientes en esta comunidad. Aún así, he de reconocer que seguramente no me expliqué bien cuando proclamé que reconocer sus derechos era una parte fundamental de nuestra propuesta. La verdad, tampoco pienso claudicar en la lucha por la dignidad de las instituciones que me representan. Pero admito que, probablemente, algo no hicimos bien cuando Ángel Luna decidió dar la cara y junto a otros diputados socialistas impulsar la acción de la Justicia para perseguir hasta las ultimas consecuencias a esta banda de corruptos. Algo ha debido fallar cuando, a pesar de que fue Luna el único que se sentó en el banquillo para vergüenza y escarnio de quienes lo calumniaron y quienes colaboraron en la calumnia, no falta quien "twittea" que nunca hicimos nada. Ni se me pasa por la cabeza disuadir a ninguna madre, padre o alumno de que sigan exigiendo una educación digna, pero he fallado, sin duda, a la hora de transmitir que 40 de cada 100 niños sin formación básica es la peor de las ruinas a las que Camps ha condenado a esta sociedad. Estoy decidido a buscar hasta el último euro de los cientos de miles que Blasco extravió camino de Nicaragua, pero algo no fue bien cuando algunos de quienes afirman defender los derechos de aquellos a los que la corrupción condenó al hambre y al cólera tal vez no nos dieron su voto. Tendré que reflexionar, ver en qué fallé, pero les aseguro que no tengo intención alguna de desanimar a uno solo de los familiares de las victimas del metro, ni de decirle que su dignidad se perdió por el sumidero de una urna. Es cierto, algo habré hecho mal. Tendré que pensar en ello.

15.000 personas gritaron: "Libertad de expresión"

21 de mayo. Mañana se vota. Se vota en función de lo que se cree saber. Se cree saber aquello que te ha sido comunicado. Y si lo que te han contado es falso o tendencioso, quienes en última instancia decidieron tu voto son aquellos que decidieron que debias o no saber. En un sistema político moderno los medios de comunicación son el desfiladero estratégico cuyo control determina el éxito de la batalla. La "berlusconización" de la política consiste en asumir los principios formales básicos del sistema democrático para, desde la legitimidad del voto, pervertir el espiritu de la democracia y de las leyes que la sustentan. Como Berlusconi, Camps entendió que controlando aquello que los ciudadanos han de conocer resulta más fácil determinar el sentido mayoritario del voto. El primero construyó un imperio mediático que perfeccionó con el control de la televisión pública italiana. El segundo, arrasó lo poco que quedaba de la decencia informativa de Canal 9 y organizó un asqueroso mecanismo de extorsión y control de los medios de comunicación valencianos a través del manejo torticero del dinero público en forma de publicidad institucional o programas "prensa escola". Ya escribí, quien sabe si en mala hora, sobre una especie en mi opinión excesivamente abundante en el ecosistema periodístico valenciano. Pero hoy, cuando toca reflexionar sobre lo que se cree saber y lo que no, es el momento de reconocer y poner el valor el papel de los otros. De quienes dijeron no. De los que resistieron ante la presión de sus empresas para empujar la verdad hasta las rotativas. De quienes engañaron a los censores y conspiraron, sí conspiraron, en sus redacciones para buscar salida a una noticia incómoda. A los que pagan sus comidas. A los que no subastan su dignidad en la mesa de un Carrau cualquiera. A quienes nunca dijeron me la debes. A los que nunca nos amenazaron y los que no toleran amenazas. A los que informan con rigor y ética profesionales, a los que opinan en conciencia y libertad. Ayer, advertía de la importancia del voto para afianzar su libertad. Pero lo bien cierto es que el día en que ellos, los periodistas de verdad, desaparezcan definitivamente, lo peor no será que usted habrá dejado de ser libre, lo peor es que ni siquiera se habrá enterado.

La importancia del inglés

¿Ópera bufa o se la bufa la ópera?

