La crisis del coronavirus

La educación física, en un terreno de incertidumbre por la covid-19

Los profesores de deportes preparan sus clases en medio de protocolos ambiguos, marcados por la distancia y las mascarillas

Uno de los nuevos espacios en obras del Colegio La Milagrosa, en Santiago de Compostela, para adaptarse las nuevas medidas para evitar la propagación del COVID-19, el 1 de septiembre
Uno de los nuevos espacios en obras del Colegio La Milagrosa, en Santiago de Compostela, para adaptarse las nuevas medidas para evitar la propagación del COVID-19, el 1 de septiembreOSCAR CORRAL / EL PAÍS
Santiago de Compostela - 09 sep 2020 - 18:15 UTC

La maquinaria interrumpe la explicación de Luis Regueiro a su paso por los pasillos del colegio que dirige. El centro concertado La Milagrosa, en Santiago de Compostela, comenzará el curso renovado. Regueiro fue precavido y encargó una reforma total del edificio en mayo. Las obras siguen su marcha contra reloj para dejar los nuevos patios, aulas y pabellones listos para recibir a los niños. La reforma servirá para cumplir con las medidas de seguridad que exige la asignatura de educación física. “Queríamos asegurar la distancia en los espacios libres”, sostiene. Aun así, admite que será complicado. Ese es el adjetivo con el que la mayor parte de docentes describe cómo será la materia este año. Se eliminarán los equipos de apoyo, los juegos en grupo serán reemplazados por ejercicios individuales y la libertad por el orden.

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Toni Márquez Blanco, el profesor de educación física del colegio, ha diseñado por su cuenta el protocolo para trabajar en los nuevos patios. La ratio será la misma que en las demás asignaturas: el colegio mantendrá grupos burbuja de cinco alumnos para los niños de hasta seis años y en las demás clases contará con 25. Para él, el mayor desafío no es adaptar los contenidos, sino limitar la libertad de movimiento en clase. Lo que más le preocupa es evitar que los niños jueguen juntos entre ejercicios, por lo que trabajarán de forma alterna. Por ejemplo, para ejercitar botes de balón, los niños tendrán que turnarse y así evitar que se rompan las filas si alguien pierde la pelota. “Será mucho más aburrido para ellos”, asegura.

Una de las tareas más complicadas, según el docente de La Milagrosa, es eliminar el trabajo en equipo sin que afecte negativamente la motivación de los alumnos. En esto está de acuerdo Mónica Aznar, vicepresidenta del Consejo General de la Educacion Fisica y Deportiva (COLEF), quien también teme que se pierdan algunos contenidos: “Una parte fundamental de la asignatura es la que trabaja los valores, la dimensión social y psicológica de los niños”. Sin embargo, Aznar admite que ahora mismo la prioridad está en garantizar que la materia sea segura para los estudiantes y en interpretar los ambiguos protocolos de las comunidades autónomas.

El uso de las mascarillas es una de las áreas grises en las guías de las consejerías. Márquez la exigirá en su clase. La Xunta de Galicia la considera obligatoria a menos que se realice en el exterior, de manera individual y a más de dos metros de distancia. Sin embargo, Aznar es contraria a esta medida. Teme que limite la actividad física, ya que puede ser peligroso usarlas en ejercicios intensos. Esto le preocupa porque considera que otra de las prioridades es recuperar la condición física de los alumnos, tras varios meses de confinamiento. La misma guía de la Consellería de Educación de Galicia limita el uso obligatorio en los casos en los que sea perjudicial para la actividad. Pero esto sigue estando en manos de los profesores, ya que las medidas planteadas por los gobiernos autonómicos tienden a ser generales y ninguna otra especifica su uso para los deportes.

El colegio concertado de La Milagrosa afronta obras para adaptarse las nuevas medidas de seguridad.
El colegio concertado de La Milagrosa afronta obras para adaptarse las nuevas medidas de seguridad.OSCAR CORRAL / EL PAÍS

Borja Vásquez, que trabaja en unos de los institutos públicos más grandes de Santander, se queja de la ambigüedad. “La Consejería [de Educación de Cantabria] solo incluyó tres párrafos sobre deportes en su protocolo, y todo muy general” asegura Vásquez. La guía del Gobierno cántabro contempla una distancia de seguridad de tres metros para la asignatura en espacios cerrados. Vásquez lo tiene difícil. Decidió dividir su clase en dos partes y en dos grupos para que los estudiantes quepan en el gimnasio sin romper con la norma. Durante la primera porción de la clase, la mitad hará ejercicios que no impliquen movimiento y la otra mitad recibirá una formación teórica, luego cambiarán.

“Estoy seguro de que los niños pueden buscar mejores soluciones que los políticos”

Marta Jiménez Fernández, docente de un instituto público en Alcalá de Henares, también espera tener la posibilidad de dar clase fuera. Este centro madrileño contará con 23 estudiantes por clase, lo mismo para educación física. Tendrán flujos de entrada y salida a los vestuarios para evitar aglomeraciones entre distintos grupos de clase en los cambios de hora. Los estudiantes de primero y segundo de la ESO tendrán clases presenciales y los mayores semipresenciales. Para esto tendrán acceso a una guía de ejercicios para acondicionamiento físico en casa y deberán registrar su avance en un diario. La profesora descarta por completo el uso de mascarilla en su clase, quiere que sea un espacio en el que los alumnos olviden por un momento la pandemia y respiren con libertad, pero reconoce que sus compañeros sí lo plantean. No le preocupa que el trabajo individual afecte a sus estudiantes porque en su clase sí se trabajará por equipos, manteniendo la distancia. “La educación física es puro juego y casi todas las actividades se pueden adaptar sin que haya contacto físico”, agrega.

Jiménez también usará material de apoyo. Los alumnos deberán colocarse gel hidroalcohólico antes de tocarlo y se desinfectará completamente al iniciar cada semana. Vicente de Becerra, maestro gallego de esta asignatura con más de 30 años de experiencia, hará lo contrario. El docente de un instituto público de Vigo dedicará su clase a los ejercicios de condicionamiento físico individual. Enseñará a los estudiantes a diseñar su propia rutina de ejercicio con elementos de bajo coste que puedan tener en casa: gomas, bolsas de arroz y elementos similares. A él sí le preocupa que sus alumnos no puedan trabajar en grupo: “La clase de educación física es mucho más que trabajar cualidades motrices y condición física”, dice.

De Becerra formó parte de la primera generación de profesores de deportes obligados a opositar en España. Entiende, por los años de experiencia, que la asignatura importa muy poco a los gestores educativos: “Estoy seguro de que los niños pueden buscar mejores soluciones que los políticos”. Ante la incertidumbre que dejan los protocolos oficiales, los profesores de educación física se han apoyado mucho en sus colegas para diseñar el currículo este año. De Becerra es uno de ellos quien, al igual que Toni Márquez Blanco, revisó una guía de seguridad diseñada en julio por el COLEF.

Aznar asegura que pusieron el documento a disposición de la ministra de Educación, Isabel Celaá, mediante carta para que se distribuya entre consejerías y centros educativos. Sin embargo, Borja Vásquez y, Marta Al-Satt no tuvieron acceso a este recurso. Para Vásquez, la tónica general es de improvisación y las medidas de última hora. “Desde el confinamiento hemos tenido mucho tiempo para plantear alternativas que no se están llevando a cabo”, asegura. Vicente de Becerra opina que no se ha priorizado la salud de los profesores: “Nos han puesto como a los médicos, pero sin EPIs”.

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