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Desde Jumilla a Japón y EE UU: cómo conquistar el planeta del vino

El grupo García Carrión, primera bodega de Europa y cuarta del mundo, innova para entrar en los mercados más competitivos y atraer a público joven

En el grupo García Carrión, la primera bodega de Europa y la cuarta del mundo, hablar de millenials, mercado japonés y capacidad de sorpresa es cosa habitual. "El mundo del vino no tiene que estar reñido con la imaginación", entiende Luciano García-Carrión, vicepresidente y quinta generación de la compañía, fundada en 1890 y en la actualidad un gigante del vino y el zumo que vende en 150 países diferentes. "Hay que trabajar en las nuevas generaciones y en los nuevos consumidores. Decirles bienvenidos al mundo del vino. Hacerlo fácil, apasionante y accesible".

En esa conquista se halla inmersa esta empresa familiar nacida en Jumilla (Murcia) y hecha a sí misma a lo largo del último siglo. Conocida en España por referencias como Don Simón y Pata Negra, García Carrión pugna hoy con compañías como The Wine Group (EE UU) o Martini & Rossi (Italia) y sus bebidas están asentadas en mercados tan competitivos como el estadounidense, donde el vino español ya es el tercero en valor; y se hacen hueco en otros tan exóticos como el chino o el japonés. La clave, según Luciano, reside en la sorpresa: "No queremos vender. Queremos sorprender. Para ello tienes que hacer un traje a medida al consumidor. Y crecer en volumen pero sobre todo en valor".

Viña Arnáiz, corazón enológico del grupo

Desde Jumilla a Japón y EE UU: cómo conquistar el planeta del vino

La bodega Viña Arnáiz es el corazón enológico del grupo García Carrión. Situada en la localidad burgalesa de Haza, en medio de un paisaje de cuento, sus viñedos se nutren de un clima único. De aquí salen algunos de los vinos más galardonados de la empresa: los de su denominación Ribera del Duero acumulan 25 premios en países como Reino Unido o Japón. En el patio de la bodega (en la imagen), diseñada por el arquitecto Manuel de la Torre, hay un olivo centenario y un pozo. Sus significados (buena fortuna, longevidad, persistencia) arropan a la bodega. "Somos un banco de pruebas para estudiar los vinos de provincias como Burgos, Soria, Valladolid", explica Rafael Arévalo, enólogo de Viña Arnáiz, que señala que muchos de los útiles tradicionales de la bodega se han mantenido y actualizado con la última tecnología para, de alguna manera, preservar el espíritu del lugar. "Los vinos de Ribera del Duero se caracterizan por el clima que los alimenta. Se pueden dar saltos entre el día y la noche de hasta 25 grados de temperatura. Eso marca las uvas y las variedades y los hace únicos". Aquí se elaboran 8 millones de botellas al año y caben 6.000 barricas bordelesas.

Con unos 30 lanzamientos preparados para 2019, el grupo reivindica la renovación constante, algo que no tiene por qué reñir con la tradición bodeguera. Se enorgullecen de haber creado el primer vino azul del mundo, el Blue Moscato. También un tinto de cinco grados para los jóvenes, ideado hace más de 20 años por Fala Corujo, responsable de publicidad y comunicación, que insiste en apuntar a ese público: "A los jóvenes no vas a entrarles con un reserva. Por ejemplo, el tinto de verano supone el 20% del vino español. Ese es un buen camino". José García-Carrión, presidente de la compañía y la persona que tuvo la ocurrencia de envasar el vino en tetrabriks –cosa que su padre, en aquel momento, consideró "una locura"–, interviene: "Hace 50 años, se consumían per cápita 60 litros de vino y 20 de cerveza. Hoy es al revés. Todas las bodegas tienen que pensar ello".

España, viñedo del mundo

España cuenta con un millón de hectáreas de viñedos, el 14% de la superficie vinícola mundial. "Somos el viñedo del mundo", explica Luciano. "Y, aunque históricamente nos ha faltado vendernos mejor, contamos con la ventaja de tener una materia prima inigualable. La imagen de los productos españoles está a un nivel que nunca ha tenido, una calidad altísima que hace 20 años no teníamos". José García-Carrión señala dónde hay que mejorar: "La evolución y expansión del vino español pasa por vender menos granel y más marca. Si todas las bodegas españolas se centran en potenciar la imagen del vino español, como ya hacen chilenos, franceses italianos, ganaríamos una barbaridad en valor y volumen. Sería bueno para todos".

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Luciano entiende, además, que el turismo es una oportunidad única: "Los 70 millones de personas que nos visitan al año hacen un consumo emocional y recuerdan los vinos que toman. Luego los compran en su país. Esa fidelidad es oro y hay que aprovecharla".

Esta noticia, patrocinada por García Carrión, ha sido elaborada por un colaborador de EL PAÍS.

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