Entre Marbella y El Cairo

La pena del Bigotes

17 de mayo. Llora El Bigotes por los arrabales de la Plaza. Visita de incógnito un escenario delque un día fue dueño. Se desliza entre los collares de perlas de las kaleborritas, buscando acomodo en el tendido de sol y acaba sentado entre un presunto acosador sexual que le ofrece unas presuntas bragas de Christian Dior para enjugar sus lágrimas y un señor de gris que vive en el pasillo. Suena la fanfarria y salen por toriles quienes en otro tiempo buscaban cerca de la ingle la auténtica dimensión del amor que le profesaban. Distingue en primera fila a la crème de su antigua cuchipanda. Intenta identificar a su sustituto entre quienes susurran ahora en los oídos del president. Pero no atina a discernir una caricia, una sonrisa, un gesto que les caracterice o les distinga de un simple recadero. Sonríe un instante pensando en que nadie ha podido reemplazarle en el corazón de Camps. Comienza el espectáculo. Sale Rita. Una voz le ordena que se levante de su asiento para facilitar el paso de un nutrido grupo de jóvenes. Traen la cabeza afeitada y tatuada en la piel llevan la nostalgia de un pasado que no conocieron y al que atribuyen bondades raciales que estimulan la testosterona con la que hoy sellan sus lazos de hermandad. Le apartan con desprecio hiriéndole en la hombrera de su cazadora de ante. Al fin, El Bigotes levanta la vista buscando en el infinito el límite de su pena. Ni una nube. Dos gaviotas enamoradas sobrevuelan el coso taurino, mientras Rita acaba bramando al cielo. Ahora le toca a Paco. Paco...

Rajoy in the square

Si la conocieran…

15 de mayo. ¿Usted ha visto alguna vez a Rita Barberá? No me refiero a las fotografías que inmortalizan sus actos oficiales, ni al seguimiento de Canal 9 a toda procesión o actividad folclórica a la que asista la alcaldesa, ni siquiera a sus apariciones controladas para besar niños y abuelos en los parques o centros de mayores que inaugura a mayor gloria del Plan Zapatero. Estoy hablando de verla en persona, en la cola del cine, en el supermercado o paseando por las calles de la ciudad de la que es alcaldesa desde hace casi 20 años. ¿Verdad que no? Sólo encuentro dos explicaciones a su incomparecencia: la primera, que a Rita Barberá le asustan los valencianos. Una hipótesis respaldada por lo poco que se relaciona con los ciudadanos, especialmente con los que no piensan igual que ella. Los vecinos del Cabanyal o las víctimas del accidente de metro pueden dar fe. También el hecho de que las kaleborrita, su particular guardia pretoriana, copen los palcos del hemiciclo para impedir la presencia de vecinos cabreados. Sólo ese desinterés por la ciudad explicaría que desaparezca de la escena pública cada día a las 6 de la tarde y todos los fines de semana. La segunda, que Rita Barberá se esconde. O mejor dicho, la esconden para que los potenciales votantes no vean a la de verdad, a la Rita desbocada y soberbia que aparece cuando se siente segura, sin la molesta presencia de ciudadanos o con la de medios afines. La Rita Barberá ebria de poder que lanza petardos contra los miembros de la oposición en Fallas, que en los plenos reconoce que lo mejor de su trabajo es meterse con Zapatero, o que mostró su cara más autoritaria en el pseudodebate con Joan Calabuig en canal 9. Esa es la persona colérica que su entorno oculta, aunque a veces se salga del corsé y se muestre tal cual. La persona a la que si todos conocieran, no votarían.

Han pinchado los agoreros

14 de mayo. ¿Qué dirán mañana todos los que vaticinaban el descalabro socialista en la Plaza de Toros? Más de uno en Génova y en la calle Quart se habrá puesto nervioso. No porque tengan miedo de no llenar el martes, el día que Rajoy vendrá a Valencia a bendecir de nuevo a la banda de imputados que forman la lista autonómica. Eso es seguro. Ya se encargará Blasco de extorsionar a los mas vulnerables para conseguir el atrezzo necesario como ya lo hizo en ocasiones anteriores. Ni porque los socialistas hemos mostrado una capacidad de movilización de la que sólo los panfletos de extrema derecha dudaban, obsesionados como están por pitar el final de un partido al que todavía le queda un largo segundo tiempo. Hoy de nuevo se han dado de bruces contra una realidad que se empeñaban en negar: que la gente en esta Comunitat no es como ellos, que en esta tierra la mayoría de los ciudadanos y ciudadanas somos gente honrada, y que a la gente, cuando se le habla a la cara y con la verdad por delante, responde. Ni todos los trajes de Camps valen (en el sentido de Machado) una ínfima parte que la camisa del abuelo de Alaquàs que escuchaba, con los ojos empañados de emoción, el alegato por la dignidad del que un día fue su alcalde en la plaza de toros de Valencia. Un sencillo ejercicio de democracia, que es lo que hoy ha sucedido, les ha puesto de los nervios. Porque a pesar de los toros resabiados, de los espontáneos, de no tener traje de luces, mientras ellos lucen varios y hechos a medida, pese torear siempre sin cámaras de televisión, Alarte hoy ha hecho una gran faena. Me pregunto qué harán ahora con la piedra los que han pasado la semana tensando la catapulta.

