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EP Firmas BLOGS Coordinado por Daniel Leguina

El ‘procés’ de Vox

Los primeros pasos del euroescepticismo en España

Santiago Abascal, en un acto de Vox en Murcia.  JAVIER CARRIÓN (EUROPA PRESS)
Santiago Abascal, en un acto de Vox en Murcia. / JAVIER CARRIÓN (EUROPA PRESS)

La integración europea probablemente sea uno de los grandes temas que más consenso han generado en España en los últimos años. Un 72% de los españoles considera que nuestro país se beneficia de ser miembro de la Unión Europea, cuatro puntos por encima de la media europea (según el Eurobarómetro de octubre de 2019). Este acuerdo también se ha trasladado a la política partidista: podemos afirmar que ninguna formación relevante a nivel nacional se ha posicionado nunca en postulados euroescépticos, salvo alguna tímida intentona en los peores años de la gran recesión.

Del mismo modo, sería difícil imaginarse, en tiempos del referéndum sobre el Estatut catalán en 2006, que algún partido con altas aspiraciones electorales fuera a adoptar una defensa unilateral de la independencia. En aquel momento, el apoyo a la secesión tan solo rondaba el 14% en la ciudadanía catalana (según el Centre d’Estudis d’Opinió). Roma no se hizo en un día, pero, en este caso, tampoco necesitó un siglo. Concretamente fueron siete años los que transcurrieron para llevar a la mitad de los catalanes a posiciones independentistas (un 49% en 2013).

La distancia política entre ambos temas (independencia y euroescepticismo) es considerable, la potencial hoja de ruta no tanto. Quizá no haya un caso más claro de fijación de un tema en la agenda política española que el ‘procés’ catalán. No sería descabellado que alguien con aspiraciones similares en términos de dominio de la agenda política se fijase en el ejemplo más exitoso en la historia reciente de la política nacional. Tan arduo puede parecer ahora sentar las bases del euroescepticismo en esta ‘eurófila’ sociedad española, como en 2006 podía resultar la tarea de llevar a la mitad de la opinión pública catalana al independentismo. Pero todo tiene un comienzo.

No son pocos quienes argumentan que el Tribunal Constitucional y la demanda del Partido Popular habrían brindado al independentismo un espaldarazo definitivo. Una lógica aplicable a la ventana de oportunidad que trata de aprovechar Vox con hitos como el reciente fallo sobre los líderes independentistas del Tribunal de Justicia de la Unión Europea. Teniendo en cuenta que quedan todavía muchos episodios del independentismo en Bruselas, probablemente vayamos a seguir viendo cómo Vox usa estas fricciones para un roto y para un descosido. Es decir, para mantener uno de sus temas favoritos en agenda, pero también para abrir la senda euroescéptica, por si en algún momento tiene que transitar por ella.

La implantación del discurso euroescéptico pasa también por crear unos marcos mentales en los que puedan germinar los argumentos contrarios a la integración europea

En cualquier caso, la posición que se va construyendo Vox en su discurso sobre la Unión Europea ha sido ya explorada en otros Estados miembros. Sin hablar de momento de una salida de la UE, los de Abascal niegan la legitimidad supranacional de las instituciones europeas y sostienen una unión de Estados que puedan recuperar la soberanía cedida en cualquier decisión comunitaria, en una visión puramente intergubernamental del proyecto europeo.

Como en tantos ejemplos en el viejo continente, la deriva de Vox se apoya en una paradoja de la integración europea. Cuanto más consenso existe sobre la misma, y más lejos han ido los partidos tradicionales en sus responsabilidades y compromisos para/con la Unión, más fácil resulta para un partido nuevo utilizar esto para diferenciarse y destapar las contradicciones que se desprenden dicha experiencia política

La implantación del discurso euroescéptico pasa también por crear unos marcos mentales en los que puedan germinar los argumentos contrarios a la integración europea. Haciendo alusión a aquel famoso eslogan de Jordi Pujol que fue ahondando en las trincheras independentistas, según Vox, Europa todavía no nos roba, pero sí “nos humilla”. Los de Abascal ya utilizan expresiones militantes para referirse a la UE como: “Instituciones extranjeras”, “oscuros despachos de Bruselas” o “monstruo prepotente al que nadie ha elegido”. Mientras, tratan de diferenciarse de los demás partidos atribuyéndose ser el garante de la soberanía española en Bruselas, autodenominándose “euro-exigentes” frente al resto del arco parlamentario “euro-sumiso”, sustanciando esa paradoja en la que los partidos contra la integración sacan provecho de los logros de la propia integración.

En el momento en el que una fuerza con tanto respaldo electoral como Vox consiga romper el consenso político sobre la UE que ahora existe en España, habrá conseguido homologarnos en un contencioso más a nuestros vecinos europeos. En este sentido, veremos los exitosos frutos del ‘procés’ particular de la derecha radical española cuando se consiga colocar el euroescepticismo en el decálogo excluyente del buen español.

* Gonzalo Velasco Monasterio es analista político de la Fundación Alternativas

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