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Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Las ciudades y los fondos europeos

Sorprende la exclusión de las Administraciones locales en la organización de la respuesta a la pandemia

Andreu Missé
Varias personas hacen cola para recibir comida del Banco de Alimentos, en julio en Madrid.
Varias personas hacen cola para recibir comida del Banco de Alimentos, en julio en Madrid.Olmo Calvo

La intensidad de la segunda ola de la pandemia está desbordando la capacidad de los municipios para atender a las personas que han caído en la pobreza. Los servicios municipales y las entidades sociales (Cáritas, Cruz Roja y Banco de Alimentos), que constituyen la primera red de protección para las personas vulnerables, alertan de que sus reservas se acaban.

Estos mismos días hemos conocido la propuesta del Gobierno de conceder a las comunidades autónomas la ejecución del 50% de la gestión de los fondos europeos. Sorprende la exclusión de las Administraciones locales en la organización de la respuesta a la pandemia.

La ausencia de las ciudades es difícil de justificar si se tiene en cuenta la magnitud del desafío que supondrá gestionar unos 140.000 millones de euros de ayudas europeas en los próximos años tras la notoria ineficiencia demostrada hasta ahora. Entre 2014 y 2020 España sólo absorbió el 39% de los fondos europeos adjudicados, según el Tribunal de Cuentas.

Un trabajo del CEPS de Cinzia Alcidi, Daniel Gros y Francesco Corti, ¿Quién se beneficiará realmente de los fondos del Next Generation EU?, advierte de las dificultades reales de los Estados para utilizar las subvenciones y préstamos de la UE para inversiones públicas adicionales. “Parecería materialmente imposible”, dicen los autores, “que los principales beneficiarios del Mecanismo de Recuperación y Resiliencia (RRF, por sus siglas en inglés) y de la REACT–EU (ayuda para la cohesión) utilicen los fondos que se les ponen a su disposición sólo o principalmente para aumentar la inversión del sector público”. Recuerdan además que el gasto público en Investigación y Desarrollo representa sólo entre el 0,2%-0,3% del PIB de los países receptores de los fondos, lo que implica que la mayor parte no se gastará en investigación.

Determinadas ciudades, con un peso económico y demográfico superior a muchos Estados europeos, acogen a importantes centros tecnológicos. Excluirlas de la gestión de los fondos europeos es desconocer su potencial en la transformación energética y digital. El documento de trabajo del personal de la Comisión para orientación de los Estados miembros incluye muy tímidamente la inclusión del nivel local “para garantizar la coordinación de la gestión de las distintas fuentes de financiación”.

Con este trasfondo es muy relevante la carta que han dirigido los gobernantes de nueve ciudades europeas; Ada Colau (Barcelona); Matús Vallo (Bratislava); Gergely Karácsony (Budapest); Belit Onay (Hannover); Fernando Medina (Lisboa); Giuseppe Sala (Milán); Anne Hidalgo (París); Zdenek (Praga), y Rafal Trzazaskowski (Varsovia) a las autoridades europeas. La misiva pide que se destine el 10% del fondo RRF al ámbito local. El texto aboga por nuevos enfoques para superar la crisis. “Creemos”, sostienen los alcaldes, “que las instituciones europeas están en el buen camino para afrontar esta crisis con sabiduría y valentía”. Y desean que “se den cuenta lo antes posible del inmenso potencial de los gobiernos locales en la construcción de una Europa fuerte, ecológica y justa, y que acepten la alianza estratégica que están ofreciendo”. El desarrollo es la mejor arma contra la pobreza.

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