Razones para una plaza

Con Murcia

Una entrevista ligera

La musa en campaña

10 de mayo. Al contrario de lo que sucedía con Dorian Gray, el retrato electoral mejora notablemente la apariencia real de Rita Barberá. Fíjense, si no, en las vallas que desde hace unos días han inundado la ciudad, en las que una juvenil Barberá parece totalmente ajena al amenazante lema del PP. Su lifting nada tiene que envidiar al de los carteles de su maestro y mentor Fraga en las autonómicas de 2003. Lejos de reflejarse en la imagen la edad y los pecados de la protagonista, como en la novela de Oscar Wilde, las fotos de la actual alcaldesa revelan la misma firmeza y frescura de cuando el alcalde franquista Vicente López Rosat le nombró Musa del Humor, allá por 1973. Es lógico que Rita Barberá utilice en esta campaña una foto que parece de la época en que trabajaba en el Gobierno Civil. En su mente, todo tiempo pasado fue mejor. De ahí que se negara a retirar a Franco el título de alcalde honorario, o la afición por la censura que ha mostrado repetidamente, como cuando impidió la celebración de la fiesta-mitin convocada para recibir junto al edificio Veles e Vents el barco Woman on Waves, o el veto a la fiesta de Halloween que Salvem el Cabanyal anunció en las naves del Greenspace. Mientras Camps se descompone en los carteles, ella rejuvenece luciendo ese desafiante cardado en el que puede ocultarse la mitad de las facturas de EMARSA. Tal vez se trate de una estrategia de su legión de asesores para lanzar definitivamente como sucesora de Camps a la exmusa del humor. Mírenla. Pasan los años, y ella con la misma foto. Pasan los siglos, y ella con las mismas ideas.

Francisco Burns

9 de mayo. A los que me conocen, no les extrañará que les diga que ayer decidí acudir al mitin de Castellón conduciendo mi motocicleta. Me dirigía hacia la salida norte de la ciudad, cuando al emerger de un túnel apareció súbitamente ante mis ojos, anclada en el ajardinado perímetro de una rotonda, la valla del imputado Camps. ¡Santa María la Mayor, patrona de Riola y Roma! ¿La han visto? !Pero si es el Sr. Burns! ¿Qué han bebido los 110 talibanes que le asesoran para obviar el evidente parecido con el malvado jefe de Homer Simpson? Y sobre todo... ¿qué significa ese eslogan, "Centrado en ti"? Perdona... ¿encima me amenazas? Con sus ojos clavados en mi nuca aceleré, pero sin conseguir alejar aquella imagen de mi, ya por de si, atormentada mente. Se me ocurrió cambiar de sentido, parar el tráfico y advertir, especialmente a los monovolúmenes cargados de niños que se dirigían a la fatídica rotonda, que subieran las cortinillas o cubriesen las ventanas con los parasoles de Bob Esponja para evitar a los menores la visión de aquel sujeto amenazante capaz de tirar por tierra horas y horas de terapia del Dr Estivill. No pude. Al llegar a Castellón discutí con mi amigo Víctor Sahuquillo sobre la conveniencia de ceder todos nuestros espacios electorales al Partido Popular si se comprometían por escrito a ocuparlas con esa catedral del contrasentido que es ver "Camps" y "centrado" en una misma valla. Ya sé que Víctor, que es un tipo sensato, no me hará caso. Pero al volver a Valencia y reencontrarme de nuevo con aquella funesta efigie entendí que con todo, lo más siniestro de la valla es su sardónica sonrisa. ¿De que se ríe este hombre?, pensé. Entonces recordé lo que un día me contestó un amigo al responder a la misma pregunta: Camps no se ríe, es que llora así.

Abuelito, dime tú.....

