Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Condonar la deuda

Se trata de solventar los problemas de los más vulnerables con una perspectiva solidaria

El presidente del Parlamento Europeo, David Sassoli, hablando con el primer ministro holandés, Mark Rutte.
El presidente del Parlamento Europeo, David Sassoli, hablando con el primer ministro holandés, Mark Rutte.DPA vía Europa Press (Europa Press)

La crisis financiera y del euro de 2008-2010 se resolvió con la conversión de inmensos volúmenes de deuda privada en deuda pública, para cuya financiación se aplicó una drástica austeridad que significó un injusto recorte del gasto social. En España, por ejemplo, entre 2007 y 2019, la deuda privada se redujo del 193% al 131% del PIB a costa de aumentar la pública desde el 36% al 98%. En síntesis: las irresponsables prácticas financieras las pagaron quienes más precisaban de los servicios sociales.

La crisis económica, generada por la covid-19, se está solventando, por el momento, con gigantescas ayudas públicas que han provocado un aumento del endeudamiento sin precedentes. Las previsiones de la Comisión Europea indican que la deuda pública alcanzará este año el 120% del PIB en España. En Italia y Grecia superará el 159% y 207%, respectivamente. Mientras que en Alemania se mantendrá en el 71%.

La bajada de los tipos de interés decidida por el Banco Central Europeo (BCE) hasta tasas negativas, que estos días se celebran con tanta alegría, puede dar una imagen equivocada de la realidad. La idea de que España gana dinero al poder colocar su deuda a tasas negativas puede contribuir a esta ilusión.

La realidad, sin embargo, es otra. A pesar de los bajísimos tipos de interés, España e Italia deben dedicar un 2,4% y un 3,6% del PIB, respectivamente, al pago de su deuda. Un esfuerzo muy superior al de Alemania, que destina sólo el 0,7% de su PIB.

No hay que ser muy avispado para entender que el milagro de los tipos de interés negativos es tan excepcional como incomprensible. Algunos analistas consideran ya que se están infravalorando los riesgos de inflación. Un aumento de los tipos de interés de solo uno o dos puntos será catastrófico para ciertos países y entonces volverán los recortes.

En este panorama ha reaparecido la cuestión de la condonación de la deuda. Nada menos que el presidente del Parlamento Europeo, David Sassoli, ha señalado en La Repubblica que la condonación de la deuda es una hipótesis de trabajo interesante que hay que conciliar con el principio cardinal de su sostenibilidad. En el entorno del Gobierno de Roma se considera la posibilidad de que el BCE amortice los bonos italianos que posee o extienda su vencimiento a perpetuidad.

Grecia es un buen ejemplo para comprender que este país nunca podrá pagar su endeudamiento actual y precisará de una nueva condonación.

David Graeber en su libro En deuda, una historia alternativa de la economía, tras un exhaustivo recorrido por la historia, apunta que el principio de pagar las deudas es “una flagrante mentira”. Indica que “resulta que no todos hemos de pagar nuestras deudas, solo algunos”. La historia está llena de ejemplos de países a los que se perdonaron las deudas en circunstancias excepcionales. Alemania sin ir más lejos en 1953. Entre los que perdonaron entonces figuraba Grecia. Hay que considerar la deuda no como una fuga hacia adelante, sino para solventar los problemas de los más vulnerables con una perspectiva solidaria.


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