EDUCACIÓN

“La escuela rural tiene las respuestas para los desafíos educativos de la pandemia”

El profesor de Didáctica y Organización Escolar de la Universidad de Granada defiende las bondades de unos centros con ratios bajas y en los que los alumnos pasan mucho tiempo al aire libre

Juan Manuel Trujillo trabajó 14 años en escuelas rurales de Ciudad Real y Granada y es el director de Didáctica y Organización Escolar de la Universidad de Granada.
Juan Manuel Trujillo trabajó 14 años en escuelas rurales de Ciudad Real y Granada y es el director de Didáctica y Organización Escolar de la Universidad de Granada.

Juan Manuel Trujillo (Heidenheim, Alemania, 1972) es director del departamento de Didáctica y Organización Escolar de la Universidad de Granada. Con más de 14 años de experiencia previa en escuelas rurales de Granada y Ciudad Real, asegura que el sistema educativo debería aprender de las fortalezas de estos colegios de pueblo para superar muchas de las dificultades surgidas durante la pandemia.

Pregunta. ¿Qué ventajas tiene la escuela rural en este contexto?

Respuesta. Pone el foco más en las capacidades y competencias que en los contenidos, lo que llamamos el desarrollo competencial. Y construir ciudadanos capaces es clave para hacer frente a situaciones como esta. Las escuelas rurales suelen trabajar por proyectos, retos, resolviendo problemas de su entorno, involucrando a la comunidad. Eso desarrolla todas las competencias del currículo con alumnos muy implicados. El contacto con el medio, con el entorno, es más fácil y directo ofreciendo oportunidades mucho más significativas que en la escuela urbana. Por eso suelen ser más innovadores.

P. ¿Es más segura?

R. Por supuesto. Tienen ratios muy bajas y están constantemente saliendo al exterior y aprendiendo al aire libre, dos elementos condicionantes en la evolución de la pandemia. Deberíamos mirar más a la escuela rural porque allí están muchas de las respuestas para los desafíos educativos ante los que nos ha puesto la pandemia.

P. ¿Cuáles?

R. Que funcionan mejor los grupos con menos alumnos, que es más eficaz trabajar por proyectos, que debemos incorporar el entorno y el aire libre en la escuela... Y, además, es una oportunidad para que se engrandezca el entorno rural, para que volvamos a lo esencial. La gente está volviendo a los pueblos porque garantiza la salud, ofrece otro ritmo de vida y de aprendizaje más flexible.

P: ¿Y qué inconvenientes tiene?

R. La inestabilidad del personal, que no suelen ser del propio pueblo y están de paso. También hay algunos problemas de conectividad, según dónde se encuentren, y quizás el acceso a la cultura que está centralizada en las zonas urbanas, aunque también se pueden organizar actividades complementarias puntuales.

P. Las escuelas que trabajan por proyectos fueron las que tuvieron menor porcentaje de alumnos desconectados cuando cerraron los colegios. ¿Ocurrió también en la escuela rural?

R. Los problemas en la escuela rural fueron de conexión, pero también vimos a comunidades enteras volcadas en sacar adelante a sus alumnos con alcaldes llevándoles las tareas a sitios remotos. Porque la escuela rural no es solo el colegio, es la garantía de futuro, es una forma de vida, una manera de entender la comunidad y la responsabilidad comunitaria. Hay una mayor conciencia de colectivo que en la ciudad, donde esa responsabilidad se disipa.

“Deberíamos mirar más a la escuela rural porque allí están muchas de las respuestas para los desafíos educativos ante los que nos ha puesto la pandemia”

P. ¿Qué ventajas tiene para los alumnos?

R. Al ser grupos reducidos, es mucho más personalizada la educación, es más habitual que trabajen en torno a los intereses de los estudiantes. Al trabajar resolviendo problemas, los alumnos son mucho más autónomos, y eso, por ejemplo durante el cierre de las escuelas, se notó; eran menos dependientes. Otra ventaja es que, al ser grupos intergeneracionales, hay un proceso de aprendizaje entre iguales que hace la enseñanza más efectiva. Y la escuela los capacita como agentes del cambio. En realidad, el colegio rural es la prolongación de una forma de vida que se relaciona con su entorno y su comunidad. Hay más compromiso para lo social, un mayor orgullo de pertenencia. Y eso fomenta un alumnado más responsable de lo que son los niños de la ciudad. Les importa mucho lo próximo, su localidad, su colectivo y ejercen un ejercicio de ciudadanía más responsable, más de cuidados, que en tiempos de pandemia es clave.

P. ¿Qué recuerda de su etapa de maestro rural?

R. Me viene a la cabeza la palabra felicidad: la unión de la persona con su entorno, un entorno en el que todos cuentan y todos son partícipes de los procesos. También recuerdo mucha libertad e imaginación en el desarrollo curricular. No necesitaba demasiados materiales, la gente se valía de lo que había, y los alumnos tenían necesidades más sencillas. Todo es más vital, más esencial, menos materialista. Y me hacía mucha gracia que el programa favorito de mis estudiantes era Jara y Sedal. ¡No se lo perdían!

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