Opinión
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El glaucoma universitario

España debería seleccionar unos cuantos sectores productivos en los que sobresalga y concentrar en ellos los esfuerzos de financiación para los centros de educación superior

Imagen del campus de Vicálvaro de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid.
Imagen del campus de Vicálvaro de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid.ANDREA COMAS

Han sido numerosas las opiniones que aparecieron últimamente en torno a la situación de la Universidad española, aunque son muy pocas las que presentan soluciones realistas. Son ampliamente debatidos los temas de falta de financiación, la endogamia, la precariedad, la atracción de talento, etcétera. Estando de acuerdo con muchos de estos análisis, creo que son indicadores secundarios que no se resuelven por sí solos sin antes hacer unos cambios en profundidad.

Los medios se felicitan por la mejora de nuestras universidades en los rankings internacionales. Es cierto que últimamente hemos subido en los mejores: ARWU, QS, THE, etcétera. Pero también es cierto que nuestra posición no corresponde a nuestro desarrollo económico. España, con un PIB de 1,24 billones de euros, se encuentra muy por debajo de países con riqueza similar como Canadá, Corea del Sur, Australia, Países Bajos. España, según ARWU 2019, solo cuenta con una universidad entre las 151-200 mejores del mundo, mientras Canadá tiene nueve, Corea del Sur dos, Australia ocho y Países Bajos nueve.

Este retraso se debe fundamentalmente a que no competimos en igualdad de condiciones con las universidades de nuestro entorno. En el caso de las universidades técnicas españolas, la Politécnica de Madrid (35.291 alumnos) y la Politécnica de Cataluña (33.031) tienen unos presupuestos de 354,9 millones de euros y de 295 millones, respectivamente, mientras la Universidad Técnica de Eindhoven cuenta con un presupuesto similar, de 329,5 millones, pero para solo un tercio de alumnos (11.295); el Instituto de Tecnología de Estocolmo (KTH) cuenta con 507,3 millones para 13.500 alumnos; y Instituto de Tecnología de Karlsruhe (KIT) tiene 844 millones para 24.778 alumnos.

Está claro que la financiación de nuestras universidades esta entre tres y seis veces por debajo de las similares en Europa. Imagínense el salto que podríamos dar si de repente las universidades españolas multiplicarán por dos o tres sus presupuestos. Pero creo que todos tenemos claro que esto es imposible a corto y medio plazo. Por tanto, ¿qué podemos hacer para competir en igualdad de condiciones con las mejores universidades?

Recuerdo las palabras que nos dirigió en 2001 Jong-Yong Yoon, CEO de Samsung Electronics. Lo que nos vino a presentar es que la compañía abandonaba todos los negocios tradicionales, incluidos algunos rentables, para centrarse en la fabricación de pantallas planas. El objetivo era, con una colaboración público-privada, ser líderes en ese sector. Hoy en día, la mitad de todas las ventas de televisores en el mundo corresponden a dos empresas surcoreanas.

Volviendo a la cuestión que nos ocupa, está claro que, con incrementos anuales, aunque sean generosos, el problema de la competitividad de nuestras universidades no se resolverá a medio plazo. Parece que la única solución, aprendiendo de Alemania, Francia, Suecia, es concentrar los esfuerzos. Debemos abandonar la política de “café para todos”. Las universidades no pueden seguir financiándose fundamentalmente por el número de alumnos y los planes de I+D no pueden priorizar todas las áreas de conocimiento.

En este sentido, tuvimos ejemplos en el pasado con buenas intenciones, pero con nefastos resultados. La iniciativa de Campus Internacional de Excelencia (CEI) puesta en marcha en 2009 perseguía apoyar a las mejores universidades, pero al final, por presiones de toda índole, la inmensa mayoría de universidades de este país fueron CEI, es decir, internacionales y excelentes. Y además con exiguos incrementos del orden del 1%-2% y fundamentalmente en ladrillo.

España, con su nivel económico medio (puesto 13 del mundo en el PIB), no puede apostar por todas las áreas. España debería seleccionar, valiéndose de criterios objetivos, unos cuantos sectores productivos en los que tenemos una posición puntera (aeronáutica, automóvil, ferroviario, banca, por señalar meros ejemplos) y las áreas científico-tecnológicas en las que somos fuertes (materiales, robots inteligentes, trasplante de órganos, comunicaciones...) y focalizar la financiación de las universidades y de los planes de investigación y desarrollo con incrementos sostenibles en el tiempo, del orden de 10%-20% anual.

Solo concentrando los esfuerzos en sectores y áreas estratégicas España podrá tener unas universidades realmente competitivas y de vanguardia. De seguir como estamos tendremos el “café para todos” y seguiremos lamentándonos de la ceguera universitaria española con una visión borrosa de los problemas y soluciones. Por ello, es hora de mirar hacia delante y luchar contra nuestro glaucoma universitario con una cirugía valiente, moderna y precisa.

Carlos Balaguer es catedrático de la Universidad Carlos III de Madrid

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