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ANÁLISIS i

Evolución de las finanzas de los hogares

El consumo ha reducido casi a la mitad el ritmo de crecimiento que mantenía en 2018

Los nubarrones, o más bien tormentas, que sobre la economía mundial se han desatado desde inicios de 2018 —fundamentalmente por la guerra comercial— tarde o temprano debían impactar sobre la economía española, y así se ha comenzado ya a poner de manifiesto en los últimos datos de PIB y del mercado laboral.

En dicho contexto, cabe analizar en qué medida los hogares han interiorizado ese deterioro de expectativas, y trasladado a sus decisiones de consumo y ahorro, y de recomposición de sus activos y pasivos financieros. La distribución entre consumo y ahorro ha registrado ya en la primera mitad de 2109 un cambio significativo, pues el consumo ha reducido casi a la mitad el ritmo de crecimiento que mantenía en 2018 lo que, unido a un comportamiento positivo de la renta bruta disponible, ha disparado la tasa de ahorro ya en el segundo trimestre a tasas cercanas al 7%, frente a ese mínimo del 5% registrado en buena parte de 2018.

Ese incremento de la tasa de ahorro, en el que cabe identificar un gran componente de precaución ante un incierto futuro, sin duda ha tenido su traslación en una clara recomposición de las finanzas familiares, tanto en sus pasivos como en sus activos financieros. En el primer caso destaca la importante desaceleración registrada en la concesión de crédito, tanto para adquisición de vivienda como para consumo. En el inmobiliario se ha pasado de tasas de crecimiento del 15% en la primera mitad de 2018, a tasas en torno al 4% a mediados de 2019. Más intenso todavía ha sido el frenazo en crédito al consumo, donde las tasas de crecimiento en concesión han pasado del 17% a un 1,5% reciente. Frenazos ambos que cabe atribuir mayoritariamente a una contracción de la demanda de crédito, y apenas a restricciones de oferta por parte de las entidades financieras, ávidas por crecer para compensar el daño de los tipos negativos.

Y en paralelo a esa menor demanda de crédito, la mayor propensión al ahorro por parte de los hogares se ha traducido también en un importante repunte de sus colocaciones en activos financieros. De estos, y a falta de conocer un mayor desglose con las cuentas financieras de próxima publicación, merece destacarse que la suma de depósitos bancarios y fondos de inversión ha registrado una importante aceleración en sus entradas netas, con casi 60.000 millones en acumulado de doce meses hasta junio, lo que representa un 4% interanual, cuando hace un año ese flujo neto de ahorro financiero apenas crecía al 1,5%.

No es ese el escenario más deseable para las entidades financieras, que más bien preferirían crecer en crédito que en recursos de clientes a los que, con la política de tipos negativos, no se puede remunerar en absoluto, y tal vez haya que pensar en desincentivar, tal como el BCE hace con los propios bancos al penalizar sus reservas.

Angel Berges y Desirée Galán son profesores de AFI-Escuela de Finanzas

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