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La guerra del litio se desata en Extremadura

La existencia de dos minas y la conveniencia de su explotación altera la convivencia en la comunidad, que ha apostado por una planta de baterías

La ministra de Industria, Comercio y Turismo, Reyes Maroto, y el presidente de Extremadura, Guillermo Fernández Vara, en Fitur 2021.
La ministra de Industria, Comercio y Turismo, Reyes Maroto, y el presidente de Extremadura, Guillermo Fernández Vara, en Fitur 2021.ISABEL INFANTES (Europa Press)

El litio, ese metal alcalino de color blanco plateado que en la tabla periódica de elementos se estudiaba de carrerilla en el grupo de los que tenían una valencia (hidrógeno, litio, sodio, potasio, rubidio, cesio y francio) y cuyo número atómico es tres, se ha convertido en objeto de deseo desde que la Comisión Europea lo declaró materia prima estratégica. Resulta que el hidróxido de litio es clave en la fabricación de baterías para automóviles eléctricos y Europa quiere reducir la dependencia de China y Latinoamérica y explotar yacimientos en su territorio.

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Ahí entra en juego Extremadura, donde, de momento, existen dos yacimientos listos para su explotación y un proyecto para instalar una planta de baterías, anunciada por el presidente regional, Guillermo Fernández Vara, por otra parte enfrascado en una pelea por atraer a la región a alguna firma automovilística. El pasado miércoles se encontró con la ministra de Industria, Reyes Maroto, en la internacional feria de turismo Fitur de Madrid y tuvo la oportunidad de intercambiar impresiones, además de turismo, sobre los proyectos vinculados al litio y a la industria automovilística que tanto persigue.

Las dos minas se encuentran en la provincia de Cáceres, una en el término municipal de la capital y la otra en la localidad de Cañaveral. Pero parecen correr distinta suerte. Mientras la última está ligada al proyecto de la citada fábrica de baterías, que la empresa Phi4Tech prevé construir en Badajoz, y está encauzada, con la oposición de los grupos ecologistas; la de la capital ha recibido el rechazo de la Junta de Extremadura, que sin embargo había aprobado los permisos iniciales para su desarrollo en 2016 después de convocar un concurso que se adjudicó la empresa Valoriza, filial del grupo Sacyr. Después este vendió el 75% a la firma australiana Infinity Lithium, con opción a la totalidad. Luego esta presentó el aval de la Comisión Europea como respaldo irrechazable; pero la ubicación ha sido determinante.

La existencia de esas explotaciones han llegado a alterar la convivencia ciudadana. La palabra litio, procedente del griego litos (piedra), ha entrado en la agenda político-social de la comunidad como una piedra arrojadiza que supera fronteras. Para algunos es una especie de oro blanco que abre muchas expectativas económicas y de empleo en una de las regiones con más paro de España. Otros, liderados por los ecologistas, ven más perjuicios sociales (por su impacto ambiental) que beneficios económicos.

El caso es que los partidos políticos están descolocados. No entienden por qué se crearon tantas suspicacias ante la posibilidad de llevar el litio de Extremadura a una planta de baterías en Cataluña (lo anunció la ministra Reyes Maroto en un encuentro con el grupo Volkswagen en Barcelona) y luego se rechazan las explotaciones mineras. Tampoco tienen claras las razones por las que se puede usar el litio de una mina en la planta de baterías en Badajoz y no de la otra.

La razón esgrimida por la Junta para no dar el permiso de investigación al proyecto San José Valdeflórez es que no cumple la normativa urbanística del Ayuntamiento de Cáceres, cuyo Plan General Municipal prohibiría la actividad solicitada en suelo no urbanizable. No obstante, Vara ha señalado que todo depende de que la corporación modifique el plan municipal. “Son los cacereños los que tienen la palabra”, dijo el político de Olivenza en clara referencia a que le ha tocado a él tomar la patata caliente que le pasó el alcalde, Luis Salaya, de su mismo partido. Es decir, Vara se la devuelve y deja abierta la puerta a su aprobación. Pero, todo indica que los tiros no van a ir por ahí. Salaya ha sido rotundo (“arreglen los destrozos y cierren al salir”), al tiempo que pedía la declaración de paisaje protegido.

Aunque el asunto tiene dividida a la población, se da la circunstancia de que los grupos políticos municipales comulgan juntos en el rechazo al proyecto de la sierra de la Mosca, un pulmón verde para asueto y disfrute de los cacereños. Primero fue la alcaldesa del PP, Elena Nevado, la que se opuso a los planes pese a que los promotores aseguran que su reacción inicial había sido positiva. Según esas fuentes, las presiones del partido que en la comunidad dirige José Antonio Monago fueron suficientes para dar calabazas, a las que se sumaron los socialistas, entonces en la oposición, en contra de la decisión de la Junta presidida por Vara. Solo Ciudadanos respaldó claramente el proyecto.

Para los australianos, el parón supone un revés en su cotización. Por eso, esta semana Tecnología Extremeña del Litio, la empresa creada por Infinity Lithium y Sacyr, elevó recurso de alzada y amenazó con presentar recurso contencioso-administrativo. A su juicio, la denegación no se basa en motivos jurídicos y pide se ciña a “criterios legales objetivos”. Según la empresa, dicha regulación hace referencia al uso extractivo del suelo, no siendo extensible a las actividades de investigación.

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Sobre la firma

Miguel Ángel Noceda
Corresponsal económico de EL PAÍS, en el que cumple ya 32 años y fue redactor-jefe de Economía durante 13. Es autor de los libros Radiografía del Empresariado Español y La Economía de la Democracia, este junto a los exministros Solchaga, Solbes y De Guindos. Recibió el premio de Periodismo Económico de la Asociación de Periodistas Europeos.

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