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El futuro imperfecto del Consejo de la Competitividad

El 'lobby' de las grandes compañías se reúne el martes con el posible carpetazo definitivo a su existencia en la agenda.

Mariano Rajoy junto a Juan Rosell y César Alierta en la clausura el Encuentro Empresarial sobre el Plan Estratégico de Internacionalización y Mercados Prioritarios 2014-2015
Mariano Rajoy junto a Juan Rosell y César Alierta en la clausura el Encuentro Empresarial sobre el Plan Estratégico de Internacionalización y Mercados Prioritarios 2014-2015

Parece que el Consejo Empresarial para la Competitividad (CEC) se reúne el próximo martes, 20 de diciembre, después de un año de suspensiones y aplazamientos. Y parece, también, que esta vez no se suspende, y no porque sea para celebrar la Navidad, sino porque seguramente la junta del martes será determinante para que tan insigne institución ponga fecha de caducidad a su andadura toda vez que sus integrantes se muestran reacios a mantenerlo vivo. Posiblemente esa fecha se fije para ra el próximo febrero, mes en el que acaba el mandato de César Alierta como presidente.

La serie de retrasos de citas mensuales comenzó, precisamente, el 21 de diciembre del año pasado, el día después de las elecciones generales tras las que el poderoso lobby decidiera suspender su reunión de Navidad para no tener que pronunciarse sobre los resultados ante la posibilidad de que cualquier valoración pudiera ser mal o indebidamente interpretada. Razón no les faltaba a los empresarios que forman el CEC, como se vio después por la incapacidad manifiesta de las fuerzas políticas para ponerse de acuerdo mientras ellos se pronunciaban en contra de la repetición de elecciones y a favor de la estabilidad política.

El caso es que, primero, por ese motivo y, en marzo, tras la dimisión de César Alierta de la presidencia de Telefónica, el CEC se ha apagado paulatinamente y únicamente ha celebrado tres reuniones en lo que va de año. Una de ellas en enero, monográfica, para encargar un estudio sobre tecnología a la Fundación Cotec en un encuentro con su presidenta, Cristina Garmendia, y otra, el pasado junio, para celebrar la asamblea anual, a la que , además, no asistió la tercera parte de sus 18 miembros: los tres banqueros (Ana Botín, presidenta del Banco Santander; Francisco González, BBVA, e Isidro Fainé, CaixaBank), el presidente de Iberdrola, (Ignacio Sánchez Galán) y el de Repsol (Antonio Brufau).

La mayor parte de los 18 integrantes del CEC son reacios a mantener viva la institución. Estiman que, una vez superada la crisis, no tiene mucho sentido su permanencia

Esta circunstancia disparó definitivamente las alarmas. Aunque, las ausencias se justificaron por problemas de calendario, la realidad mostraba que la mayor parte de sus miembros apenas ponían interés en agendar los encuentros.

Alierta ya anunció a sus próximos, tras dejar la presidencia de Telefónica, que no tenía intención de continuar en el CEC. Por ese motivo, él mismo sondeó a varios de los miembros que generaban consenso en el seno del mismo, como Pablo Isla (Inditex), Juan Roig (Mercadona) y Antonio Huertas (Mapfre), aunque sin demasiado éxito. El empresario aragonés asumió la presidencia por dos años con la intención de que fuera rotatoria al estilo del Instituto de la Empresa Familiar (IEF). Sin embargo, el consenso que generaba entre los representantes hizo que renovara el cargo en dos ocasiones.

Aunque la marcha de Alierta alentó las especulaciones, la deriva del CEC comenzó, en realidad, tras la desaparición, casi en cadena, de Emilio Botín (Sanatnder), Isidoro Álvarez (El Corte Inglés), José Manuel Lara (Planeta), y, sobre todo, Leopoldo Rodés (presidente de honor del IEF y alma mater del consejo), que eran verdaderos entusiastas de la idea, como el propio Alierta, y no faltaban a los encuentros mensuales, haciendo de efecto arrastre para el resto y que las ausencias fueran mínimas.

La institución comenzó la deriva tras la muertes de Botín y Rodés y se acrecentó tras la dimisión de Alierta de Telefónica

Sus sustitutos no se han mostrado tan animados como ellos, lo que ha hecho que la tendencia se haya acelerado hasta la actual situación en la que la mayor parte se muestra reacia a que el CEC continúe. A juicio de la mayoría, una vez superada la crisis, ya no tiene mucho sentido su continuidad, al menos bajo los principios fundacionales, basados en apoyar al Gobierno frente a la crisis. Así se plasmó con algunos informes sobre la fortaleza de España para atraer inversores, que se respaldó con una gira por las principales plazas financieras del mundo, y la reunión que tuvieron con el rey Juan Carlos I, que se repetió una vez, en la que este les pidió que arrimaran el hombro.

Los pocos defensores que todavía tiene el órgano que dirige Fernando Casado esgrimen, sin embargo, que precisamente en tiempos mejores puede hacer una labor de apoyo igual de eficaz, ayudando con informes que sirvan para respaldar las reformas y los pactos de Estado que tantas veces se han reclamado desde la institución. Pero, en definitiva, la permanencia del CEC depende en gran medida de que Alierta decida seguir. Y no parece por la labor.

En el CEC, además de los citados, están presentes José Manuel Entrecanales (Acciona), José Creuheras (Planeta), Florentino Pérez (ACS), Rafael del Pino (Ferrovial), Dimas Gimeno (El Corte Inglés), Javier Moll (Prensa Ibérica),Ignacio Osborne  (Grupo Osborne) y Simón Pedro Barceló  (Barceló). Los tres últimos representan al IEF.