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¿Es bueno contar tu vida en un currículum?

Las aficiones, intereses y otras facetas personales de los candidatos cobran cada vez más protagonismo en los procesos de selección laboral

¿Es bueno contar tu vida en un currículum?

"Di mi nombre". Al protagonista de Breaking Bad, la serie de televisión que narra las peripecias de un profesor de instituto reconvertido en capo del narcotráfico, le gustaba intimidar a cómplices y rivales haciéndoles decir en voz alta su alias (Heisenberg). Porque uno no pone en jaque a todo un cartel de Juárez y a la mismísima DEA pidiendo las cosas por favor. A Heisenberg se le suponían una serie de rasgos imprescindibles en todo criminal que se precie: carácter violento, falta de empatía, frialdad, inteligencia, crueldad, cinismo… No fueron esas “cualidades”, sin embargo, las que hicieron del personaje interpretado por Bryan Cranston el hombre más buscado de Nuevo México. Por el contrario, fueron sus vastos conocimientos de química, forjados a fuego lento por su alter ego, el timorato Walter White, a lo largo de años de frustrantes clases impartidas a adolescentes sin ningún interés por aprender, las que le permitieron romper el mercado de la droga con su mítico “cristal azul”.

Tal vez White habría sido desenmascarado mucho antes por sus enemigos si estos se hubiesen tomado la molestia de analizar esa cara B de su historial, muy significativa y reveladora del potencial de un profesional, pero que a menudo queda sepultada por los elementos más convencionales. “Hay un currículo oficial que plasma las capacitaciones que el profesional ha ido adquiriendo a lo largo de su trayectoria, su formación y su desarrollo. Pero todos tenemos muchas más cosas que aportar que no están recogidas en ese resumen y que también dicen mucho de nuestro potencial como profesionales”, señala Fernando Botella, consejero delegado de Think & Action.

Ese otro currículo lo conforman intereses, aficiones o experiencias del candidato, elementos que dan color a un historial profesional y pueden hacerlo destacar entre decenas de perfiles semejantes en un proceso de selección. “Sirve para dejar ver algo de la esencia, de las ganas, iniciativa, creatividad o valores de esa persona ante el reclutador”, concluye Paco Muro, presidente de Otto Walter International. Porque, refuerza Pilar Jericó, presidenta de Be-Up, “antes que profesionales somos personas. Las empresas contratan conocimientos y aptitudes, pero la clave de acertar con la selección está también en las actitudes, y eso es algo que puede quedar reflejado a través de esa otra parcela de sus vidas”.

La figura del recién licenciado que apenas pone en su historial su formación académica porque piensa que no tiene nada más que aportar es frecuente. Paco Muro recuerda el caso de un joven al que ayudó a confeccionar el suyo. “Me entregó un papel prácticamente en blanco. Pero cuando empecé a preguntarle acerca de su trayectoria, resultó que había visitado muchos países, que había pasado un año de intercambio en Inglaterra, que había colaborado como voluntario en un proyecto social de ayuda a discapacitados, que era pinchadiscos y que le habían contratado alguna vez en fiestas y eventos. Y todos esos aspectos, que él no había considerado relevantes, configuraron un perfil mucho más atractivo, humano, diverso e interesante”.

Ese currículo paralelo también sirve para tender puentes emocionales entre candidato y reclutador. Un factor de gran peso en la decisión final. Fernando Botella: “Ante dos candidatos con experiencia y nivel de formación similares, si uno de ellos toca el violín y resulta que al entrevistador le encanta la música, salta una chispa. Hay una realidad paralela que los conecta y les hace empatizar. En la habilidad del aspirante estará saber sacar a colación esos elementos durante la entrevista, y en la del reclutador no permitir que nublen su entendimiento y le impidan tomar una decisión lo más objetiva posible”.

¿Se pueden consignar esas otras facetas de la personalidad en un currículo convencional? Jericó cree que las limitaciones formales y espaciales de los formatos estándar provocan que “se pierdan los matices y peculiaridades, la riqueza que va más allá del trabajo”. Esta experta aboga por romper esas cortapisas añadiendo una página más, si es preciso, a la faceta personal. “Si tienes algo interesante que contar, ponlo”, zanja. La manera de redactar también proporciona valiosas pistas a un reclutador acerca del tipo de comportamientos que cabe esperar del candidato.

Aficiones útiles

ONGs y asociaciones. Liderazgo, empatía, organización.

Viajes / Idiomas. Diversidad, curiosidad, aprendizaje.

Deportes de equipo. Sentido de pertenencia, colaboración, orientación al logro.

Natación / Running. Disciplina, automotivación.

Ajedrez. Pensamiento estratégico, adaptación al cambio.

Blogs / Lectura. Comunicación escrita, planificación, competencias digitales.

Bricolaje / Cocina. Creatividad, innovación, detallismo.

Música / Teatro. Pensamiento creativo, habilidades sociales.