Editorial
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Crecer con calidad

La clave para vender más es mejorar la competitividad

Que haya gobierno no significa necesariamente que las acciones de este contribuyan a solucionar los problemas que tiene la economía española. Al menos al ritmo necesario que consideran los distintos agentes económicos. En el caso de los empresarios que conforman las casi 300 respuestas al barómetro semestral que se presentan en las páginas siguientes, el Gobierno no está favoreciendo dos pilares básicos para la modernización de la economía española: la educación y la innovación. Nueve de cada diez directivos empresariales considera que el Gobierno ha de afrontar con urgencia el problema de la investigación y desarrollo, frente a un 78% de hace seis meses.

Esa opinión refleja una realidad: la productividad de la economía española sigue siendo de las más bajas; su especialización sectorial sigue afincada en producciones de intensidad tecnológica media o baja; su vulnerabilidad competitiva, en definitiva, sigue siendo elevada. Y es que si ya antes de la crisis, la inversión privada y pública en I+D de nuestro país era de las más bajas de Europa, los recortes llevados a cabo en estos años la han dejado a los pies de los caballos. Con datos de Eurostat, el gasto bruto en I+D de España fue en 2015 equivalente al 1,22% del PIB, el más bajo de Europa occidental, muy distante del objetivo del 2% marcado para 2020 por la Estrategia Española de Ciencia, Tecnología e Innovación, presentada hace cuatro años por el ministro de Economía. No hace falta insistir que el desplazamiento de una prioridad tal equivale a condenar a una economía a ser objeto de competencia por otras menos avanzadas, con costes de producción más bajos. También a no mejorar la calidad del empleo.

El otro componente fortalecedor de la productividad de las empresas, la educación, es objeto igualmente de queja por los empresarios encuestados. Un 68% de los encuestados lo considera una prioridad. Sin un adecuado fortalecimiento de las capacidades y habilidades de los que trabajan o aspiran a trabajar es difícil que las empresas avancen en el posicionamiento de sectores generadores de mayor valor añadido, donde las ventajas competitivas sean más duraderas y defendibles. Es la condición necesaria para que el dinamismo exportador que se ha observado en los últimos años tenga continuidad, para que no esté únicamente amparado en el descenso de los costes laborales, sino en ese otro componente de la evolución de los costes unitarios de producción que es la productividad: hacer mejor las cosas y hacer cosas de mayor valor, en definitiva.

Ese es el verdadero fundamento de la competitividad exportadora. La mejor vía de fomento de las exportaciones, que algunos empresarios encuestados también reclaman al Gobierno. Aunque existan acciones específicas al respecto, la realidad es que poco pueden hacer los gobiernos de forma directa para que las empresas españolas vendan más fuera del país, más allá de eliminar obstáculos innecesarios y abonar el terreno mediante la inversión en educación e investigación. No es necesaria una especial protección a las empresas exportaciones, pero si la disposición de condiciones básicas similares a las de sus competidores. Si además de los resultados de este barómetro, se analizan los de otros que dan cuenta de la facilidad para llevar a cabo actividades empresariales en nuestro país, como el Doing Business que difunde anualmente el Banco Mundial, la conclusión avalaría ese descontento amplio y creciente que los directivos entrevistados revelan en esta ocasión. Lo hacen coexistiendo con registros de crecimiento en España significativamente superiores al promedio del conjunto de las economías avanzadas. Pero verificando que de lo que se trata, en definitiva, es de crecer mejor.

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