El BBVA paga un alto coste por su pasión turca

La entidad se deprecia en 4.600 millones en Bolsa en una semana tras anunciar una opa sobre el Garanti por 2.250 millones de euros

Carlos Torres, presidente de BBVA, y Onur Genç, consejero delegado del banco.
Carlos Torres, presidente de BBVA, y Onur Genç, consejero delegado del banco. Pablo Monge

Las declaraciones de los directivos del BBVA, Carlos Torres, presidente, y su consejero delegado turco, Onur Genç durante esta semana intentaron transmitir tranquilidad a los analistas (ante los periodistas no han comparecido), pero sin éxito. Desde el lunes pasado el valor del banco en Bolsa ha caído en unos 4.600 millones, un 14%, aunque en el año acumula una revalorización del 32%. La caída se inició al anunciar el lanzamiento de un opa por el 50,15% del capital que no posee de su filial turca, Garanti, con una inversión aproximada de 2.250 millones.

“El BBVA ha pagado caro su enamoramiento de Turquía; ha redoblado su apuesta en un momento en el que nadie lo hubiera hecho”, apunta un analista que pide el anonimato, como algunos más consultados para este artículo. Es cierto que el banco cuenta con liquidez extra tras recibir 9.700 millones por su filial de Estados Unidos, pero los expertos recuerdan que la lira turca ha perdido el 28% de su valor en el año y que no hay indicadores que permitan ver una recuperación a medio plazo, sino todo lo contrario.

Todos los analistas consultados coinciden en que el problema es que el presidente Recep Tayyip Erdogan dirige, de manera indirecta, el Banco Central, y que lo hace con un criterio equivocado: baja los tipos de interés (esta semana los pasó del 16% al 15%), lo que provoca que se deprecie la lira frente al dólar y al euro porque se van los inversores internacionales que no quieren asumir el riesgo de la deuda y moneda turca.

Este movimiento encarece los bienes comprados fuera del país en el billete verde (que son muchos porque el país tiene pocas materias primas y se centra en el ensamblaje y transformación de productos) lo que sube la inflación, que ya está casi al 20%.

Salarios congelados y subida de precios

Ante esta situación, los empresarios congelan salarios para compensar la subida de precios de las materias primas, lo que provoca un empobrecimiento de gran parte de la población, algo que está generando un fuerte malestar político. Desde el punto de vista bancario, es un panorama que no favorece el crecimiento del crédito porque se eleva el riesgo de incrementar la morosidad.

Simon Harvey, analista de FX de Monex Europe, cree que el gran riesgo para el horizonte a medio plazo “es lo que ocurra en los próximos meses cuando la inflación continúe subiendo hacia su máximo. Si el Banco Central continúa cediendo a la presión política del presidente, puede ser una pendiente resbaladiza para la moneda y es probable que se produzca una crisis monetaria en toda regla”.

Eirini Tsekeridou, analista de renta fija de Julius Baer, añade que ya “no queda credibilidad en el banco central para hacer lo necesario para combatir la alta inflación. El presidente Erdogan tiene la opinión de que los altos costos de los préstamos están provocando que la inflación se mantenga alta, y su revisión de la política monetaria se ha consolidado, a pesar de los esfuerzos del banco central por demostrar lo contrario”.

Una opa más barata, pero perspectivas peores

Para los próximos meses, este analista apuesta por “recortes adicionales de tipos en diciembre, y es probable que se produzcan más en los próximos meses, un acontecimiento que seguirá manteniendo la volatilidad de los activos turcos”.

Es cierto que esta caída de la lira abarata el precio de la opa, ya que pagará en liras turcas, pero también deprecia los activos del Garanti -la deuda pública, de empresas y particulares- y al BBVA le costará más liras obtener euros de beneficio cada mes.

La prueba de la depreciación de la economía turca y del Garanti es que desde 2011, incluyendo la inversión inicial y las depreciaciones asumidas, el BBVA ha invertido 8.748 millones por el 50% del banco y ahora ofrece 2.450 millones por el otro 50%. En total, podría invertir 11.200 millones de euros, su mayor operación, aunque no la más rentable, que sigue siendo Bancomer en México a mucha distancia.

Algunas analistas creen que la mejor justificación de la operación es que antes ya asumía el 100% del riesgo si había que rescatar al banco, pero solo se llevaba el 50% del beneficio. Ahora se quedará con todo el resultado, ya que asume todos los peligros. El BBVA afirma que, desde su desembarco en Turquía, hace 10 años, ha logrado beneficios de 5.200 millones.

La advertencia del gobernador

Garanti amargó la celebración del día del inversor al BBVA, celebrado el pasado jueves. Pese a que la entidad anunció una subida del dividendo hasta el 50% del beneficio, frente al 40% de límite anterior, la acción cayó más de un 5%. Carlos Torres, presidente de la entidad, admitió la situación complicada en Turquía pero insistió en la bondad de la operación.

“Si bien existen considerables riesgos macro y geopolíticos a corto plazo, que crean incertidumbre e impactan en el sentimiento de los inversores, creemos en el potencial de crecimiento a largo plazo de Turquía, su bono demográfico, la sociedad emprendedora y la importancia geopolítica en un contexto global: población joven y en crecimiento: alrededor de 84 millones de habitantes con una mediana de edad de 32 años frente a una mediana de edad de 43 años en los 15 principales países de la UE”, dijo a los analistas.

Torres insistió en las buenas perspectivas a largo plazo “con todavía margen para el crecimiento bancario ante el bajo ratio de deuda de los hogares sobre el PIB: un 17% en Turquía frente al 69% de promedio en la UE”.

Pese a todo, los inversores parecían estar más de acuerdo con las advertencias del gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos, que esta misma semana dijo en Madrid: “La diversificación geográfica es positiva para los bancos, pero hay que hacerla con cuidado, valorando adecuadamente la jurisdicción y el mercado en el que se invierte”.




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Íñigo de Barrón

Es corresponsal financiero de EL PAÍS y lleva casi dos décadas cubriendo la evolución del sistema bancario y las crisis que lo han transformado. Es autor de El hundimiento de la banca y en su cuenta de Twitter afirma que "saber de economía hace más fuertes a los ciudadanos". Antes trabajó en Expansión, Actualidad Económica, Europa Press y Deia.

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