Altas capacidades, una divergencia más allá del cliché
La falta de formación en centros escolares, los estereotipos o la ausencia de consenso científico son problemas que enfrentan personas con habilidades por encima de la media


Pau, de 10 años, sostiene un cromo de Pokémon mientras camina de la mano de su padre, Pablo Iranzo. El padre explica que cuando le da por algo, siempre está con ese tema. “De más pequeño con los dinosaurios y ahora con los pokémons”, advierte. Iranzo, de 48 años, recoge a su hijo de un taller de costura; una de las tantas actividades que organiza la Asociación Valenciana de Apoyo a las Altas Capacidades, AVAST, todos los sábados en la Universitat Politècnica de València, la UPV.
El concepto de altas capacidades ha sustituido al antiguo superdotado. Aún no existe consenso científico para definir esta cualidad. AVAST recoge en su web una definición de Françoys Gagné, profesor de la Universidad de Montreal, en la que señala que “los estudiantes con altas capacidades son aquellos que poseen un potencial que les sitúa en el 10% superior a su grupo” en el dominio “intelectual, creativo, social o físico”.
“Cuando sale de clase le preguntas qué tal el día y te dice que bien. Ya no dice nada más. Pero a la hora de dormir te cuenta vida y milagros de cómo ha ido en el colegio con preguntas que de normal no ves en otros niños”, explica Iranzo. Este ingeniero informático explica que su hijo “de más pequeño leía libros de Física de la universidad”. “Trata temas que no son los habituales y profundiza más”, señala, y añade que en su caso, “como era el primero, no veías nada raro porque era el único niño que tenías en casa”.
Iranzo, que trabaja desde hace veinte años en una multinacional estadounidense, le evaluaron como persona con altas capacidades hace casi tres años, después de que se lo detectaron a su hijo. “Ves cosas en el crío que te suenan a cosas que hacías tú”, explica sobre lo que le motivó el interés por conocer su propia mente.
En 2023, Iranzo y su pareja llevaron a Pau a un centro “porque cuando era pequeño no pronunciaba bien la erre”. Allí “le detectaron algo” y “luego, nosotros al ver cómo reaccionaba a algunas cosas, decidimos llevarlo a evaluar” a un especialista en altas capacidades. El informático recuerda que lo comentaron en el colegio, pero “no se hicieron cargo”. Ahora Pau tiene acelerada una asignatura y cursa Matemáticas de quinto de Primaria, aunque está en cuarto.

Es un día soleado. El campus de Vera está lleno de padres y niños. Fernando Javier Martín, presidente de AVAST explica que la asociación consta de “2.000 socios”. En una de las aulas, un profesor explica lo que es una estrella zombie a un grupo de adolescentes. En otra, una veintena de niños aprende a hacer animación stop motion con juguetes y tablets. También participan adultos en los talleres, señala Martín, quien explica que las altas capacidades tienen un fuerte componente genético.
Rebeca Ponsoda, de 38 años, y Ernesto Herrero, de la misma edad, tienen tres hijos, de entre 11 y 7 años, con altas capacidades. Tienen además una cuarta hija, de cuatro años, que “aún no tiene edad para que se le evalúe bien”, señala la madre. “Nosotros [ella y su pareja] no estamos evaluados, aunque pensamos que también lo somos”, señala. “En nuestra época no se hacían esas cosas”, lamenta.
Dificultades emocionales y necesidades educativas
Eduardo Fuguet, de 19 años, ha participado durante muchos años en los talleres de AVAST. Ahora estudia el grado de Economía en la Universidad Católica de Lovaina, en Bruselas. Recuerda que las actividades de la asociación eran “un buen lugar de convivencia”. A Fuguet se lo detectaron de pequeño. “Fueron mis padres quienes se dieron cuenta. Me vieron algunas veces poco comunicativo y con intereses especiales. Entonces me llevaron a un psicólogo externo en Valencia, no fue algo relacionado con el colegio”. “Comúnmente desde que soy pequeño siempre he tenido problemas de ansiedad y de sensibilidad”, señala Fuguet.
A Fuguet, que aún no sabe a qué quiere dedicarse profesionalmente, le evaluaron como altas capacidades con 7 años. “Me ofrecieron la posibilidad de subirme un curso, pero la rechacé porque no me atrevía y me tendría que haber cambiado de centro”, explica.
Su madre, Trinidad Gramaje, que imparte un taller para padres y madres señala que su hijo “se fue huyendo del sistema educativo español”. “Él odia las clases magistrales donde no interactúa nada”, explica. “Me ha sorprendido ahora al ver libretas de mi hijo de bachillerato, que muchas solo tienen dibujos. Él aguantaba en la clase, pero ese aguante luego se traducía que cuando llegaba a casa... tenía que soltar ese nervio”, recuerda. La ley en España reconoce las altas capacidades en el grupo de Necesidades Específicas de Apoyo Educativo (NEAE).
Desmontando clichés
En la película Alta Capacidades (marzo de 2026) una pareja interpretada por Israel Elejalde y Marián Álvarez, tienen un hijo en Primaria sobre el que dan por hecho que tiene altas capacidades, sin que haya sido evaluado por nadie. La sospecha comienza cuando un profesor les cita para explicarles que su hijo hace cosas en clase que no son muy habituales como enseñar sus genitales. Pero finalmente, resulta que al niño únicamente le falta que le pongan límites. Las altas capacidades están rodeadas de clichés y desconocimiento.
Tradicionalmente se ha considerado que la superdotación o las altas capacidades se daban en alumnos con un Cociente Intelectual, CI, superior o igual a 130. La Consejería de Educación de la Junta de Andalucía, por ejemplo, en un manual de 2008 establecía ese cociente como criterio para considerar a los jóvenes como altas capacidades.
“Hace unos años la evaluación estaba centrada en el CI, que es una división entre edad mental y cronológica”, explica la psicóloga Cristina Bonet, especializada en altas capacidades desde hace más de treinta años. Bonet, que imparte un taller dirigido a padres y madres, explica que “gracias a la neurociencia hoy entendemos las altas capacidades desde una visión más global que incluye rasgos de personalidad, sensibilidades, capacidades emocionales e interiorización de valores”.
Bonet imparte también cursos de formación para profesores sobre altas capacidades. La tasa de fracaso escolar en niños y adolescentes con altas capacidades es alta. “Hay estadísticas variadas”, matiza la psicóloga que comenta que ha leído algunas de “del 70%”, señala sin darles mucha improtancia. Sobre el alto rendimiento académico, que no es sinónimo de altas capacidades, señala que “hay muchas formas de rendir como persona: a través de tus valores, de tus relaciones, de tus motivaciones, más que lo que es plenamente curricular”.
“En las altas capacidades hay mucha intensidad emocional y depende de cómo se gestione esa intensidad, se puede convertir en mayores niveles de ansiedad. Si se sostiene el tiempo, incluso de indefensión y de depresión”, señala Bonet sobre las dificultades psicológicas y emocionales que conllevan las altas capacidades. Aunque advierte de que no le gusta “identificar las altas capacidades con mayor afectación” y que no hay una mayor proporción de enfermedades mentales en personas con altas capacidades que en la media de la población.
Las personas con altas capacidades sienten de forma más intensa, explica. “El miedo, la preocupación es un rasgo”, pero también “la felicidad”.


























