Llámalo Camps

7 de mayo. Alarte ganó el debate. Y no lo digo movido por la ceguera de amor masoca que demasiado a menudo nubla el juicio de los asesores políticos. Mi afirmación se sostiene en un dato empírico e irrefutable: Los informativos del canal 9 no han dedicado ni un minuto a lo acontecido la noche anterior en su plató numero 1. Si existiese la mas remota posibilidad de reinterpretar lo sucedido la noche del viernes en una clave positiva para el imputado Camps o destructiva para el candidato Alarte, no duden que los informativos de la televisión pública valenciana hubieran relegado su habitual noticia de portada en plan “es cull a Benifassell de la Marxeta la carabassa més gran de la Comunitat", por un apasionado relato del triunfo de Camps en el debate, lleno de esa épica palletera que tanto excita al President. Pero la verdad fue otra y la noche anterior se vio en televisión un Camps más preocupado por que la otra correa, la que le sujetaba los pantalones a la altura de las amígdalas no fuese la involuntaria protagonista del debate. Se vio un Camps desnortado en su discurso de cartón piedra que ni él se traga. Le acompañó durante toda la velada una bolsa de papel junto al atril, seguramente cargada con la munición preparada por los 110 propagandistas que según cuentan tiene a sueldo en su palau. La noche terminó sin que se inclinara para desvelar el misterio del contenido de la dichosa bolsa, bien porque le faltó el valor necesario para echar mano de la metralla, o porque no se sintió el "poc honorable" en condiciones de forzar la columna vertebral de su discurso después de tanto sopapo recibido a lo largo del debate. En justicia, no lo tuvo fácil el candidato del PP. Cuando tu solo nombre es el mejor argumento para desacreditar tu discurso resulta difícil expresarse con convicción. Bastó con que Alarte recordara a la audiencia que quien hablaría a continuación era el mismo que negó conocer al Bigotes. Bastó con que les recordara que el último en hablar se llamaba Camps.

Jaraba en la portería

6 de mayo. Como aquellas viudas de la gloriosa cruzada a las que el régimen franquista indemnizó con una conserjería desde donde dar rienda suelta a su resentimiento y habilidades delatoras, Jaraba ha sido obsequiado con la portería de Canal 9 por los servicios prestados al régimen de Camps. Vigila con celo la puerta del edificio mientras tararea coplas de taberna marcando el ritmo con el palo de la fregona que "Peter" le dejó en herencia. Apoyado en el quicio del portal, decide quién pasa y quién no al lustroso edificio que custodia. Así, las puertas que un día se abrieron para que Correa pudiera “sonorizar” la palabra del Santo Padre y que vieron pasar al Bigotes embelesado tras las esferas infinitas de su mama chicho; la reja que cruzó Pedro García al partir camino de Marraquech; las mismas puertas que, día tras día, cruza ufano el imputado Sanz dejando a su paso un reguero de asco, esas mismas puertas ayer se cerraron de nuevo para impedir el paso a Marga Sanz, como ya lo hicieron antes para Carmen Ninet y Mònica Oltra. Se acerca la hora de comer en la portería, y mientras Jaraba cocina a fuego lento el puchero del mediodía canturrea, alegre, "La bien pagá".

A medida de Nerón

5 de mayo. A medida, como los trajes. Ese es el debate que se ha diseñado Camps en Canal 9 para esta noche. A medida, con un moderador -vamos a ser elegantes- poco imparcial y la campaña apenas estrenada. Lo de Carrau, en fin, no esperaba menos, pero la cuestión realmente inquietante es por qué Camps y su equipo quieren un debate tan prematuro. ¿Para volver a hablar cuanto antes para sí mismo y que el día 22 ya nadie se acuerde de la farsa? La respuesta, la de verdad, es que saben que el segundo día será peor que el primero, y el tercero, peor que el segundo. Saben que quince días de campaña dan para mucho y que en su caso no hay margen para nada bueno: nuevas imputaciones, la confirmación de la quiebra que se vislumbra en el horizonte, o el Cobrador del Frac acampado a las puertas del Palau son amenazas reales que condicionan sus decisiones porque saben que pueden hacer más interesante y abierto tanto el debate, como el resultado de las elecciones. Ganar tiempo para evitar dar la cara en medio del temporal y para recuperarse del daño provocado por la irreprimible tendencia de Camps al ridículo son las razones por las que hurtan a valencianos y valencianas un debate genuino. Las mismas que rigen su actuación desde hace ya tiempo: seguir tocando la lira mientras Roma se incendia.

Josep Moreno, jefe de gabinete del secretario general del PSPV, Jorge Alarte.
Josep Moreno, jefe de gabinete del secretario general del PSPV, Jorge Alarte.EL PAÍS

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