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Portugal y la socialdemocracia

Nuestros vecinos son el ejemplo que confirma que el socialismo sigue vivo en medio del virus populista global y funciona

El presidente de Portugal, Marcelo Rebelo de Sousa.
El presidente de Portugal, Marcelo Rebelo de Sousa. AFP

La socialdemocracia está asociada al modelo social y de economía de mercado europeo que muchos países emergentes tienen como referente. Su mayor apogeo lo tuvo entre los sesenta y los setenta. Periodo de fuerte crecimiento del empleo y de la productividad, baja calidad de los servicios y partidos de izquierdas vinculados a sindicatos que conseguían mayorías absolutas para desarrollar leyes que permitían redistribuir los beneficios del crecimiento entre los trabajadores y reducir la desigualdad.

En la actualidad el modelo está en crisis. Europa apenas crece y hay poca renta para redistribuir. Los tipos impositivos ya son elevados y progresivos, los ciudadanos tienen intolerancia a la subida de impuestos y la calidad de los servicios públicos es alta y costosa de mejorar. El empleo ha migrado de la industria a los servicios, los sindicatos han perdido afiliación e influencia y los proyectos socialdemócratas clásicos tienen dificultades para conseguir el apoyo mayoritario de los ciudadanos.

Portugal es una excepción ya que las encuestas dan una posible mayoría absoluta del partido socialista en las próximas elecciones. ¿Cuál es el modelo portugués? António Costa lidera el proyecto con pragmatismo, centrado en la gestión para solucionar los problemas de los ciudadanos y con un proyecto socialdemócrata del siglo XXI. Costa fue el alcalde que modernizó Lisboa y la convirtió en una de las ciudades más dinámicas de Europa.

Su ministro de Hacienda y presidente del Eurogrupo, Mario Centeno, es doctor en Economía por Harvard, defiende con convicción la estabilidad presupuestaria, reducir la deuda, tener una buen rating y bajar primas de riesgo para crecer más y crear más empleo. Portugal, con un Gobierno de izquierda, ha reducido la deuda pública 10 puntos de PIB desde 2015. En España, con un Gobierno de derechas, no se ha reducido nada.

Conscientes de que los recursos públicos son escasos, los socialistas portugueses han concentrado sus esfuerzos en reducir la pobreza severa y han conseguido situarla en niveles previos a la crisis. Para revertir los recortes en sanidad y educación durante la crisis, que fueron más intensos que en España, han priorizado pactos de inversión público-privados donde la clave de la eficiencia es una buena regulación y la exigencia de cumplir los compromisos.

Costa ya hizo un gran esfuerzo por desarrollar el ecosistema de innovación de Lisboa siendo alcalde y ahora la prioridad de su política económica es crear empleos de calidad en la era de la tecnología global. Portugal tiene una productividad por hora trabajada inferior a la de España y parten de más atrás, pero si siguen acertando en su política económica eso puede cambiar. Nuestros vecinos portugueses son un ejemplo que confirma que la socialdemocracia sigue viva en medio del virus populista global. Solo necesita liderazgo y un proyecto ilusionante para el futuro, especialmente para los jóvenes. Portugal es uno de nuestros principales clientes de exportación y su desarrollo nos beneficia. Pero los portugueses tienen un plan y van más rápido que España por primera vez en décadas.

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