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Perlas con espinas en la Bolsa china

El mercado asiático presenta unas particularidades que el inversor debe conocer si no quiere sufrir pérdidas

Distrito financiero en Shanghái.
Distrito financiero en Shanghái.

"Las perlas no se encuentran en la orilla. Si quieres una, debes sumergirte en el mar a por ella”, dice un proverbio chino. El mercado de valores del gigante asiático está lleno de perlas, pero el inversor debe conocer cómo son las procelosas aguas locales antes de lanzarse a por ellas. La historia del crecimiento de este país ha dado forma a estructuras de gobierno corporativo muy particulares y ha generado riesgos específicos, a menudo poco comprendidos, para los inversores extranjeros. En este sentido, Janus Henderson ha lanzado un estudio, titulado Signals and Smokescreens y publicado en exclusiva por EL PAÍS, en el que analiza las particularidades de las compañías chinas.

Tras la inclusión el pasado mes de junio de las acciones A chinas —aquellas cotizadas en el mercado interno del país— en los índices bursátiles internacionales MSCI Emerging Markets y MSCI Asia Pacific, el análisis de los valores locales es ahora más importante que nunca. Si bien un gran número de compañías han arrojado una rentabilidad muy elevada en la última década, otras grandes firmas han protagonizado fracasos estrepitosos. “La entrada del país en el panorama de la inversión mundial ha revestido una enorme importancia, que crecerá en los últimos años. No obstante, existen marcadas diferencias en la forma en que se gestionan allí las empresas en comparación con el resto del mundo, como la estructura de los consejos de administración, la gobernanza y la relación entre el equipo directivo y los inversores”, señala Mike Kerley, responsable de renta variable asiática de Janus Henderson.

El rasgo diferencial más obvio es la fuerte presencia estatal en la Bolsa china. El mercado de valores es usado por el Gobierno para alcanzar sus objetivos económicos. En primer lugar, el Estado controla qué compañías saltan al parqué, tanto dentro como fuera del país. “El mercado doméstico, mientras que proporciona una importante fuente de riqueza para los inversores chinos, es un instrumento para la implementación de la estrategia nacional, y eso se nota tanto en la forma en la que se dirige como en la que se regula”, advierte el estudio. En segundo lugar, la participación de los inversores extranjeros en la economía doméstica está dirigida por el Ministerio de Comercio, que publica una exhaustiva lista de áreas prohibidas o restringidas para el capital exterior. “Algunas compañías chinas de gran tamaño han evitado estas restricciones a través de fórmulas contractuales denominadas Entidades de Interés Variable, que puede suponer un riesgo añadido para los inversores”, según la gestora.

Dado el entorno de rápido crecimiento de la economía china, algunas compañías han experimentado una expansión de sus cuentas tan vertiginosa que se escapa de los parámetros occidentales. Janus Henderson recuerda que “los inversores se inclinan a veces por aceptar cifras que parecen demasiado buenas para ser ciertas, solo para no perderse la ola de crecimiento de este mercado”. Por eso aconsejan seguir de cerca una serie de ratios para saber qué hay de verdad y qué de ingeniería contable en las historias de éxito de la Bolsa china. Uno de los canarios en esta mina de datos es un incremento de los días de cobro. “Podría sugerir un reconocimiento de ingresos demasiado agresivo o la incapacidad de recolectar dinero de sus clientes, lo que es un problema común en China”.

Ojo con los inventarios

Otro factor a seguir son los inventarios. “Un incremento súbito indicaría que el crecimiento de las ventas se está desacelerando, y una caída sugeriría que los canales de distribución están sobrepasados”. El crecimiento de los activos en balance también debería transmitir dudas. “Algunas compañías usan de forma activa las operaciones de fusión y adquisición durante periodos de tiempo cortos como una vía rápida para elevar el valor en libros”. Janus Henderson también advierte sobre situaciones en las que hay un rápido incremento de la deuda o cuando se produce una divergencia entre la evolución del flujo de caja y el beneficio neto.

El análisis de la gestora también hace gran hincapié en la vigilancia de las prácticas de gobierno corporativo de las compañías chinas, ya que han detectando casos en los que “hay un pobre alineamiento entre los intereses de los accionistas de control y los de los inversores minoritarios”.

Uno de los fallos detectados en la gobernanza corporativa en China es la existencia de modelos de gestión muy familiares y poco profesionalizados. “En algún caso el consejo está dominado solo por miembros de la familia fundadora; también analizamos una empresa en la que el equipo gestor eran dos hermanos y su cuñado. Incluso en una firma de Hong Kong, el presidente nombró a su hijo de 21 años como consejero independiente”, relatan en Janus Henderson.

Otra práctica a analizar de cerca son los directivos florero. Hay empresas en las que algunos administradores desempeñan un papel decorativo y no cuentan con la suficiente experiencia empresarial como para detectar malas prácticas en el caso de que las hubiera. “En caso sonado de fraude, uno de los administradores que fueron multados se defendió alegando que para él el cargo era solo un título honorífico, no sabía nada acerca de la operación fraudulenta y ni tan siquiera tenía nociones para leer un balance”,

Una de las señales de alarma más precisas para detectar malas inversiones en China es cuando hay un carrusel de cambios al frente de la dirección de las compañías. “Un alto grado de dimisiones y ceses suelen indicar tensiones dentro del consejo, disconformidad con determinadas operaciones o con la situación financiera de la compañía”. Janus Henderson también recuerda que es típico de algunas empresas una gestión muy personalista e impulsiva del primer ejecutivo “que va variando sobre la marcha la estrategia y no somete sus decisiones a una revisión sosegada por parte del consejo”.

Operaciones vinculadas

Janus Henderson también ha analizado las operaciones vinculadas entre las compañías chinas y sus accionistas con el fin de detectar posibles riesgos para el inversor extranjero. Tras estudiar 50 compañías, la gestora concluye que en más de la mitad de los casos se identificaron operaciones que perjudicaron a los accionistas minoritarios. Estos expertos sugieren que la rápida transición de la economía local hacia un sistema híbrido conlleva que el marco normativo del país no ha tenido tiempo de desarrollarse y alcanzar los niveles de las normas internacionales. “La cultura corporativa china se basa en la confianza construida a través de profundas relaciones comerciales y personales, en vez de en contratos negociados según las condiciones del mercado”, advierten.