El BCE defiende la liquidación del Popular: “El dinero estaba huyendo”

Draghi da un pequeño paso hacia la normalización de la política monetaria

Las instituciones europeas cierran filas con la resolución del Banco Popular. El Banco Central Europeo (BCE) aplaudió este jueves la “oportuna” actuación de los supervisores. “No hubo que analizar la solvencia: el dinero estaba huyendo del Popular”, espetó el vicepresidente del Eurobanco, Vitor Constancio. “Fue una fuga de depósitos”, dijo. El BCE, además, delimitó con claridad sus competencias legales a la vista de los posibles litigios que puedan surgir en los próximos tiempos: el supervisor se limitó a declarar la inviabilidad de la entidad, y el resto de decisiones las tomaron el mecanismo de resolución y el Frob español.

El presidente del BCE, Mario Draghi
El presidente del BCE, Mario Draghi EMMANUEL DUNAND (AFP)

Un pánico bancario clásico: ese fue el motivo de la resolución, aunque no hay un solo dato oficial aún para contrastar esa hipótesis más allá de las declaraciones de supervisores, reguladores y ministros involucrados. El Popular era una entidad solvente, según el BCE. Pero fue víctima de una fuga de depósitos a gran escala que obligó a intervenir y a diseñar un rescate de emergencia sin dinero público, con la venta al Santander —que tendrá que acometer una ampliación de capital de 7.000 millones, nada menos, a pesar de la supuesta solvencia del Popular— y el formidable castigo a los accionistas y poseedores de deuda de peor calidad. “Las razones que desencadenaron la decisión están relacionadas con problemas de liquidez”, dijo Constancio en Tallin (Estonia), tras una reunión del BCE. “No hubo que analizar la solvencia, el dinero estaba huyendo”, subrayó con plasticidad.

Y, sin embargo, la teoría clásica dice que mientras una entidad es solvente el banco central tiene que ofrecerle la liquidez que necesite. Los peores bancos italianos obtienen liquidez (con respaldo del Tesoro) en la ventanilla del BCE; hasta los griegos lo hacen. El Gobierno sugiere que el banco no tenía activos para dejar como aval en Fráncfort a cambio de la liquidez. Draghi pasó por alto esa incógnita —y otras que le competen: ¿cómo pudo aprobar los test de estrés el Popular?— y aplaudió la operación. La Comisión Europea fue aún más allá y la calificó de “exitosa”, según el vicepresidente Valdis Dombrovskis.

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El Eurobanco sí dejó claro, por lo que pueda venir, que la única responsabilidad legal del BCE fue declarar que la entidad era inviable. “El resto de decisiones corresponden al mecanismo de resolución”, apuntó Constancio.

Las crisis financieras son básicamente crisis de confianza: cuando desaparece la confianza empiezan las retiradas masivas de fondos. Resolver ese trance no es fácil: hay que decidir qué bancos son insolventes y hay que cerrar, cuáles son solventes pero ilíquidos (y esos pueden ser rescatados), cuáles son demasiado grandes para caer. Lo importante, al final, es quién acarrea con las pérdidas; y esa decisión, a pesar de las reglas y tecnicismos, suele ser política. El BCE dio varias claves: no había problemas de solvencia sino de liquidez; tras constatar ese extremo, declaró al Popular “en quiebra o cerca de quebrar”. Y esa fue la señal que activó el mecanismo de resolución y la venta al Santander, con pérdidas para accionistas y bonistas.

El caso Popular sobrevoló una reunión de transición, pero con miga. Draghi dio un primer paso hacia la normalización de la política monetaria: sugirió que no habrá más rebajas de los tipos de interés porque los riesgos de deflación han desaparecido. El BCE se enfrenta a un dilema: la recuperación se asienta, los riesgos están “equilibrados” por primera vez en años, y los más ortodoxos quieren empezar a señalizar la retirada. Draghi se aferra a la inflación, que sigue sin aparecer, para no pisar el freno. Mantiene el ritmo de las compras de activos y los tipos en la zona 0%. Y quiere evitar a costa el error Trichet: su antecesor subió el precio del dinero a destiempo —dos veces: 2008 y 2011— y frustró la recuperación de la eurozona. Draghi se niega a tropezar en esa misma piedra.

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La eurozona crece más de lo previsto

Eurostat revisó este jueves al alza el crecimiento tanto de la eurozona como de la Unión Europea. Las economías de ambos bloques avanzaron un 0,6% en el primer trimestre, una décima por encima del dato adelantado por la agencia estadística en mayo. En el caso de la zona euro, la cifra supone también una décima más que en el último trimestre de 2016, una tímida aceleración que viene a consolidar la recuperación del PIB de los Diecinueve. La mejora dobla la registrada por EE UU en el mismo periodo: la economía norteamericana creció un 0,3%.

El este del continente encabezó la mejora en la UE, con Rumania (1,7%), Letonia (1,6%), Eslovenia (1,5) y Lituania (1,4) liderando los avances. A la cola aparece Reino Unido, sumido en un complejo proceso de divorcio de la UE, con un avance de apenas el 0,2%. España lideró los progresos entre las grandes economías de la eurozona, con un crecimiento del 0,8%, por encima de Alemania (0,6%), y de Francia e Italia, ambas con un 0,4%.

Sobre la firma

Claudi Pérez

Director adjunto de EL PAÍS. Excorresponsal político y económico, exredactor jefe de política nacional, excorresponsal en Bruselas durante toda la crisis del euro y anteriormente especialista en asuntos económicos internacionales. Premio Salvador de Madariaga. Madrid, y antes Bruselas, y aún antes Barcelona.

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