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OPINIÓN i

Jerome y el móvil más grande del mundo

Hace pocos días, la Reserva Federal (Fed) ha continuado con su lento pero imparable proceso de normalización monetaria. Tras incrementar su balance en 4,5 billones de dólares para superar la crisis, y casi tres años después de la primera subida de tipos de interés, ha anunciado el octavo aumento de este ciclo. Tal vez más importante: ha eliminado de su comunicado que “la política monetaria permanece acomodaticia”, sugiriendo que la economía ya evoluciona según lo previsto, y a partir de ahora han decidido pasar a una fase más dependiente de los datos macro y menos basada en sus preanuncios monetarios (forward guidance).

El nuevo periodo se podría asimilar al movimiento de un móvil. Sí; uno de esos artilugios que, generalmente suspendidos desde el techo, desafían a la fuerza de la gravedad y se mueven en función de la incidencia del aire reflejando, gracias a su dinamismo, los efectos cambiantes de la luz. Esta original alegoría se utilizó en la construcción de la sede de la Fed de Filadelfia cuando se encargó a Alexander Calder, el precursor de la escultura cinética, la creación de una importante obra para su vestíbulo.

Calder había revolucionado la concepción tradicional de la escultura liberándola de la masa e incorporando el movimiento en sus obras como un instrumento más. Detrás de esta concepción artística y la nueva dimensión que los movimientos de las esculturas ofrecen subyace la idea de equilibrio imposible que tanto se asemeja a las decisiones que la Fed tendrá que adoptar en los próximos meses para evitar un sobrecalentamiento excesivo de la economía.

El camino parece claro; cinco subidas más hasta que, en 2020, los tipos lleguen al 3,25%-3,50% superando puntualmente la previsión de tipo neutral a largo plazo del 3%. A partir de ahora, Jerome Powell, presidente de la institución, deberá conjugar los tres objetivos principales de la Fed, (máximo empleo, estabilidad de precios y moderados tipos de interés a largo plazo), con la responsabilidad de mantener la estabilidad y contener los riesgos que puedan surgir en el sistema financiero. Tendrá que manejar el desequilibrio que existe entre su economía, que ha alcanzado los máximos de crecimiento con una tasa del 4,2%, y un desempleo en mínimos de 18 años, con un entorno internacional más revuelto; una Europa que lleva cuatro años de retraso en la normalización monetaria y la desaceleración de algunas economías emergentes.

White Cascade, que es el nombre del gran móvil de la Reserva Federal, no es, ni mucho menos, la mejor obra del prolífico trabajo de Calder. Eso sí; con más de 30 metros de altura y 10 toneladas, es su mayor escultura, la más grande del mundo. Sus elevadas dimensiones pretenden mostrar al mundo, en términos artísticos, la importancia que tiene la Fed dentro de los bancos centrales globales. Esperemos que Po­well lo tenga en cuenta, porque la evolución de la macro, y por tanto, del móvil, se va a mover más que nunca.

Joan Bonet Majó es director de estrategia de mercados de Banca March.

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