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Calma en la playa y nervios en los hoteles de Baleares

La incertidumbre reina en los establecimientos del archipiélago que trabajaban con Thomas Cook

thomas cook
Vista del un hotel de Thomas Cook en la playa de Palma. EFE

En el núcleo de turismo alemán de Playa de Palma se siente el final del verano, con cada vez menos visitantes que siguen paseando en chanclas y bañador arrastrando enormes colchonetas de playa. La quiebra de Thomas Cook ha golpeado este núcleo turístico en el que el 60% de los establecimientos federados en la patronal tenía clientes del touroperador, que ha dejado un agujero de más de 10 millones de euros al no pagar lo que tenía contratado hasta la quiebra y de 2,5 millones por los más de 8.000 viajeros que no llegarán a la zona en octubre.

El ambiente que llega al exterior desde el Cook’s House Palma Beach sigue siendo el típico de unas vacaciones de sol y playa, con clientes que salen del establecimiento dispuestos a darse un chapuzón y absortos en sus últimos días de vacaciones con la música de fondo que suena desde algunas terrazas. No es posible saber cómo se vive la caída del gigante de los viajes desde el interior porque el hermetismo de los empleados es total y el personal de seguridad impide el acceso de cualquiera que no sea cliente.

Al otro lado del teléfono Yolanda Tur explica que a su establecimiento siguen llegando clientes de Thomas Cook que han decidido viajar con otra compañía área. Es la recepcionista de los apartamentos Casita Blanca de Sant Antoni de Portmany en Ibiza, un complejo que trabajaba en exclusiva para la compañía británica y que de un día a otro ha visto cómo el negocio se ha venido abajo. “Mantendremos los apartamentos en funcionamiento hasta el tres de octubre, que es cuando íbamos a cerrar la temporada. De lo que venga después no sabemos nada” afirma lacónica. Reconoce que han tenido que cobrar la estancia a los clientes ante la perspectiva de no recibir los pagos por parte de Thomas Cook. “Algunos evidentemente han puesto problemas porque ya habían pagado la estancia a la compañía. Pero se lo hemos tenido que cobrar, no nos ha quedado más remedio” señala.

El desconcierto también reina entre los trabajadores de la sede de Thomas Cook en Palma, que se estrenó hace apenas un año. El Gobierno balear se ha comprometido a acelerar los trámites para que los casi 700 empleados puedan cobrar cuando antes las prestaciones por desempleo. “Yo lloré ayer, hay lloros, rabia, enfados, alteraciones e incertidumbre. Yo llevo una semana pero si me voy no tengo derecho a paro y aquí hay gente que lleva de tres a treinta años y que no sabe si le van a pagar finiquito o no. No sabemos nada” lamentaba una joven empleada, que junto con otros compañeros estaba este jueves pendiente de las reuniones que los sindicatos mantenían con representantes de la compañía.

“Todos estamos preocupados, hay gente con familias, parejas en las que los dos miembros están en la compañía y que no saben cómo van a pagar el alquiler. Tenemos trabajo y tenemos que venir, pero no vamos a ver el dinero” afirmaba una trabajadora extranjera a las puertas de la sede de Palma. La rabia era patente entre los empleados, que vaticinan que no verán la nómina de septiembre y no tienen muchas esperanzas de cobrar el paro a corto plazo.

En el hotel Sentido Cala Viñas de Magaluf tampoco había ganas de hablar esta semana. En este hotel situado en el reino de los turistas británicos, sobre todo jóvenes, los empleados admitían que muchos de los clientes se habían ido tras las noticias de quiebra y que algunos proveedores les habían advertido de que no traerían nuevos suministros si no veían el dinero por adelantado. Calviá y sobre todo el núcleo turístico de Cala Millor en Son Servera, al norte de la isla, son los más afectados. En esta última zona tres hoteles trabajaban de forma exclusiva con la empresa británica y se han visto obligados a cerrar sus puertas. La federación hotelera de Mallorca cifra en más 100 millones de euros la deuda que el touroperador tiene con los establecimientos de las islas sólo por los últimos tres meses. Y todavía están sin cuantificar las pérdidas por los 25.000 pasajeros que el touroperador británico tenía que traer sólo a Mallorca en el mes de octubre.

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