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El año más oscuro del turismo: miles de empresas y millones de empleos en juego

La primera industria de actividad económica en España por su aportación al PIB (13%) genera 2,7 millones de ocupados y atiende una demanda de más de 80 millones de visitantes

El turismo es un pilar básico de la economía española, como en ningún otro país del mundo lo es. Y ha sido castigado como ninguna otra actividad por la severa restricción de movilidad a la que ha sido sometido todo el planeta. El turismo representa nada menos que el 13% del PIB total del país (el doble que en Italia) y aporta un 12,7% del total de la ocupación, con cerca de 2,7 millones de trabajadores.

En el debate El turismo, atrapado entre el Covid-19 y la recesión, organizado por Foro Futuro, el observatorio de tendencias económicas de CincoDías y Banco Santander, expertos economistas y responsables del sector han tratado de dilucidar cuáles son los desafíos que aguardan y las recetas que se deben seguir para evitar una pérdida masiva de empresas y empleos de dramáticas consecuencias para una economía ya debilitada.

No hay lugar para la duda ahora. El gran reto que queda por delante está en el corto plazo, aunque el sector considere que tiene pendiente una profunda transformación para ganar el futuro. “No hay que pensar en esta temporada, sino en salvar al sector”, asegura tajante Francisco Pérez, director del Instituto Valenciano de Investigación Económica (Ivie). “Incluso en los escenarios optimistas respecto al ritmo de recuperación, se considera que la caída de actividad del sector va a ser enorme, no inferior al 60%”. Pérez incide en que el problema de fondo es la crisis sanitaria y avisa de que si no se encuentran tratamientos o vacunas, el sector corre un serio peligro de seguir en la misma situación en 2021. Pero asegura que “hay que hacer lo posible de volver lo antes posible a los números que proporcionaba el turismo en 2019, y hasta entonces proteger todo lo que se pueda a las empresas, a las miles de empresas de todos los tamaños que viven de estos y dan empleo a millones de personas”.

Santiago Carbó, director de estudios financieros de Funcas, también destaca este profundo hundimiento en la demanda provocado por el Covid. “Los países de origen de los turistas que visitan España están siendo duramente golpeados por la crisis sanitaria; tenemos una urgencia de corto plazo, y otros países ya se han movido antes con programas de protección y estímulo”.

Con un golpe de esta magnitud, no es de extrañar que Nuria Montes, gerente de la patronal hotelera de Benidorm y la Comunidad Valenciana, ponga el foco en resistir ante “el momento más crítico que ha vivido la industria desde que nació en los años 60”. Repasa como el turismo ha jugado un papel fundamental no solo en el desarrollo económico español, si no en el cambio de mentalidad hacia una sociedad moderna. “Nos hemos llevado un duro golpe, no vemos recuperación en el corto o en el medio plazo”, lamenta.

Inmaculada Benito, directora corporativa del grupo Iberostar, ya da por perdida la actual campaña turística y no considera que vaya a haber una recuperación hasta al menos 2022 o 2023. En su opinión, mientras se habla de reducir la capacidad productiva de las empresas turísticas, como por ejemplo, reduciendo el número de plazas en aviones o la venta de habitaciones en los hoteles, se deja de lado que “la manera de aumentar la seguridad sanitaria pasa porque las personas tengan acceso a test y se hagan rastreos de los positivos”.

Raquel Huete, profesora de Sociología en la Universidad de Alicante e investigadora del Instituto de Estudios Turísticos de la misma universidad, hace un repaso de cuáles han sido las claves para convertir al sector turístico español en el más competitivo del mundo. Destaca como fortaleza “la medalla de oro que tenemos en la seguridad, el sistema sanitario de salud, las infraestructuras, la flexibilidad y el patrimonio natural y cultural de España”.

Pero en su opinión tampoco hay que perder de vista las debilidades, que las hay: “la dependencia de determinados mercados emisores, la especialización en proyectos de bajo valor añadido, la saturación que ha provocado procesos de contestación social en veranos anteriores, la poca inversión en digitalización en comparación con otros sectores y un capital humano que no recibe dinero para formación y que está poco valorado socialmente”.

