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Los hosteleros critican que la Generalitat planee inspeccionar el uso del catalán en sus locales en plena crisis

La dirección general de Turismo puede imponer multas si las empresas no cumplen la Ley de Política Lingüística

El tópico acierta: Pasearse por los bares, restaurantes y hoteles del Paseo de Gracia o las Ramblas, en pleno centro turístico barcelonés, equivale a encontrarse con camareros y consumidores llegados de los cinco continentes. Catalán, castellano, y sobre todo inglés conviven en cartas y carteles y son sólo algunas de las lenguas que se usan. Si, a veces, falta alguna, es la catalana, porque los empleados de los locales, un grupo profesional que se nutre cada vez más de inmigrantes, la suelen entender pero no siempre la hablan.

Ésa es la lengua que, como mínimo, debería estar presente en cualquier establecimiento en Cataluña. De que también sea así en los locales turísticos se encargará la dirección de Turismo, en manos de Esquerra Republicana (ERC): Desde hoy hasta el 20 de marzo, 22 inspectores visitarán 500 negocios para comprobar si rotulan en catalán, como mínimo, y si pueden atender a los clientes en las dos lenguas oficiales de la Comunidad. La Ley de Política Lingüística precisa que sólo es necesario que haya una persona que pueda atender en catalán; es decir que lo entienda, no hace falta que lo hable.

Los inspectores no harán más que vigilar que se cumpla la citada ley, que desde hace 25 años es la base sobre la que se asienta el régimen idiomático de Cataluña. Si hay propietarios que no lo hacen y en tres meses no rectifican, les podrán multar con hasta 600 euros.

El sector tiene mayores problemas que atender en catalán, opinan las asociaciones de empresarios. "Este idioma es un valor añadido en la restauración y el comercio, pero ahora no es el momento de iniciar esta campaña", cree Gaietà Ferràs, presidente del Gremio de Restauradores de Barcelona. Ramon Solsona, secretario de la a ref=" http://www.hostaler.org/ca/">Federación de Hostelería de Lleida, coincide en que la urgencia es apoyar al sector en estos tiempos de crisis. Por ejemplo, simplificando la multitud de normas a la que están sujetos los bares, restaurantes u hoteles, apunta.

Los camareros inmigrantes aceptan que se fomente el catalán

A las puertas del bar Zúric, uno de los puntos de encuentro más apreciados por los barceloneses, su encargado es algo más explícito: "Lo hacen [las posibles multas] para tocar los... me callo". Emilio nació en Marruecos, hijo de granadino, y a pesar de su contundencia ve "lógico, y casi, casi normal" que se fomente el catalán. De unos 50 años, voz ronca y camisa blanca, lleva "más de media vida" en Cataluña, habla castellano y es de los profesionales más reacios a dejarlo de hacer. Justo enfrente, en la franquicia de McDonalds de plaza de Cataluña, trabaja un camarero de la nueva hornada, formada en gran parte por recién llegados: Diego, uruguayo, vive desde hace seis años en el Principado. En un catalán impecable explica que no se cansa de escribir a la central de su empresa, en Madrid, corrigiendo las innumerables erratas que, asegura, contiene la publicidad en catalán que les mandan desde allí.

También habla catalán Afif, un marroquí que ha crecido en Cataluña y trabaja en la cadena de bufés libres FresCo. Dice saber árabe, francés, amazig, inglés, castellano y catalán, aunque algún cliente le ha reprobado que se le dirigiera en esta última lengua. "Háblame en cristiano", asegura que le han dicho. Diego y Afif son excepciones entre la nueva hornada de camareros, que suelen admitir sus dificultades para hablar a los catalanohablantes en su lengua. Pero muchos aseguran entenderla, y comprenden que se fomente. Marianela, argentina, es un caso. No habla catalán, pero no le molesta que los paneles del Dunkin'Donuts en el que trabaja estén exclusivamente en esa lengua. Sí que le molestó, por el contrario, que un cliente pretendiera poner una queja por eso.

Algunos de estos profesionales - ninguno propietario del lugar en el que trabaja - llegan incluso a entender las multas. Pero para muchos imponer sanciones es la frontera que no se debería cruzar. Comparten la opinión de Francesc Vives, secretario de la Asociación de Empresarios de Hostelería de la Provincia de Tarragona, que cree que "el método de sancionar no promociona el amor hacia la lengua, sino el rechazo" y se muestra "triste como empresario y como catalán".

Un spot que también fomenta el uso de la lengua

Mireia es brasileña, pero vive desde hace unos años en Cataluña. Y a pesar de trabajar en el Hard Rock Café de la plaza de Cataluña, imán de turistas que hablan de todo menos catalán, ella lo habla perfectamente. Lo oía en casa desde pequeña, porque sus abuelos eran emigrantes catalanes. Podría ser la protagonista del spot con el que la secretaría de Política Lingüística, también en manos republicanas, promociona el catalán por radio y televisión desde hace pocas semanas. Una de cal y otra de arena, o un palo y una zanahoria, como dicen los ingleses. Si el palo son las inspecciones de Turismo, la zanahoria es este anuncio que, bajo el slogan Encomana el català (contagia el catalán), pretende animar a los hablantes de esa lengua a usarla cuando se dirigen a los inmigrantes.

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