Maurice Obstfeld: “Soy mucho más optimista sobre el futuro pospandemia de Europa que sobre el de EE UU”

El execonomista jefe del FMI alerta contra el regreso a las curas de austeridad y llama a evitar “cualquier medida fiscal contractiva” mientras el desempleo se mantenga alto y el crecimiento siga por debajo de su potencial

Maurice Obstfeld, cuando era economista jefe del FMI.
Maurice Obstfeld, cuando era economista jefe del FMI.Stephen Jaffe (EFE)

Maurice Obstfeld, ex economista jefe del Fondo Monetario Internacional (FMI) y uno de los más estrechos asesores económicos de Barack Obama, atiende a EL PAÍS por teléfono desde una California “triste y humeante”, asediada desde hace días por dos de los peores incendios de su historia. Tras los confinamientos, es el fuego el que limita las salidas de casa de este profesor de la Universidad de Berkeley, preocupado por la actitud aislacionista de la Administración Trump e inquieto por que los países tomen la senda de la austeridad antes de tiempo: los errores del pasado observan expectantes. Aplaude sin ambages la ágil y contundente respuesta fiscal y monetaria a la crisis —una lección aprendida— y el fondo de recuperación pactado por los líderes europeos, que excede sus expectativas.

Pregunta. La reacción de política económica, tanto monetaria como fiscal, ha sido mucho más rápida esta vez que en la crisis financiera global. ¿Hemos aprendido algo?

Respuesta. Son crisis completamente diferentes, y la comparación no puede ser exacta: la economía ha tenido que cerrarse del todo y la gente ha necesitado apoyos masivos. Pero sí creo que la Reserva Federal ha aprendido importantes lecciones sobre cómo estabilizar los mercados financieros con intervenciones masivas: sus inyecciones de liquidez han sido decisivas. Los bancos centrales han dejado clara su disposición a hacer todo lo necesario para sustentar la economía, y ha quedado claro que es mucho lo que pueden hacer, que el poder de la máquina de imprimir dinero es muy grande, especialmente cuando no hay inflación en el horizonte. Sus herramientas siguen siendo increíblemente poderosas. Y la respuesta fiscal también ha sido mucho más decidida esta vez. No hay precedentes de un apoyo tan grande a los hogares; ha sido la respuesta apropiada.

P. ¿Se puede descartar, a estas alturas, una crisis financiera?

R. Prefiero no descartar nada: sigue habiendo mucha incertidumbre sobre el curso de la enfermedad y sobre cuándo estará completamente bajo control: sin una vacuna o un tratamiento realmente efectivo, será difícil regresar completamente a la normalidad. Y mientras el virus permanezca en la población, el riesgo de volver a los confinamientos permanece. La inestabilidad económica seguirá en los próximos meses, más en EE UU que en Europa.

P. ¿Es más optimista sobre el futuro de la economía, de todas formas, hoy que hace tres o cuatro meses, en pleno confinamiento?

R. Depende de a dónde miremos. Si comparamos dónde está Europa ahora respecto a dónde estaba en abril, las cosas están mucho mejor. Aunque la senda hacia una recuperación rápida no sea tan clara, tampoco allí, soy mucho más optimista sobre su futuro pospandemia que respecto al de EE UU, vista la respuesta que han dado a la pandemia. Aquí los problemas serán mayores en los próximos meses.

P. ¿Hay riesgo de caer de nuevo en la trampa de la austeridad?

R. La experiencia con la austeridad no fue precisamente positiva... (risas). Los bancos centrales han hecho un trabajo importante para mantener bajo el coste de financiación de los Gobiernos. Pero está claro que los niveles de deuda público van a ser sustancialmente más altos, y eso hará que algunos insistan en dar marcha atrás y regresar a la austeridad. Eso sería un error.

P. ¿Cómo valora el cambio de rumbo europeo?

R. Me anima el reconocimiento de que la recuperación tras la pandemia requerirá de una mayor solidaridad fiscal: el fondo de reconstrucción es un avance importante, y una nueva etapa de austeridad conduciría a tensiones políticas importantes. Esa es una de las cosas más positivas de esta crisis: la comprensión de que la Unión Europea tiene que hacer más colaborar en la esfera fiscal para ayudar a los países más golpeados. Aún no se ha logrado la unión fiscal, pero es un gran paso adelante para mejorar la unión monetaria. El resultado de las negociaciones supera claramente mis expectativas hace unos meses y es un elemento de esperanza. A veces el progreso requiere de crisis: en la pasada vimos mejoras en supervisión bancaria y cesión de competencias, y esta está pavimentando el futuro para instituciones que favorezcan la cooperación económica.

P. De la noche a la mañana todos somos keynesianos.

R. Si [John Maynard] Keynes viviera sin duda estaría a favor de un gran esfuerzo fiscal para contrarrestar esta crisis y evitar un gran daño sobre la productividad. Vivimos en un mundo en el que las tasas de interés a las que se financian los Gobiernos son históricamente bajas, en el que de nuevo vemos un desempleo alto y en el que el peligro de deflación sigue ahí… Sería equivocado preocuparnos demasiado ahora por el endeudamiento público: no apoyar suficientemente a la economía en estas circunstancias acabaría por empeorar el peso de la deuda.

P. ¿Es sostenible todo este ingente volumen de nueva deuda pública?

R. Mientras los tipos de interés sigan siendo bajos y, si no nos movemos a un periodo de total deflación, será sostenible. La historia nos dice que, con un crecimiento suficiente del PIB, los países han sido capaces de ajustar cargas bastante altas: EE UU tenía una deuda [pública] del 106% del PIB tras la II Guerra Mundial y en los setenta ya era la tercera parte. No creo que tengamos que tener necesariamente miedo de esas cifras si los intereses siguen siendo bajos. Estar demasiado preocupados por la deuda en mitad de la recesión sería un grave error. No deberíamos pensar en ello en este momento.

P. ¿Hay que esperar, entonces, a recuperar los niveles precrisis antes de pensar en subidas de impuestos o recortes?

R. Deberíamos pensar desde ya en un sistema fiscal que reequilibre mucho mejor las cargas entre los ricos y los pobres, y entre el factor capital y el factor trabajo. Es importante que eso esté en agenda, especialmente en países tan desiguales como EE UU. Pero si pensamos en la fiscalidad en su conjunto, en este punto deberíamos tener cuidado y evitar cualquier medida contractiva en tanto que el desempleo permanezca en niveles altos y el crecimiento de la economía siga por debajo de su potencial.

P. La cooperación intraeuropea ha crecido, pero la internacional está bajo mínimos.

R. Esa es una de mis mayores preocupaciones: que la respuesta a la crisis no ha sido cooperativa, y eso es una señal amarga para el futuro. La forma en la que se ha gestionado la crisis acentúa aún más las tensiones que ya veíamos antes entre EE UU, China y el resto. La globalización tiene que estar sustentada por la cooperación entre Gobiernos. Uno ya no puede sorprenderse por que EE UU tome su propio camino, politice internamente la crisis o se niegue a colaborar en iniciativas de otros países para el desarrollo de la vacuna. Pero es decepcionante que otros países hayan tomado la vía del nacionalismo.

Sobre la firma

Es redactor de la sección de Economía de EL PAÍS. Ha trabajado en las delegaciones del diario en Bruselas y Ciudad de México. Estudió la doble licenciatura de Economía y Periodismo en la Universidad Carlos III, y el Máster de Periodismo de EL PAÍS y la Universidad Autónoma de Madrid.

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