En contrapunto con uno de los puntos a reforzar mencionados por Raquel Huete, Fernando Fernández, profesor del IE Business School, prefiere dejar las apelaciones a la digitalización para otro momento: “Tenemos una urgencia tremenda. Lo fundamental es recuperar la normalidad, es volver a tener aquí 83 millones de visitantes que desean volver, porque esta economía depende mucho de esta actividad”. Asegura que España es “una inmensa máquina de procesar turistas porque la gente que nos visita queda contenta y vuelve”, y hace un llamamiento a la necesidad de evitar que el turismo que se nos escape este año, lo haga de forma permanente. “España no se puede permitir que otros destinos turísticos competitivos abran ahora el negocio antes, porque podemos perder la generosa cuota de mercado mundial que tenemos”, asevera.

Limitar el golpe

A diferencia de España, otros países ya han puesto en marcha planes para salvaguardar el turismo. Grecia ha rebajado el IVA de este tipo de servicios, Alemania bonifica a sus empresas, Italia entrega bonos a los ciudadanos para gastar en establecimientos nacionales y Francia combina una mezcla de ayudas a la oferta y a la demanda.

Nuria Montes tiene claro que el Gobierno debe de dar un paso al frente y establecer un plan de protección al sector. “Hay millones de empleos en juego. Lo de Nissan sería una broma en comparación de no aplicarse este plan que permita entrar en hibernación a miles de empresas para resistir”, advierte. Destaca que un punto crítico que tendrá que afrontar el sector es que sus operaciones van a estar capadas: “la capacidad de operación del establecimiento hotelero se va a haber limitada, el 100% de ocupación estará limitado al 60% de las habitaciones y esto es un punto muy débil”.

Santiago Carbó critica la pasividad del Gobierno a la hora de apoyar al sector. “El debate político de nuestro país está en otra cosa en vez de estar resolviendo problemas a las empresas y a los ciudadanos”, apunta. Carbó echa de menos poner todo lo necesario encima de la mesa para ayudar al sector, incluso, la entrada en el capital de algunas compañías como Iberia, aunque lógicamente de manera temporal. “No estamos hablando de nacionalizaciones”, aclara.

Raquel Huete aconseja fomentar la demanda interna para salvar al sector y realizar una fuerte apuesta por la digitalización impulsada por el Estado que favorezca una comercialización más directa. “Es uno de los grandes retos que debemos de asumir. Tienen que ser ayudas a no depender de los grandes gigantes tecnológicos que al final cobran comisiones del 15% a las pequeñas empresas”. Francisco Pérez puntualiza que aunque la demanda interna es importante, su potencia es limitada: “las tres cuartas partes de las pernoctaciones en hoteles españoles son extranjeras”. 

Prolongar los ERTE, un clamor en el sector

Todos los expertos coincidieron ayer en la necesidad de que el Gobierno prolongue los ERTE como uno de los pilares básicos para la supervivencia del sector. “Hay una medida por encima de todas las demás y si no se hace, todo lo demás no tendrá sentido. Es prolongar los ERTE por fuerza mayor al menos seis meses más allá del 1 de julio”, ilustra Nuria Montes. La gerente de la patronal hotelera de la Comunidad Valenciana opina que de esta forma, en aquellas empresas que no se quiera abrir porque no se reúnen las condiciones de seguridad o porque se tenga miedo, sus trabajadores puedan permanecer en esa situación al menos hasta final de año. “Si esta medida no se toma con estas condiciones, poco de lo que hagamos va a salvar a muchas empresas de la quiebra”.

Inmaculada Benito, del Grupo Iberostar, califica la extensión de los ERTE como “la medida básica”. “Se ha pensado que los empresarios eran los enemigos de los trabajadores y que había dos bandos, el sector empresarial y el de los trabajadores, y es al revés. Todo lo que los empresarios están planteando es para proteger a sus trabajadores porque el sector turístico es una industria intensiva en mano de obra y, por tanto, somos muy conscientes de que nuestra competitividad solo se basa en los trabajadores”, afirma.  

La prolongación de los ERTE proporcionaría, según Francisco Pérez, la posibilidad de afrontar, además, otras carencias que los expertos han señalado en el sector. “Si al mismo tiempo se detecta que el sector tiene problemas de digitalización o de formación, se pueden combinar ambas cosas. Al mismo tiempo que se apoya el sostenimiento de los empleos se puede promover la formación de los trabajadores para facilitar la adaptación a las nuevas circunstancias tecnológicas”.

Raquel Huete hace hincapié en que, precisamente, la formación es el indicador en el que peor puntuación obtiene España no solo en el turismo, si no en general en el sistema económico. “Hay que reforzar a las personas que están en situación de ERTE pero también cuando vuelvan a sus puestos de trabajo. Eso se hace con las empresas y con ayuda de fondos públicos mostrando corresponsabilidad”, añade. 

Menos le piden al sector público tanto Santiago Carbó como Fernando Fernández. “El sector privado tiene muy claro lo que hay que hacer, los demás y sobre todo las autoridades deben de no estorbar. Ojalá puedan ayudar”, dice Santiago Carbó. 

A ojos de Fernando Fernández, pese a la falta de atención política, el sector turístico español ha mostrado una capacidad excepcional de superación, de innovación y de desarrollo. “Recordemos que la industria del turismo es un caso de éxito: ayudémosla no poniendo palos en las ruedas en forma de marcos laborales o fiscales que son obviamente insostenibles”, concluye.

Todos los expertos coincidieron ayer en la necesidad de que el Gobierno prolongue los ERTE como uno de los pilares básicos para la supervivencia del sector. “Hay una medida por encima de todas las demás y si no se hace, todo lo demás no tendrá sentido. Es prolongar los ERTE por fuerza mayor al menos seis meses más allá del 1 de julio”, ilustra Nuria Montes. La gerente de la patronal hotelera de la Comunidad Valenciana opina que de esta forma, en aquellas empresas que no se quiera abrir porque no se reúnen las condiciones de seguridad o porque se tenga miedo, sus trabajadores puedan permanecer en esa situación al menos hasta final de año. “Si esta medida no se toma con estas condiciones, poco de lo que hagamos va a salvar a muchas empresas de la quiebra”.Inmaculada Benito, del Grupo Iberostar, califica la extensión de los ERTE como “la medida básica”. “Se ha pensado que los empresarios eran los enemigos de los trabajadores y que había dos bandos, el sector empresarial y el de los trabajadores, y es al revés. Todo lo que los empresarios están planteando es para proteger a sus trabajadores porque el sector turístico es una industria intensiva en mano de obra y, por tanto, somos muy conscientes de que nuestra competitividad solo se basa en los trabajadores”, afirma.  La prolongación de los ERTE proporcionaría, según Francisco Pérez, la posibilidad de afrontar, además, otras carencias que los expertos han señalado en el sector. “Si al mismo tiempo se detecta que el sector tiene problemas de digitalización o de formación, se pueden combinar ambas cosas. Al mismo tiempo que se apoya el sostenimiento de los empleos se puede promover la formación de los trabajadores para facilitar la adaptación a las nuevas circunstancias tecnológicas”.Raquel Huete hace hincapié en que, precisamente, la formación es el indicador en el que peor puntuación obtiene España no solo en el turismo, si no en general en el sistema económico. “Hay que reforzar a las personas que están en situación de ERTE pero también cuando vuelvan a sus puestos de trabajo. Eso se hace con las empresas y con ayuda de fondos públicos mostrando corresponsabilidad”, añade. Menos le piden al sector público tanto Santiago Carbó como Fernando Fernández. “El sector privado tiene muy claro lo que hay que hacer, los demás y sobre todo las autoridades deben de no estorbar. Ojalá puedan ayudar”, dice Santiago Carbó. A ojos de Fernando Fernández, pese a la falta de atención política, el sector turístico español ha mostrado una capacidad excepcional de superación, de innovación y de desarrollo. “Recordemos que la industria del turismo es un caso de éxito: ayudémosla no poniendo palos en las ruedas en forma de marcos laborales o fiscales que son obviamente insostenibles”, concluye.

El gran olvidado de los políticos

Problema de base

Inmaculada Benito se queja de que el turismo nunca haya formado parte de la política económica española pese a su importancia. “Esta marginación, en una situación excepcional, ha provocado que se hayan tomado medidas para otros sectores que oye, fenomenal, como puede ser el de la cultura con sus planes de protección propios y no haya habido protección para el sector turístico”, pone a modo de ejemplo. Raquel Huete coincide parcialmente.La experta está de acuerdo en que hasta ahora no se ha tenido en cuenta al sector a la hora de tomar decisiones pero sin embargo opina que toda inversión que se haga en cultura, el turismo obtiene también un retorno a cambio. “Por lo tanto, bienvenidas las ayudas a la cultura y a la gestión del patrimonio natural”, señala.

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